Comprar o no comprar un dilema sicológico

Juan Camilo Domínguez

Iniciaré esta columna con una pregunta básica: ¿considera usted que las acciones son una buena o una mala inversión?

Estoy seguro de que muchos de los lectores, basados en lo que están observando hoy y sus resultados más recientes, afirmarán que las acciones son una mala inversión. Sin embargo, esto implica ignorar que históricamente la renta variable ha tenido retornos que superan entre 4,5%-5,5% los de los títulos de renta fija.

Lo anterior significa que una gran parte de los inversionistas son miopes, es decir, utilizan sólo la información más reciente para elaborar sus juicios y tomar sus decisiones.

Supongamos que esta miopía se puede solucionar con unos lentes que nos ayuden a leer la historia. Podemos ver entonces que los múltiplos – es decir, las variables que indican cuánto estoy pagando por un peso de utilidades, patrimonio o flujo de caja – de las compañías colombianas, indican que estamos en un periodo de baja valoración, en línea con lo sucedido post-Lehman Brothers. Sin embargo, vemos que muy pocos inversionistas entrarían en este momento, y que por el contrario, sí estarían dispuestos a comprar acciones en periodos como el observado en nov-10 (cuando los múltiplos se situaban en niveles históricamente altos).

Entonces hay muchos inversionistas que se mueven por la ola de la emoción del mercado, conocida en el mundo bursátil como el ciclo del miedo y la ambición.

Cuando la bolsa lleva valorizándose un prolongado periodo de tiempo, algunos inversionistas continúan comprando guiados por la ambición, en el momento de mayor riesgo, teniendo en cuenta los altos múltiplos de las compañías. En el caso contrario, los inversionistas, movidos primero por confianza excesiva y luego por pánico, tienden a liquidar sus posiciones en los momentos más bajos del mercado, cuando deberían comprar aprovechando la gran perspectiva a futuro.

En este contexto, volvemos a la pregunta del título de la columna, ¿comprar o no comprar? Varios puntos sustentan que este es un momento de compra en Colombia. En primer lugar, aunque hemos observado una desaceleración de la economía colombiana, el crecimiento continúa por encima del potencial; en segundo lugar, algunos sectores aún presentan un alto dinamismo y oportunidades de crecimiento en el largo plazo favorecidos por una baja penetración de sus productos/servicios vs otros países; finalmente, como ya lo mencionamos, los múltiplos de las compañías colombianas están en niveles bajos, en algunos casos cerca a la segunda desviación estándar de la media hacia abajo.

No obstante, es importante analizar qué implica invertir en una acción. Cuando alguien compra una acción, está comprando una compañía. Aunque hay algunas excepciones, el dinamismo de un negocio toma tiempo. Por esta razón, un accionista debe reconocer que su inversión es a largo plazo entendido como mínimo un año, aunque preferiblemente dos años. En otras palabras, ganar dinero en el muy corto plazo tomando posiciones en acciones es una apuesta muy riesgosa, mientras que los grandes inversionistas exitosos son estructurales: el ejemplo más famoso es Warren Buffett.

Según Buffett, el inversionista estructural o inteligente debe analizar los fundamentales y el potencial de crecimiento en el largo plazo del negocio, y usar la información del mercado para determinar el momento de entrada/salida basándose en múltiplos. En este contexto, Buffett probablemente vería una oportunidad de oro hoy en Colombia.