¿Conviene chequear la transmisión de la política monetaria?

María Mercedes Cuéllar

Con unas perspectivas inciertas para la actividad económica global, la desaceleración de la economía colombiana luce preocupante. La tasa de crecimiento del PIB disminuyó en el último trimestre del año pasado y el primero de este, debido sobre todo a un menor aporte de la inversión y, en el último caso, también de las exportaciones.

La formación bruta de capital fijo perdió velocidad como resultado de una inversión menos dinámica en maquinaria y en equipo de transporte, junto con la contracción de las obras civiles.

Esta ocurrió en gran parte por la ineficiencia en la ejecución de las obras públicas del Gobierno Nacional y la menor realización de éstas en los municipios y los departamentos, por el cambio de las administraciones locales y regionales y la parálisis en la asignación de las regalías. Las exportaciones se frenaron por la disminución en el volumen de las de café y productos no tradicionales, junto con la variación nula de las ventas de carbón y ferroníquel.

La mayor parte de los indicadores de demanda señala un menor gasto de los agentes domésticos en el inmediato futuro. La confianza -sobre todo de los industriales− ha disminuido y las condiciones sociopolíticas para la inversión han desmejorado. Sus condiciones económicas, en contraste, permanecen favorables y estables.

El freno de la expansión industrial en el segundo trimestre se debe principalmente a la contracción de la producción de químicos, plásticos, azúcar, maquinaria, hilados y tejidos, papel, refinación de petróleo, maquinaria y autopartes. De acuerdo con la opinión de los industriales, uno de los factores que frena en mayor grado la actividad del sector es la falta de demanda, que es la principal preocupación del 21,5% de ellos, después de la tasa de cambio (28%) y el abastecimiento de materias primas (21,8%).

Hasta el momento la desaceleración de la actividad económica doméstica no es dramática. Parece más bien el retorno a los niveles de crecimiento natural de la economía.

En esto jugó un papel la política monetaria llevada a cabo desde febrero de 2011 hasta febrero de 2012, que tuvo como fin prevenir los peligros de recalentamiento y de desequilibrios que amenazaban la estabilidad financiera, como las burbujas en los precios de los activos y un desbordamiento del crédito. En este sentido, los datos disponibles muestran un retorno del crecimiento del PIB hacia la tasa potencial y de la utilización de la capacidad instalada de la industria hacia su promedio histórico.

Sin embargo, si se materializan los riesgos a la baja en la actividad económica global, la economía colombiana sufriría un choque externo que podría pronunciar la desaceleración doméstica. En ese caso, caería la demanda externa; los términos de intercambio desmejorarían; y los flujos de capital y de crédito externo podrían también mermar. En consecuencia, el crecimiento de la economía sería mucho menos dinámico de lo previsto.

Asobancaria prevé que el sesgo a la baja en la actividad económica global tiene una mayor probabilidad de ocurrir en 2013. Con base en ello, estima que en 2012 no habrá un desenlace dramático de la crisis europea, ni una desaceleración pronunciada de las economías de Estados Unidos ni de China.

Por tanto, la economía colombiana este año crecerá 4,6%, cerca de su tasa potencial. En un escenario internacional optimista, el año entrante el crecimiento doméstico se mantendría estable a un ritmo similar (4,4%).

Si hay una crisis internacional moderada, la expansión del PIB colombiano se desaceleraría ligeramente (3,9%). En cambio, si ocurre una crisis internacional severa, la desaceleración doméstica sería más pronunciada (2,7%).

Para minimizar el impacto del choque externo sobre la actividad económica doméstica y la generación de empleo, el Banco de la República cuenta con unas condiciones propicias para acometer un estímulo monetario, gracias a que retiró oportunamente el que había implementado durante la recesión de 2008-2009.

Asobancaria estima que una tasa de interés mínima de expansión de 4,5% al finalizar el año mantendría la producción próxima a la potencial, sin desestabilizar los precios.

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