¡Que gane la razón sobre la emoción!

Colprensa

Colombianos no atienden planes de gobierno

Carlos Andrés Pérez M.

En un mundo ideal los ciudadanos estudiaríamos las propuestas de cada candidato y haciendo unos análisis ayudados por expertos a través de medios de comunicación y redes sociales ecuánimes, tomaríamos la mejor decisión para elegir al presidente de la República.

Pero eso no ocurre en la vida real: la teoría del cerebro triuno que habla de la compartimentación de nuestro cerebro en tres áreas (instintiva, emocional y racional), dice que la gran mayoría de las decisiones se toman por variables emocionales y lamentablemente, el neocórtex que es la región encima de nuestros ojos justo detrás de la frente -el área racional- tiene poco peso a la hora de elegir.

En los últimos cinco años se ha estudiado más el funcionamiento del cerebro, que en el resto de la historia de la humanidad y las conclusiones que han arrojado esas investigaciones, extrapoladas a un área de la ciencia política conocida como Comportamiento Electoral nos llevan a entender por qué tomamos las decisiones que tomamos en medio de una campaña.

La buena noticia para los políticos mediocres es que el grueso de la población no va a leer sus programas de gobierno y por eso vemos a la mayoría inventando cifras en los debates o agradeciendo -en sus adentros- que sólo les permitan responder en 30 cortos segundos cuál es su estrategia para desarrollar los mercados de capital en Colombia.

De otro lado quienes sí hacen la tarea de conformar equipos de peso que piensen y escriban sesudos planes de gobierno por temas, tienen la obligación de ser creativos a la hora de entregar el mensaje. La política no es algo que interese a los colombianos (menos de 30%, según diversos estudios opinión), entonces llegar al número de votantes necesario para ganar una elección se convierte en una tarea titánica.

Por eso se hace tan necesaria una reforma estructural a la manera de hacer política en nuestro país, buscando que haya identidad del ciudadano con un partido con el que se sienta representado y facilitarle de esa manera su participación a la hora de votar.

Los sicólogos llaman atajos heurísticos al proceso que resulta de revisar -muchas veces inconscientemente- qué nos gusta o en qué creemos para tomar una decisión, y cuando tenemos claridad sobre lo que nos atrae, difícilmente nos movemos de ahí.

Así las cosas, si en nuestra vida diaria nos moviéramos en medio de partidos con plataformas ideológicas definidas y claras, sabríamos con cuál simpatizar (o militar) y cuando llegue la hora del voto, tendríamos certeza de a cuál colectividad respaldar.

En vez de apoyar personas, que pueden llegar a ser tan populistas como la necesidad de la gente les pida, votaríamos por partidos.

Mientras eso ocurre, este 27 de mayo podrían pasar a segunda vuelta los candidatos que hayan movilizado de mejor manera el corazón de los votantes, no necesariamente los que tengan el programa de gobierno más brillante; algunos lo habrán tratado de hacer a través del miedo, otros a través de la rabia que produce la clase política y otros a través de prometer mundos ideales que no se pueden cumplir.

Tómese unos minutos para estudiar los resúmenes que han publicado medios responsables y a través del cerebro racional decida quién tiene mejores propuestas. Puede que no sea el más carismático, ni el más simpático, pero si le gusta lo que dice y tiene sentido, vote por él.

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