¿Cómo una persona puede rentabilizar el dinero que destina para un carro de alta gama?
miércoles, 22 de julio de 2026
El dinero que algunos destinan al mes en el crédito y mantenimiento de un vehículo gama alta también puede convertirse en una inversión
Comprar un vehículo de alta gama puede representar un logro personal, ofrecer mayor comodidad o convertirse en un símbolo de estatus. Sin embargo, detrás de esa decisión existe un aspecto que pocas veces entra en la ecuación. Más allá del valor de compra, este tipo de automóviles exige un flujo constante de recursos para cubrir el crédito, el seguro, el Soat, los impuestos, el combustible y el mantenimiento. La pregunta es qué pasaría si parte de esa capacidad financiera se utiliza para construir patrimonio.
Según Andemos, los vehículos de alta gama corresponden principalmente a marcas premium como BMW, Mercedes-Benz, Audi, Lexus, Volvo, Cupra o Land Rover, entre otras. Dependiendo del modelo y del equipamiento, sus precios pueden partir desde cerca de $130 millones y superar fácilmente los $200 millones. Pero, el valor de compra es apenas una parte del compromiso financiero. A partir de ese momento comienzan los gastos permanentes asociados al uso diario.
Tomando como referencia un vehículo de alta gama cercano a $230 millones, financiado entre cinco y siete años con una tasa promedio de 20,14% efectivo anual, el propietario terminaría destinando entre $7,5 millones y $9 millones mensuales entre la cuota del crédito, el seguro, el Soat, el impuesto vehicular, el combustible y el mantenimiento. Esto significa desembolsar entre $90 millones y $108 millones al año y entre $360 millones y $432 millones durante los primeros cuatro años, sin incluir la depreciación del automóvil, que comienza desde el momento en que sale del concesionario y reduce progresivamente su valor comercial.
Es precisamente allí donde aparece el concepto de costo de oportunidad. Más allá de discutir si comprar un vehículo de alta gama es una buena o una mala decisión financiera, la pregunta es qué podría ocurrir si una parte de ese mismo flujo mensual también se destinara a construir patrimonio. No se trata de dejar de comprar el vehículo, sino de aprovechar la capacidad financiera que exige esa decisión para generar rentabilidad de forma paralela.
Pero, ¿cómo hacerlo? Catalina Tobón, gerente de Estrategia de Inversiones de Skandia, explicó que el primer paso consiste en no concentrar toda la capacidad de ahorro en un solo activo. Dijo que la estrategia debe adaptarse al perfil de riesgo, los objetivos financieros y las necesidades de liquidez de cada inversionista.
“Aprovechar las tasas actuales es una muy buena opción. Si es un perfil muy conservador, tendría un plazo de vencimiento más corto, o uno más largo si es más agresivo”, explicó.
La directiva agregó que la clave está en construir un portafolio diversificado. “Independientemente del perfil de riesgo, la volatilidad en los mercados financieros es permanente y, para cubrirse frente a ella, hay que diversificar, invertir con una visión de mediano y largo plazo e incorporar activos que tengan correlaciones distintas para compensar el comportamiento del portafolio”.
En otras palabras, una persona que hoy tiene capacidad para destinar alrededor de $9 millones mensuales al pago y mantenimiento de un vehículo también podría reservar una parte de ese flujo para invertir. El objetivo no es reemplazar el carro por una inversión, sino hacer que parte de ese dinero también produzca rendimientos mientras continúa disfrutando del vehículo.
No existe una única fórmula para lograrlo. La estrategia dependerá del perfil de riesgo, del horizonte de inversión y de las necesidades de liquidez de cada persona. Algunos inversionistas privilegiarán la estabilidad, mientras otros estarán dispuestos a asumir una mayor volatilidad a cambio de buscar una rentabilidad superior. Lo importante es que no esté en un solo activo.
Suponga, por ejemplo, que de esos recursos mensuales decide separar una parte para invertir de forma constante. Dependiendo del instrumento elegido y del plazo, ese capital comenzará a generar rendimientos que se irán acumulando con el paso del tiempo.
Las alternativas son diversas. Para quienes privilegian la estabilidad, los CDT continúan siendo una de las principales opciones del mercado. Una inversión de $10 millones en un CDT con la tasa más alta disponible (13,5%) actualmente generaría alrededor de $1,35 millones en intereses al cabo de un año. Su principal ventaja es que el inversionista conoce desde el inicio cuál será el rendimiento que obtendrá al final.
Arnoldo Casas, analista financiero, aseguró que estos instrumentos siguen ofreciendo retornos competitivos. “Dada la coyuntura económica actual, hoy es viable encontrar retornos superiores a 12% efectivo anual en plazos medianos”, afirmó.
Para quienes buscan una mayor rentabilidad y cuentan con un horizonte de inversión más amplio, aparecen los fondos de inversión colectiva. Estos vehículos reúnen recursos de múltiples inversionistas para destinarlos a diferentes activos financieros, lo que permite diversificar el riesgo. A diferencia de un CDT, sus rendimientos no están garantizados, pues dependen del comportamiento del mercado.
Para inversionistas con mayor tolerancia al riesgo aparece la inversión directa en acciones. Un reciente informe de Bancolombia identificó a Mineros, Grupo Éxito, Preferencial Grupo Sura, Banco de Bogotá y Preferencial Davivienda entre las acciones con mejores perspectivas. Precisamente, Mineros registró una valorización cercana a 122% durante los últimos 12 meses. En la práctica, esto significa que una inversión de $10 millones realizada hace un año hoy superaría los $22 millones. Sin embargo, los analistas recuerdan que se trata de un comportamiento histórico y que esos resultados no garantizan que se repita en el futuro.
La reflexión final es que si una persona puede destinar entre $8 millones y $12 millones mensuales al crédito y mantenimiento de un automóvil, también tiene la posibilidad de convertir parte de ese flujo de recursos en una herramienta para construir patrimonio y generar mayor estabilidad e independencia financiera.