El primer examen económico será el crédito
viernes, 9 de octubre de 2026
el reto del gobierno estará en la transformación integral del acceso al crédito a través del fortalecimiento de las capacidades tecnológicas y de la originación de crédito sin perder rigurosidad
Santiago Etchegoyen
Con la llegada de Abelardo de la Espriella al poder junto a su coequipero José Manuel Restrepo, el país se enfrenta a un nuevo debate sobre el futuro del crédito. Las propuestas del presidente electo son ambiciosas en materia económica y apuntan a reactivar el aparato productivo a través de una expansión agresiva del financiamiento en sectores de vivienda, empresarial y rural.
Sin embargo, el desafío no solo consistirá en abaratar el crédito, sino en estructurar un sistema más incluyente. Esta meta será un reto considerando que las tasas de interés de política monetaria en Colombia se ubican en 12%, tras el incremento de 75 puntos básicos decidido en la última Junta Directiva del Banco de la República.
Colegas de la industria fintech sostienen que el Gobierno requiere una transformación integral del ecosistema crediticio y por ende, resulta indispensable apostar por la tecnología como eje estructural de este sistema.
Un dato clave ilustra la dinámica actual del crédito: en el primer semestre del año, en promedio 3,3% de las nuevas aperturas corresponde a personas sin experiencia crediticia previa, según el Índice de “Creditización”.
Además, cerca de 118.000 colombianos acceden por primera vez al crédito cada mes, impulsados principalmente por soluciones digitales como el “compra ahora y paga después” y los créditos de consumo de bajo monto.
Si bien este avance es significativo y demuestra el poder de las nuevas tecnologías, también evidencia el hecho de que aún existe una gran brecha en la verdadera inclusión financiera. Pues actualmente, solo 35% de la población adulta en Colombia tiene acceso a crédito formal, según una encuesta de Anif y Colombia Fintech.
Desde la perspectiva de las industrias bancaria y fintech, el desafío se divide en dos frentes principales. Por un lado, escalar la capacidad de originación de crédito sin sacrificar estándares rigurosos de evaluación y gestión de riesgo. Por el otro, consolidar alianzas con empresas que desarrollen tecnologías robustas para prevenir el fraude, proteger los datos y garantizar la sostenibilidad del sistema incluso en escenarios de estrés económico.
Ahora bien, la responsabilidad del salto tecnológico no recae exclusivamente en las startups y las entidades financieras. Si el Gobierno busca que la tecnología financiera sea el motor de la reactivación, debe comprender que la innovación no puede operar sobre una infraestructura pública analógica.
Para que el ecosistema fintech escale el crédito de forma segura y masiva, el Estado debe asumir compromisos concretos: garantizar la interoperabilidad en tiempo real de bases de datos públicas (registros tributarios, de propiedad y de identidad), acelerar la ejecución reglamentaria del Openfinance sin sesgos y modernizar el esquema de garantías digitales.
La verdadera inclusión crediticia no se logra únicamente diseñando aplicaciones atractivas para el usuario; se consolida cuando la infraestructura pública digital del Estado facilita el acceso interoperable y en tiempo real a las fuentes primarias de información. Sin este ecosistema de datos abiertos e integración tecnológica, los motores de decisión y las entidades financieras continuarán enfrentando fricciones burocráticas al evaluar el riesgo de los ciudadanos.
El crédito es, ante todo, un catalizador de movilidad social y crecimiento productivo. La nueva administración enfrenta una oportunidad estratégica: sentar las bases para dinamizar el mercado y mejorar los niveles de inclusión financiera. Si logra avanzar en esta dirección, Colombia no solo ampliará el acceso al financiamiento y dará un salto hacia un sistema financiero más moderno, eficiente e incluyente, sino que también fortalecerá su crecimiento económico.