¿Demasiada calma?

Axel Christensen

En las películas de terror, el momento de preocuparse es cuando hay demasiado silencio. Algo similar ocurre con los mercados financieros.

El equivalente de esta excesiva calma es el bajo nivel al cual ha llegado el índice de volatilidad VIX, que refleja las expectativas de los inversionistas acerca de la volatilidad futuro. Recientemente el VIX ha bajado al mismo nivel que registraba en julio de 2011, justo antes de la fuerte corrección que sufrieron los mercados a mediados del año pasado, gatillado por la baja de clasificación de Estados Unidos.

Aunque las condiciones de mercado han mejorado, aún existen focos de riesgo, especialmente en Europa. La prudencia apunta a un buen momento para reducir moderadamente las exposiciones de riesgo, en el caso de que estamos ante la calma que precede la tormenta.

El índice VIX registra la volatilidad implícita de los contratos de opciones sobre el índice bursátil S&P 500. El VIX representa el movimiento esperado del S&P 500 en los próximos 30 días, cifra que luego se expresa de manera anualizada.

Por ejemplo, un nivel de 30 en el VIX apunta a que el mercado espera para los próximos 30 días una variación esperada para el S&P 500 de 8,66% (que equivale a 30% en base anual). Si bien esa variación puede ser hacia arriba o hacia abajo, la práctica de mercado ha tendido a conectar al VIX como el 'indicador del miedo', pues aumentos en su valor reflejan expectativas de fuertes fluctuaciones futuras en el mercado.

La lectura reciente del VIX en torno a 20 lo sitúa cerca de su nivel promedio de largo plazo y bastante por debajo del registro de casi 50 (equivalente a una variación del mercado sobre 14% en 30 días) observado en agosto del año pasado. Si bien el que el VIX esté en torno al promedio de largo plazo podría interpretarse de que no estamos ante una situación de excesiva calma que suele anteceder a la escena de asesinato en una película de terror, es importante reconocer que el entorno actual existen bastantes fuentes de riesgo, que pueden llevar a fluctuaciones significativas en el mercado. Y no precisamente sorpresas positivas. En ese sentido un VIX bajo o en 20 se puede interpretar como complacencia de los inversionistas respecto a que no habrá futuros eventos que impacten significativamente al mercado.

Sin duda, las condiciones económicas y financieras a nivel global han mejorado en los últimos seis meses. A los cada vez mayores señales de 'brotes verdes' de la recuperación de la economía de EE.UU. se suman las buenas perspectivas en las economías emergentes, incluyendo China que pareciese haber evitado un escenario de aterrizaje forzoso en su crecimiento. Incluso algunas cifras económicas en Europa han resultado ser menos negativas de lo que se esperaba, aunque aún está por sentirse el impacto pleno de las medidas de austeridad que se han aplicado en varios países de la Periferia europea.

Sin embargo, muchos problemas están lejos de estar resueltos. Históricamente, la actividad económica, las condiciones de crédito y el momento de mercado han sido tres factores claves que explican cambios en el VIX.

Los tres han mejorado en los últimos meses. Los principales indicadores han subido, el momento de mercado al inicio del 2012 es positivo y las condiciones de crédito (medido como el diferencial o spread de tasas entre bonos de gobiernos y emisores corporativos) han mejorado.

Sin embargo, a menos de que se observe una mayor aceleración en la economía y aún menores spreads, es probable que la volatilidad (y el VIX) aumenten en un futuro no demasiado lejano.

En un futuro de algo mayor volatilidad, es sensato que un inversionista quiera anticiparse reduciendo sus exposiciones en aquellos instrumentos o regiones más sensibles a cambios de volatilidad a aquellos más defensivos.

Por ejemplo, una buena opción puede ser reducir la inversión en bonos de mayor riesgo y aumentar en aquellos de mejor calidad crediticia. Otra idea es disminuir la exposición en empresas de menor tamaño y preferir las más grandes.