Bancarización, oportunidad para los jóvenes

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Solo 23% de la población tiene productos financieros.

Jeisson Pinilla alzate

*Docente Depto. Economía U. Central.

A algunas personas la palabra banco puede intimidarlos y, aún más, a aquellas que no han utilizado nunca sus servicios. Este sentimiento puede darse por los costos transaccionales que genera, el desconocimiento de la tecnología empleada o la falta de educación financiera que poseen los hogares que les impide conocer a fondo cómo funciona el sistema financiero.

Según datos revelados por la Banca de Oportunidades, 27 millones de adultos (79,9 %) contaron con, por lo menos, un producto financiero en el año 2017; esta cifra ha crecido 13,8 % desde 2014, en el que se contaba con 25,7 millones. Aun así, los datos de bancarización en el país no son esperanzadores. En 2017, en el índice de política e institucionalidad del Foro Económico Mundial, de una lista de 26 países, ocupamos la posición 23 y la 25 en el acceso a cuentas de ahorro, corriente y cuentas de ahorro para vivienda. Una de las razones de esta clasificación es que solo 23 % de la población con bajos ingresos tiene acceso a estos productos. También, se ocupó la posición 19 en costos de acceso por motivo de impuestos como el 4×1000.

La importancia de mejorar estos indicadores y el interés de un país en la bancarización radica en que diversas investigaciones han demostrado que mejora el crecimiento económico, disminuye la pobreza y la desigualdad, promueve la formalidad, mejora las condiciones de ahorro y su conversión en inversión, y facilita el acceso al crédito de los hogares con menores ingresos, y de las pequeñas y medianas empresas.

Los jóvenes entre los 18 y 30 años se convierten en uno de los nichos más importantes para incentivar el uso de los servicios financieros. Se estima que en total hay 6.502.077, y se sabe que 87,8% utiliza, por lo menos, un producto financiero, según datos de la Banca de Oportunidades. Los motivos que los convierten en usuarios potenciales son que siempre han tenido la tecnología en sus manos, cuentan con mayores niveles de educación y se adaptan a los cambios fácilmente.

Además, la importancia de que esta población adquiera este tipo de productos desde muy temprana edad es que les ayudará a formar su vida crediticia, es decir, van a construir un historial financiero que con el tiempo les permitirá acceder a créditos con buenas tasas y sin tantas complicaciones. También, aprenderán desde muy jóvenes a utilizar los diversos tipos de créditos que existen que, dependiendo de su figura -tarjetas de crédito, consumo, libranza, libre inversión, hipotecario, etc.-, tienen diferentes tasas de interés y su conocimiento los ayudará a tomar mejores decisiones en los planes que tengan a futuro.

Por otro lado, con responsabilidad y sin que sea un dolor de cabeza, aprenderán a manejar y conocer sus costos, que, aunque han disminuido en los últimos años, podrán disminuirlos aún más. En especial entenderán los diferenciales de interés que pueden existir entre distintos productos financieros o entre entidades bancarias. Así podrán aprovechar mejor de compras de cartera, exenciones en la cuota de manejo, redención de puntos, devoluciones de IVA, pago de servicios y compra de bienes a través de internet, etc. Entre más pronto inicien el aprendizaje, mejor. Igualmente, con el tiempo podrán interesarse en adquirir otros productos de inversión como un CDT o una acción, ya que estarán familiarizados con términos de rentabilidad e intereses, o participarán en productos más completos como los fondos colectivos y los fondos de pensión voluntaria.

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