¿España es otra Grecia? Alemania tiene la palabra

Axel Christensen

En las últimas semanas, hemos visto como el miedo se apodera de los mercados financieros, esta vez preocupados por la situación en España.

Si bien ya van dos años en que  Europa se mantiene sumida en una crisis financiera de proporciones, hasta mediados del año pasado los problemas parecían mantenerse contenidos en países periféricos: Grecia, Portugal, Irlanda.

Sin embargo, ante la incapacidad de resolver los problemas de fondo -exceso de gasto, falta de competitividad- la crisis fue escalando hacia economías de mayor tamaño como España o Italia.

Se habló del fin de la Eurozona y de la moneda común misma.

Ya el año pasado, las tasas de interés de los bonos soberanos españoles e italianos evidenciaban el nivel de nerviosismo del mercado.

Sin embargo, en un decidido esfuerzo por contener el contagio, el Banco Central Europeo (BCE) decidió enfrentar el problema con una provisión de liquidez jamás vista en la historia de la región.

Con ello se logró ganar el tiempo necesario para avanzar en medidas que de verdad permiten tratar el problema de fondo: políticas de austeridad por el lado fiscal y de capitalización de la banca.

Ello permitió que las tasas volvieran a niveles menos críticos e incluso se generó un espacio para que Grecia llevara a cabo un proceso ordenado de restructuración de su deuda. Parafraseando a Mark Twain, los rumores de la muerte del euro parecían exagerados.

Sin embargo, todo cambia drásticamente en las últimas semanas, catalizado por cambios políticos que reflejan el rechazo hacia las medidas de austeridad que buscan desmantelar el modelo de Estado de bienestar europeo.

Los resultados electorales tanto en Grecia como en Francia parecen demostrar que los electores no estaban dispuestos a asumir costos de problemas aparentemente creados por otros (para algunos, por las empresas, en especial los bancos; para otros, por los inmigrantes).

El liderazgo regional que parecía personificarse en la dupla franco germana Merkel-Sarkozy (Merkozy)  ha pasado a una nueva relación más tensionada con Hollande (Merde?) que busca meter una cuña de estímulo al crecimiento a la receta de austeridad.

Incluso España, que parecía haber optado en las recientes elecciones por un camino de sacrificio, se ha contagiado de la postura anti-austeridad de otros países.

El fantasma de la eventual salida de un país del euro empezó a rondar de nuevo.

Precisamente, la crisis política griega ha vuelto a imponer la discusión acerca del quiebre de la unidad monetaria.

Aún sin poder formar gobierno, las autoridades económicas del ECB y el FMI ya no pueden descartar que la salida del euro no sea una salida.

Incluso, un connotado economista como Paul Krugman se aventura a ponerle fecha a la salida: el próximo mes. El mismo columnista anticipa una corrida de depositantes españoles e italianos.

Pero España no es Grecia… ¿o sí? A diferencia de la economía helénica, la situación de deuda fiscal española era bastante razonable, incluso por debajo del promedio europeo.

Lo grave es que el sector financiero sí presenta problemas serios de salud, derivados de la ruptura de la burbuja inmobiliaria del 2008 y agravado por el deterioro crediticio de los bonos soberanos españoles.

El recientemente electo gobierno ha tenido que romper en el inicio su promesa de no ir al rescate de bancos en problemas con el anuncio de la intervención de Bankia. Al establecer este "vaso comunicante" entre finanzas públicas y balances de los bancos, la reacción del mercado no se ha hecho esperar.

Las tasas de la deuda española vuelven a superar el 6%, haciéndolo aún más difícil.

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