El factoring: motor de la economía

Eduardo Rincón Herrera

Sin necesidad de entrar en reminiscencias adjetivas sobre el nacimiento del Factoring, y si este fue hace 4.000 años, en el seno de Babilonia y Caldea, o si se formalizó con la figura del factor, en el Siglo XVII, en los puertos de Inglaterra, cuando aquel intermediario, convertido en comisionista, facilitaba las transacciones de algodón entre despachadores del medio oriente y compradores británicos, el Factoring clásico o Factoring puro, prende sus luces en la práctica, en la segunda parte del siglo pasado, y, de manera especial, en las tres últimas décadas.

Es Europa el ámbito geográfico que más metodologías y practicas ha implementado alrededor del modelo, y en donde se afianzó con más fuerza, transformando las tradicionales estructuras económicas y financieras, caracterizadas por la ortodoxia del viejo continente, y abriendo al mundo industrial una novedosa herramienta, alternativa al esquema de financiamiento tradicional, consistente en poner a producir las cuentas por cobrar o cartera, mediante la compra al descuento de los derechos económicos ciertos, representativos de toda clase de instrumentos de crédito, sin tener que apelar al endeudamiento. 

Todo con base en la cesión al descuento de los mismos, utilizando ingeniosas formas de fondeo de las transacciones.  De allí ha pasado a ser el gran dinamizador de las exitosas economías asiáticas, lideradas por China, Japón e India.  Y de manera espectacular, aunque nosotros no lo notemos, pero si se sensibilizará cuando a finales de este año comience operacionalmente el TLC con USA, y se tendrán en Colombia negocios de Factoring internacional, de doble vía, en los procesos de importación y exportación.  

En América Latina, se ha expandido este importante sistema, con fecundos resultados, en México, Brasil, Chile, Perú y Panamá, países que paulatinamente han actualizado las legislaciones económicas, insertando las doctrinas bien cimentadas en el entorno global, y en su conjunto tienen mucho para aprenderles.  

Al decir que los diferentes tipos negociales de Factoring parten del descuento de toda clase de instrumentos de contenido económico, se transmite directamente el mensaje que, contra algunos conceptos restringidos, comprende únicamente la compra de facturas.  En Factoring se pueden descontar contratos, letras, cheques, pagarés, libranzas, aceptaciones bancarias, cartas de crédito, actas de obra, ordenes oficiales de compras, certificados de depósito de mercancías, bonos de prenda expedidos por los almacenes generales de depósito, cartas de embarque, conciliaciones y sentencias judiciales contra el

Estado, constituyendo esta última modalidad, la adquisición de deuda pública, originada en actuaciones del contencioso administrativo, y debidamente ejecutoriadas, las cuales prestan mérito ejecutivo.

En Colombia, al ser expedida la Ley 1231 de 2008, que modificó algunos artículos del Código de Comercio, y definió que habrá en el país una actividad comercial privada encargada de la compra  al descuento de la cartera, se priorizó el objetivo de este apalancamiento, en las micro y pequeñas empresas, entendiendo claramente, que no tienen acceso fácil a los créditos de las entidades financieras, de la banca de oportunidades y de microcrédito, como también es insuficiente el respaldo de Bancóldex y del Fondo Nacional de Garantías.  

Teniendo como telón de fondo estas consideraciones, a las que llegó luego de riguroso diagnostico en 2007 el Departamento Nacional de Planeación, el autor del proyecto legislativo, y el ponente en la Comisión Tercera de la Cámara de Representantes, recomendaron la aprobación de esta loable iniciativa, haciendo énfasis igualmente, en que el 98% de la unidades productoras de bienes y servicios son Mipymes y pymes, que representan el 65% del PIB y generan más del 70% del empleo nacional, razones suficientes para entender que si se quiere elevar el crecimiento de la economía, es preciso resolver la provisión de capital de trabajo de estas empresas, a través del sistema de Factoring.