Comercio
Tiendas, las joyas del barrio
Tiendas en datos
viernes, 15 de mayo de 2026
Los micronegocios no son marginales: son una pieza central en la generación de ingresos, el acceso a bienes básicos y la cohesión social de nuestras comunidades
Piedad Urdinola Contreras
En Colombia, hablar de crecimiento económico sin incorporar a los micronegocios es, en el mejor de los casos, una omisión metodológica; en el peor, un error de política pública. Las tiendas de barrio, panaderías y otras unidades productivas de pequeña escala no solo son parte entrañable de nuestros entornos locales más cercanos, sino que también constituyen un componente estructural de la economía popular, que no solo debe ser asociada a informalidad o ventas de calle. Sin embargo, su verdadera dimensión solo puede comprenderse —y aprovecharse— cuando se mide con rigor.
Las cifras recientes de la Encuesta de Micronegocios del DANE (EMICRON) evidencian la magnitud del fenómeno: más de 540.000 micronegocios de tiendas y panaderías, que generan cerca de 763.000 ocupaciones y movilizan más de $34 billones anuales. Estos datos no son anecdóticos; son insumo crítico para entender dinámicas de empleo, consumo y creación de negocios en el país.
Pero, más allá de las cifras, lo relevante es cómo se construyen. Colombia ha avanzado en consolidar un sistema estadístico alineado con estándares internacionales, particularmente los lineamientos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Comisión de Estadísticas de la ONU, la Ocde y otras recomendaciones técnicas. Esto no es un detalle menor: garantiza comparabilidad, consistencia y credibilidad, tres atributos indispensables para la toma de decisiones basada en evidencia.
La medición de micronegocios enfrenta retos conceptuales y operativos relevantes. No existe una definición única de “tienda de barrio”, y su heterogeneidad —en tamaño, estructura, relaciones laborales y modelos de negocio— exige marcos metodológicos flexibles pero robustos. En este contexto, instrumentos como la Encuesta de Micronegocios permiten capturar no solo el número de unidades económicas, sino su funcionamiento interno: tipos de vinculación laboral, niveles de informalidad, acceso a seguridad social y dinámicas de ingresos.
Limitar el análisis a una sola operación estadística sería insuficiente, porque la Emicron se aplica a los propietarios de micronegocios previamente identificados(as) en los módulos de Ocupados y Micronegocios de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH). De manera que no hace parte de nuestros operativos económicos, sino de los sociales. Por eso, el Dane hizo el esfuerzo de incluir en el Censo Económico Nacional Urbano-2024 otras unidades de micronegocios visibles desde la calle. También desde Dane conformamos recientemente el Sistema de Información de la Economía Popular que busca, en el mediano plazo, ampliar la mirada hacia formas productivas tradicionalmente invisibilizadas. Esta complementariedad es esencial para construir diagnósticos más completos del fenómeno.
En un contexto donde la formulación de políticas exige cada vez mayor precisión, medir bien no es un lujo técnico, sino una condición necesaria. Los micronegocios no son marginales: son una pieza central en la generación de ingresos, el acceso a bienes básicos y la cohesión social de nuestras comunidades. Por ende, la mirada integral del fenómeno nos permitirá poner el foco en las medidas que buscan mejorar la calidad de vida de los miles de colombianos y colombianas cuyos ingresos dependen exclusivamente de estos micronegocios.