Desaceleración ¿vientos europeos o criollos?

Alejandro Reyes

En las últimas semanas se ha comenzado a ventilar en los medios y en algunos escenarios académicos el tema del “coletazo de la crisis en Europa” y se ha vinculado estrechamente con el actual momento que vive la economía colombiana.

Al respecto, su más reciente alusión se hizo en el seno de la junta directiva del Banco de la República, cuando el ministro asoció la desaceleración que experimenta la economía colombiana a la crisis en Europa seguido de la intervención del Presidente desde Bucaramanga con igual comentario. Sin embargo, vale la pena revisar con detalle el tema para entender la naturaleza de lo que viene ocurriendo. Para trazar el posible contagio de la crisis en Europa sobre la economía local uno puede identificar cuatro caminos: comercial (exportaciones); financiero; precios internacionales de materias primas y confianza (de consumidores e industriales).

En cuanto al primero, las exportaciones a Europa, en lo corrido del año se han incrementado 22% (14% para el total) y si bien se han desacelerado, no lo han hecho más que las de otros destinos y se debe a un efecto del precio base con el que se compara.

En segundo lugar, el sistema financiero sigue reportando incremento en utilidades y el crédito todavía se incrementa a tasas de dos dígitos.
En cuanto a los precios del petróleo, si bien han caído en los últimos meses, su nivel actual no es muy diferente del precio a igual periodo del año pasado y todavía parece elevado.
Finalmente, la confianza se ha deteriorado pero parece más culpa de los desatinos de la política local, como la reforma a la justicia, que por cuenta de la crisis en Europa.

Así las cosas, surge la duda sobre el responsable de la más reciente desaceleración de la economía colombiana.
Según el dato del PIB, la desaceleración se concentra en dos sectores: Explotación de Minas y Canteras y Construcción. En el primer caso se identifica un descenso importante en la tasa de incremento de producción en los últimos meses debido, según reportan las empresas, de algunos cuellos de botella (oleoductos), demoras en licencias ambientales y problemas de seguridad, todos factores locales.

Para el segundo se identifica específicamente con la contracción en obras civiles, rubro que está asociado principalmente con la inversión pública. Otros indicadores líderes también muestran algún descenso, pero difícilmente puede uno trazar vínculos con Europa más allá del tema de confianza de consumidores e industriales que como se mencionaba parece más vinculada al deterioro de las condiciones políticas y de seguridad internas.

Ahora bien, si no se puede trazar con claridad el vínculo entre la crisis de Europa y la desaceleración local, ¿por qué apresurarse a sacar la conclusión que es este el culpable de los males que nos aquejan actualmente?
Quizás la respuesta se acerque más al rezago en ejecución del gobierno antes que el coletazo de la crisis; que no se malinterprete, puede que la crisis en Europa nos golpeé, pero parece no nos ha llegado aún.

La economía colombiana no puede caer en la trampa de Europa y Estados Unidos, donde las autoridades fiscales por sus conflictos políticos y en parte por sus recursos escasos no generan políticas de gasto ni inversión y le dejan a la autoridad monetaria la carga de mantener a flote la economía.

En nuestra situación, con un saldo de la tesorería en el Banco de la República de $24,5 billones y unas apremiantes necesidades de infraestructura e inversión no se puede pasar la pelota solamente al Banco y creer que con tasas de interés se puede y debe hacer la tarea.

Esta también es una responsabilidad del Gobierno que se ha tomado 2 años conjugando el plan de sus locomotoras para que estas sigan parqueadas en el taller sin arrancar porque no tenemos maquinista.