Hacienda
Una Colombia más vieja
Anticipar el cambio educativo
viernes, 24 de abril de 2026
Conociendo las experiencias de países que nos llevan dos décadas de avance en la transición demográfica, esperamos que la fecundidad no repunte por encima de la tasa de reemplazo en un futuro próximo
Piedad Urdinola
Colombia vive una transformación profunda al bajar la natalidad a una velocidad que el sistema educativo aún no termina de incorporar en su planeación. En los últimos 17 años, el número de nacimientos se redujo en 39,4% y la tasa global de fecundidad pasó de 2,0 a 1,0 hijos por mujer, una caída que da cuenta de una transición demográfica acelerada, que ya se expresa en el envejecimiento de la población y en cambios en la estructura de los hogares colombianos.
Las cifras del Dane muestran que esta transición no ocurre de manera homogénea en el país: mientras en Bogotá o Nariño la fecundidad se ubica en niveles cercanos a 0,8 hijos por mujer, en Vaupés o La Guajira supera 1,8, evidenciando brechas asociadas a condiciones socioeconómicas, acceso a servicios públicos y de salud, características que anticipan que estos cambios no han sido ni serán iguales en todo el país.
También encontramos que las edades más frecuentes son ahora las de mujeres entre 25 y 29 años (51,9%), seguida por las de 20 a 24 años (51,3%), lo que confirma un desplazamiento del calendario reproductivo hacia edades adultas y una reducción sostenida en la fecundidad adolescente al 27,3% entre 15 y 19 años.
Esto es una buena noticia, pues desde 1986 a 2015 la fecundidad adolescente solo crecía, con los perversos efectos que tiene para estas jóvenes y sus hijos en materia de avance en educación, salud e incluso en la calidad de sus trabajos. Esta caída también refleja las mejores condiciones socioeconómicas que llevan a dicha reducción en el país y que esperamos se sostenga.
Bajo este contexto y conociendo las experiencias de países que nos llevan dos décadas de avance en la transición demográfica, esperamos que la fecundidad no repunte por encima de la tasa de reemplazo en un futuro próximo. Los cambios demográficos ya reconfiguran la composición del consumo y la demanda de distintos bienes y servicios. Por ejemplo, en el sistema educativo de primaria y secundaria, los nacimientos de hoy se traducen en la matrícula de mañana, y así, la reducción sostenida en la fecundidad anticipa cohortes más pequeñas.
Según la Ocde, la disminución de estudiantes requiere ajustes en la distribución de docentes, la infraestructura educativa e incluso en la organización de las redes escolares, planteando tensiones entre la necesidad de optimizar el uso de los recursos y la garantía de acceso equitativo a la educación, pero también una oportunidad para mejorar la calidad educativa si estos cambios se gestionan de manera adecuada. Y este será el caso colombiano: mientras unas regiones se encuentran ya envejecidas, como el antiguo Eje Cafetero, otras están completamente rejuvenecidas, como la Amazonía-Orinoquía. Casi que coinciden estas zonas, también, con las que tienen mayor y menor cobertura educativa, desde los niveles más bajos a los más altos.
Más que revertir la tendencia demográfica, el reto para Colombia está en anticipar sus efectos y traducirlos en decisiones de planeación educativa basadas en evidencia, que permitan responder a los cambios en la demanda y avanzar, simultáneamente, en calidad, eficiencia y equidad en el sistema educativo.