El ahorro, una vacuna efectiva

Diana Güiza

El pan de cada día en materia económica son las noticias provenientes de Europa, y no es para menos. Aunque no lo queramos, también somos lejanos personajes del cuento europeo que no parece acabar y que en Corredores Asociados esperamos termine bien.

Pero si hay algo claro es que aún quedan muchos capítulos de esta historia, la cual ha sido infundada por gastos excesivos e irresponsables como es el caso de Grecia, tras años de prosperidad en la cual el ahorro pasó desapercibido.

Y no sólo es la actual crisis sino también las anteriores, las que nos han provisto de mayor experiencia para entender que una de las principales vacunas para soportar con más fortaleza las contrariedades económicas es el ahorro, pues es sinónimo de mayor inversión y de mayores recursos para poder otorgar financiamiento al sector productivo y evitar tener que buscar dinero en el exterior o acudir a nuevos mecanismos de financiamiento cuando en muchas oportunidades se cierra el acceso a los préstamos.

En Colombia ya empezamos a sentir la desaceleración económica (explicada no solo por los factores externos, sino por la política monetaria contractiva que el Banco de la República comenzó en 2011). Sin embargo, por ahora no hay que entrar en pánico (tampoco en negación) y saber que la principal vacuna a un mayor contagio está a nuestro alcance. Será necesario que en todas las esferas de la sociedad (Gobierno, familias e individuos) haya conciencia por el ahorro, se metan la mano al bolsillo y compren una alcancía para provisionar ante futuras adversidades.

Sin embargo, esta maniobra resulta ser más complicada para los colombianos de lo que pensamos. Si nos devolvemos dos siglos atrás, las irrisorias cifras de las instituciones financieras de la época (cajas de ahorro) mostraban que los ciudadanos eran partidarios de un gran consumo y de una precaria y casi nula cultura de ahorro.

Más allá de esto, los ahorros estaban liderados particularmente por las mujeres solteras, viudas y casadas, pese a que los hombres contaban con una mayor capacidad adquisitiva.

En 2012 la situación no ha cambiado demasiado, los colombianos solemos ser escasamente previsivos, consumimos desmesuradamente y prueba de ello es el elevado crecimiento de la cartera de consumo del que tanto se habla en cada reunión del Banco de la República. Es cierto, tenemos otras formas de ahorrar en particular en bienes durables y en vivienda; pero lo preocupante es que aún estas cifras vienen cayendo.

Por ejemplo, las cuentas de ahorro programado (destinadas a Vivienda de Interés Social) a marzo de este año decrecieron en número en 4,03%, después de registrar un crecimiento de 4,08% en 2011, y lo más inquietante es una reducción considerable de los ahorros frente al comportamiento registrado el año pasado que de acuerdo a las últimas cifras se han reducido cerca de 11,0% (en millones de pesos).

Estas cifras indicarían que la población no tiene suficiente para ahorrar dado un mayor nivel de endeudamiento, lo que podría causar que la turbulencia económica nos coja literalmente con los pantalones abajo. Si bien, hemos mejorado en términos de la tasa de ahorro en la última década (según el Marco Fiscal de Mediano Plazo de 2011 estaría cerca de 21%), aún nos encontramos por debajo de las tasas de ahorro de países como Perú y Chile (que rondan el 25%).

Por ahora, somos optimistas al menos porque no somos los protagonistas de la turbulencia internacional, sin embargo, ante la desaceleración de las cifras en materia de ahorro, el llamado es a contar con la marranita de barro debajo de la cama, tener cuidado con los pequeños gastos y tener más conciencia a la hora de comprar.

Lo último que necesitamos son deudas desbordadas y nulos niveles de ahorro.