Los nuevos desafíos de la banca

Clara Escobar Ramos

La banca colombiana se ha venido posicionando en los últimos años, como una de las de mayor solidez y proyección en la región. Muestra de ello, es la llegada de importantes grupos financieros para invertir en Colombia y, a su vez, las recientes adquisiciones que se han llevado a cabo por varios establecimientos de crédito en Centro América. Un panorama muy distinto a lo que acontece en la industria financiera global.

Este proceso de inserción al mercado internacional genera sus propios desafíos, debido a los vasos comunicantes que se derivan de ello. Es indudable que el campo de acción del Supervisor deberá ampliarse para avanzar hacia una supervisión consolidada, soportada en un esquema de cooperación e integración con otras entidades de control. Y es por ello que se deben reconocer sin vacilación los esfuerzos que la Superintendencia Financiera ha venido realizando a través de acuerdos de entendimiento con supervisores de otros países y en la creación del primer colegio de supervisores, iniciativas que posicionan a la entidad de control de nuestro país como una de las más proactivas en la región.

Así, el aporte de Colombia a los países centroamericanos en temas como la gestión y administración de riesgos es muy importante, especialmente, en los relacionados con los riesgos operacionales y particularmente sobre los sistemas de prevención del lavado de activos y de financiación del terrorismo, los cuales representan una gran amenaza para la estabilidad de cualquier sistema financiero, así como para la integridad de sus mercados. En esa medida, será muy valiosa la experiencia acumulada por las entidades financieras colombianas, en una región que actualmente es azotada por las pandillas ('maras'), el narcotráfico y la violencia.

La estructura del sistema financiero global se ha bifurcado y mientras los países desarrollados se enmarcan en agendas de regulación y salvamento de los bancos y sus economías, los emergentes buscan mitigar el recalentamiento que se estaría evidenciando producto de los importantes crecimientos obtenidos en los últimos años.

No debemos olvidar que las crisis por las que atravesó nuestro país trajeron consigo un proceso de aprendizaje continuo, evidenciaron falencias, identificaron riesgos, ajustaron políticas, que en conjunto conllevaron a una estricta regulación y a una protección de clientes y usuarios del sector financiero mucho más exigente que en otras latitudes. De estas experiencias salimos fortalecidos y hoy por hoy encontramos que varias de las medidas adoptadas por nuestro país para superar estos desequilibrios, sirven de base actualmente para las disposiciones que se están implementando por parte de países desarrollados y de la región.

Las épocas de crecimiento económico como las que estamos viviendo abren grandes oportunidades y conducen a nuevos desafíos: seguir creciendo en negocios y servicios; en generar nuevos productos mediante un modelo continuo de innovación; avanzar en los procesos de inclusión financiera y bancarización que juegan un papel importante en el rol que tiene la banca de continuar canalizando recursos hacia sectores de la población más necesitada.

Es claro que nos enfrentamos a otra clase de retos, como por ejemplo, la competencia creciente por el ingreso de nuevos jugadores, regulados y no regulados; la necesidad de implementar continuos procesos conducentes a minimizar los riesgos inherentes al negocio, enfocándolos a las necesidades de los clientes; al fortalecimiento patrimonial y de los indicadores de industria, para responder de forma oportuna y adecuada ante posibles crisis provenientes de otras latitudes; a avanzar en los procesos de educación financiera; a simplificar trámites por parte del regulador y las entidades; a continuar monitoreando los costos asociados al negocio por medio de una mayor difusión de la información, por señalar tan sólo algunos de ellos.