Bancos, mucho más que intermediarios financieros

María Mercedes Cuéllar

Los desarrollos tecnológicos de los últimos años han cambiado la forma de trabajar de las empresas así como el comportamiento social y económico de los países, a la vez que están condicionando, de manera significativa e inmediata, la vida de las personas.

En pocos años, las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y, en particular el internet se tornaron imprescindibles para cualquier empresa independientemente de su tamaño, y cambió la visión tradicional de trabajo y el desarrollo de las estrategias de mercadeo.

En este contexto en el que se está transformando la forma de realizar negocios, no resulta concebible que el sistema financiero se sustraiga de esa realidad. La banca está aprovechando las nuevas tecnologías para mejorar la atención de sus usuarios en esencia en cuatro frentes: en el desarrollo de nuevos productos y servicios; en su promoción; en la comunicación e información a los clientes y en la seguridad de los servicios y transacciones que presta.

Las nuevas tecnologías han facilitado el acceso a la información y la comunicación con los clientes.

Los bancos han realizado grandes inversiones, que les permite poner a disposición de los usuarios información clara y oportuna, relacionada con las características, costos y funcionamiento de los productos y servicios financieros que ofrecen.

A diferencia de otros sectores, en el financiero, los ciudadanos pueden conocer su información contable y financiera, identificar el costo de las tarifas máximas de los principales servicios de cada entidad y el valor de cada transacción antes de ejecutarla.

La utilización de las TIC y el manejo innovador de ellas por parte de los bancos se ha traducido en una variada y creciente oferta de servicios por parte de las entidades financieras.

Si bien es cierto que la tecnología requerida para estos desarrollos conlleva costos marginales reducidos, también es cierto que los costos fijos para hacer posibles esas operaciones son grandes, por lo que se requiere que su uso sea masivo para así poderlos poner a disposición del público a costos mínimos.

De hecho, esto ya viene ocurriendo en Colombia. En los últimos seis años el costo de las tarjetas de crédito para el comercio cayó 42%, al pasar de 3,3% en 2006 a 1,9% en 2012. Adicionalmente, de acuerdo con lo señalado por el Superintendente Financiero, las comisiones que cobran los bancos por los servicios que prestan, cayeron 6% en el último año, al tiempo que la inflación creció 3,4%, lo que implica una reducción de 9,6% en términos reales.

Tal vez uno de los pecados de la banca ha sido no haber sabido explicar con suficiente amplitud y alcance las ventajas de los servicios que presta, lo cual ayudaría a entender por qué tienen costos.

Cuestionar las tarifas de los bancos sin considerar la globalidad del negocio no resulta acertado.

De tiempo atrás, las tasas de interés que cobran las entidades financieras están reguladas, y muchos opinan que lo mismo debería suceder con las comisiones que cobran por sus servicios pasivos.

De hecho, algunas de esas tarifas ya están también reguladas. La pregunta es si esa regulación es la forma más adecuada para incentivar la competencia y la oferta y el desarrollo de nuevos productos y servicios financieros. La respuesta es un no rotundo.

Todos estos desarrollos e innovaciones permiten que hoy en día la actividad de los bancos trascienda la mera intermediación financiera de captar recursos para colocarlos.

Los bancos son hoy, mucho más que antes, plataformas de pago, de recaudo y de transacciones, que aceitan la actividad económica y que facilitan la vida de personas, empresas y del Estado.

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