Democracia y proceso electoral

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Cultura política racional aún no existe en el país

Carlos Medina Gallego

Colombia desarrolló este 27 de mayo las primeras elecciones presidenciales, después de la firma del acuerdo de paz con las Farc, en medio de un cese unilateral al fuego declarado por ELN que adelanta unas lentas conversaciones con el Gobierno Nacional en Cuba, la intensificación de la violencia en los territorios por la presencia de grupos paramilitares y disidencias de las Farc, síntoma grave de un reciclaje de futuras violencias articuladas con el narcotráfico y el crimen trasnacional y, en una ambiente electoral altamente convulsionado por el desarrollo de una disputada política marcada por la descalificación y los permanentes señalamientos entre los candidatos que no ha dejado de tener serios incidentes.

No obstante lo anterior, después de muchos años, la característica principal de esta campaña electoral a la Presidencia de la República fue que los candidatos a distinto nivel han vuelto a llenar las plazas públicas y a establecer relaciones directas con los electorados, para poner a consideración de ellos, no solo sus programas, sino, sus odios y sus temores. Ha sido una campaña difícil en la que los electores se han ido polarizando en silencio frente a una oferta de miedos que no ha dejado que brillen con la plenitud que debían hacerlo los distintos programas de gobierno.

Lo que uno quisiera en un régimen democrático es poder garantizar la convivencia respetuosa de la diversidad política en un universo pluralista que se enriquece a partir del debate y prácticas políticas centradas en el tratamiento de los más severos problemas de la Nación y en la que se piensa, desde distintas vertientes políticas y técnicas, su solución más efectiva.

Pero, para ello se requiere de una cultura política superior afianzada en una racionalidad que aún no existe en nuestro país, donde lo que predomina son las emociones y los instintos primarios fácilmente manipulables por fenómenos tan lesivos como las corrientes de la posverdad, que distorsiona la realidad y modela la opinión publica en dirección a intereses que casi nunca representan el interés común. Este fenómeno además hace síntesis en las expresiones populistas de derecha e izquierda, que se construyen más allá de los partidos y movimientos políticos, de las ideologías y los referentes programáticos, en figuras carismáticas que logran posesionarse en la mentalidad de los electores como redentores mesiánicos de sus criticas situaciones de existencias o salvadores de sus temores más ocultos.

La oferta de candidatos en la actual contienda electoral se mueve en todo el espectro político de la Nación desde la izquierda tradicional, pasando por la izquierda democrática, hacia posturas de centro, derecha y extrema derecha. Es una oferta amplia, pero en lo esencial, en materia de propuestas políticas es precaria. El 80% de las propuestas de los candidatos se mantienen al interior del modelo de desarrollo económico, haciendo pequeños ajustes a las políticas sociales y fortaleciendo las posibilidades de los intereses y desarrollos económicos de los distintos grupos y sectores de la economía. El otro 20% se funda en la necesidad de hacer reformas democráticas que impacten la vida de los colombianos, desde enfoques que no están más allá de los imaginarios e ideales liberales. Un bloque de propuestas centrado predominantemente en lo económico, con ajustes a la agenda social, confrontada con un bloque de propuestas centradas en los social, que reclama ajustes estructurales al modelo de desarrollo económico. Eso es todo lo que hay.

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