El reto de los bancos colombianos

Katherine Ortiz Sogamoso

Los últimos años se han caracterizado por un importante desarrollo del sector bancario colombiano, favorecido por la estabilidad macroeconómica, unas instituciones de vigilancia más eficientes y un mejor marco regulatorio.

El sector de los bancos no solamente logró una destacable recuperación después de la crisis financiera del año 1999, sino que al mismo tiempo se constituyó como un motor para el desarrollo y la competitividad nacional.

Un reflejo de esto es la solidez del sistema para enfrentar los riesgos de la crisis Europea. Los avances alcanzados en el sector lo hacen cada vez más atractivo para la inversión extranjera y genera mayores exigencias a los bancos colombianos, que para lograr mantener e incrementar su participación de mercado, deben ser cada vez más competitivos.

La buena dinámica y ritmo del sector bancario colombiano está soportada por las extraordinarias utilidades de 2011, con un crecimiento anual de 21%, alcanzando una cifra histórica de $5,8 billones, en línea con lo que esperábamos en Corredores Asociados. Los activos por su parte, crecieron 22% y al mismo tiempo se mantuvieron holgadas provisiones (14,2%) y una excelente calidad de cartera (2,5%).

Este alto rendimiento ha captado la atención de importantes inversionistas y analistas financieros internacionales que ven en el mercado local un negocio prolífero y adecuado para multiplicar sus inversiones.

Tal es el atractivo de Colombia y del sector financiero que hemos visto la llegada de importantes jugadores internacionales, como CorpBanca, Scotiabank, el grupo chileno Falabella, sin mencionar otras importantes instituciones que han hecho publicó su interés de hacer parte del mercado colombiano.

Ante estas incursiones, el reto de los bancos colombianos es, mejorar en competitividad con el fin de mantener una alta participación de mercado, y potencializar la baja penetración bancaria ampliando el acceso al crédito, preservando la solvencia y la rentabilidad, y manteniendo una adecuada mitigación del riesgo, sin incurrir en un desbordamiento que comprometa la estabilidad financiera.

Lo anterior implica inmensos esfuerzos para mejorar los niveles de eficiencia y reducir costos administrativos.

Es decir, mantener buenos niveles de rentabilidad se constituye en un reto imperioso para garantizar un adecuado flujo de recursos que les permita mantener e incrementar el ritmo de expansión del crédito a nivel local y al mismo tiempo continuar con el proceso de internacionalización.

Enfrentar estos retos en 2012 con entereza será el desafío de los bancos colombianos, teniendo en cuenta una política monetaria más exigente y una dinámica regulatoria más amplia.