Cultura
Vuelta a la Luna
Artemis II, el regreso a la Luna
miércoles, 8 de abril de 2026
Germán Puerta Restrepo
La misión Artemis II de la Agencia espacial estadounidense NASA está de regreso a casa con sus cuatro tripulantes, luego de sobrevolar la cara lejana de la Luna, hazaña que se realizó por última vez el 15 de diciembre de 1972 con la misión Apolo 17 que llevó a los últimos humanos a la superficie de la Luna. En total nueve misiones Apolo orbitaron la Luna con 24 tripulantes, y su cara lejana, oculta a nuestra vista desde la Tierra, ya la conocíamos desde 1959 cuando la agencia espacial de la Unión Soviética tomó las primeras imágenes con la sonda no tripulada Luna 3. Aunque muy borrosas, desde ese momento esta primera visión reveló un hemisferio lunar muy diferente al visible, pues carece casi por completo de las “maría” o “manchas”, planicies extensas de basalto que caracterizan el hemisferio cercano; al contrario, resultó una superficie completamente llena de cráteres de impacto. Además de otras características, la razón de la enorme diferencia geológica de las dos caras de la Luna es un enigma, aunque se han planteado algunas hipótesis.
Artemis II batió un récord de distancia, llevó al entorno lunar a la primera mujer, al primer afroamericano y al primer astronauta no estadounidense. Artemis II también proporcionará nueva información para conocer la Luna, un cuerpo inerte, sin atmosfera ni agua superficial, ni vulcanismo o tectónica de placas, por lo que parece más bien un retrato fósil de nuestro pasado que contiene, tal vez, algunas de las claves de la formación y evolución del sistema solar y de nuestro propio planeta. Sin embargo, los propósitos del programa Artemis van aún más lejos con el alunizaje de una tripulación en 2028 y la instalación, durante los años posteriores, de una base lunar que permita presencia humana permanente en la Luna. Esta base se localizaría en el vecindario del polo sur lunar, lugar en el que se estima la presencia de millones de toneladas de hielo de agua en el fondo de los cráteres a los que jamás ha llegado la radiación solar.
China también tiene sus propios planes de alunizaje y desarrollo de una base lunar en el mismo lugar, por lo que es posible, en el futuro, un panorama que solo lo habría visualizado la ficción: la base lunar de occidente, Estados Unidos, Europa y sus aliados, a poca distancia de la base lunar instalada por China. Así, se configura la nueva “carrera espacial” cuyo premio mayor es el planeta Marte. Eventualmente, el viaje a Marte sería más factible desde la Luna por su menor gravedad, lo que implica mayor eficiencia energética de los lanzamientos al espacio profundo.
La Luna contiene helio 3 en abundancia, un isótopo raro en la Tierra, pero depositado por el viento solar en la superficie lunar sin interferencia de atmósfera alguna, elemento que se constituye en un combustible potencial para la fusión nuclear limpia. También, la cara lejana puede ser el lugar ideal para el montaje de observatorios y radiotelescopios que no se verían afectados por el ruido de radio de nuestro planeta, lo que permitiría la exploración del espacio profundo en distancia y en tiempo mucho mejor que desde la superficie terrestre. Adicionalmente, sin duda, la Luna será el campo de entrenamiento para aprender a vivir en entornos extremos para el desarrollo de las futuras bases marcianas.
El viaje a Marte es retador, no solo en los aspectos técnicos, sino en los psicosociales. Hemos aprendido mucho de la convivencia humana en las estaciones espaciales soviéticas, chinas y en la Espacial Internacional, EEI. La EEI es como un apartamento de seis habitaciones con una gran vista sobre nuestro planeta en la que convives con tripulaciones mixtas y de diferentes países a solo algunas horas de distancia de la Tierra. En la Luna, el viaje de ingreso o retorno tomaría, como máximo, una semana, y tienes un gran campo para la exploración superficial y subterránea.
Pero el viaje a Marte toma meses, hasta siete meses de ida y otro tanto de regreso, y solo puedes hacerlo cada dos años cuando las posiciones orbitales de la Tierra y Marte permiten las ventanas de ida o retorno. Y, lo más complejo, ya no estarás en un amplio apartamento con gran vista; sino compartiendo una nave con espacios reducidos con una tripulación mixta de, tal vez, siete personas - número impar -, navegando por el oscuro vacío del espacio, con la que deberás convivir, a fuerza, durante mucho tiempo. En principio, misiones de rescate ante algún problema mayor son imposibles y las emergencias médicas serias podrían, eventualmente, presentarse. Aunque existen muchos retos tecnológicos, los expertos consideran que los aspectos de convivencia y salud física y mental son definitivos en el largo y tedioso viaje a Marte.
Sin embargo, esta nueva era del espacio es, por mucho, muy diferente a la que nos llevó por primera vez a la Luna. La presencia de más competidores con Estados Unidos, China, la Agencia Espacial Europea, ESA, Rusia, Japón y otras naciones; grupo al que recientemente se sumó India, que ya ha colocado sondas en la Luna y en Marte, y que pretende, en 2027, enviar a la órbita terrestre astronautas con sus propios lanzadores de cohetes, con lo que sería la cuarta nación en lograrlo, además de agencias aeroespaciales privadas que dominarán cada vez más el entorno espacial, es un factor determinante en el dinamismo y alcance de la carrera espacial. Tal vez la primera persona en pisar el suelo marciano no sea un osado militar piloto de pruebas sino un contratista de SpaceX. Inminentes lanzamientos e instalaciones de estaciones espaciales privadas que permitirán el emprendimiento comercial y potenciarán aún más el turismo en el espacio; en seguida la minería de asteroides con enormes depósitos de materiales metálicos; y ahora y siempre, los contratos para apoyar los lanzamientos y los desarrollos de los programas de las agencias nacionales. La alianzas público-privadas son la constante en esta nueva era del espacio que incluye, no menos importante, el avance en los sistemas de defensa planetaria contra los posibles peligrosos visitantes del espacio exterior.
A pesar de la presencia cada vez mayor del sector privado en la carrera espacial, influyen también en su devenir aspectos geopolíticos y de orgullos nacionales y personales inevitables, pero, si algo hemos aprendido de las actividades de las ciencias del espacio es que alcanzan y sobrepasan las fronteras de casi todas las áreas principales de las ciencias naturales, logrando fuertes impactos en aplicaciones específicas en muchos campos. El mundo moderno, como lo conocemos, no existiría sin las aplicaciones para nuestra vida diaria derivadas del esfuerzo humano por conquistar el espacio. Los satélites, los paneles solares, nuevas terapias medicinales, materiales livianos, sistemas de purificación de agua, innovadoras tecnologías de la información, computadores, el GPS, Internet, los teléfonos celulares, las redes de información, entre otros, son aportes directos de la carrera espacial. Además, el espacio es un entorno único e inspirador que exige adaptación e innovación rápidas y nuevas formas de pensar con mínima tolerancia al error, estimulando la creatividad y la invención tecnológica. Los programas aeroespaciales inducen la cooperación entre naciones y entre comunidades científicas y culturales. Además, las ciencias del espacio atraen a miles de jóvenes hacia la cultura científica, permiten entender mejor nuestro mundo y nos brindan nuevas perspectivas acerca del lugar de la humanidad en el universo. Y esto es tal vez lo mas importante.