Propuestas de la banca para la reforma tributaria

Daniel Castellanos

Aprovechando el buen momento de la economía y la excelente evolución de los ingresos públicos, el Gobierno se apresta a presentar una nueva reforma tributaria, que será especial por diversas razones.

La primera es que no busca incrementar el recaudo. Este gobierno llevó a cabo una 'minireforma' en 2010, que lo mejoró de manera sustancial en 2011. Una segunda es que esta circunstancia se presta para que la nueva reforma tributaria sea, esta vez sí, 'estructural'.

La tan cacareada reforma estructural ha sido una larga aspiración colombiana, que no se ha podido llevar a cabo porque no ha sido posible conciliar los distintos intereses privados. En consecuencia, perdura una estructura tributaria que todos los analistas califican como ineficiente e inequitativa.

El Gobierno ha llegado con vacilaciones a aceptar que la reforma es necesaria. Es natural. Toda reforma tributaria tiene costos políticos. Y todas las administraciones quieren evitar incurrir en ellos si no es absolutamente necesario.

Si bien concordamos con que una reforma tributaria estructural es necesaria, la dificultad radica en definir con precisión qué es una reforma estructural.

Esto impone retos políticos considerables al paso de la reforma, que en el pasado han probado ser insuperables.

Después de la última reforma de 2010, ese régimen está generando unos ingresos suficientes para garantizar la sostenibilidad fiscal. Por este motivo, la reforma no pretende aumentar las tasas de los impuestos, sino corregir algunas fallas de la estructura actual.

Los esfuerzos deben concentrarse en simplificar el Estatuto, para reducir los costos administrativos de la tributación en Colombia, cerrar los canales de evasión y elusión y aumentar la productividad y eficiencia de impuestos.

Se ha señalado que la reforma contendrá una disminución de la carga tributaria de las empresas, la eliminación de beneficios y exenciones en el impuesto de renta -que ya habrían cumplido sus propósitos- y una menor dispersión en las tarifas del IVA, junto con un incremento de la base tributaria.

Menores exenciones y beneficios mejorarían también la equidad y la progresividad. Los mayores recaudos que pueden lograrse con estas medidas quizá permitirían remover en alguna medida gravámenes antitécnicos y distorsionantes. La eliminación de estos impuestos permitiría aumentar la tasa de crecimiento potencial de la economía, disminuir la tasa de desempleo natural y la informalidad, al tiempo que contribuiría a aumentar la inclusión financiera.

La actual estructura tributaria entorpece la actividad y desestimula la innovación financiera. De este modo, dificulta la profundización y la inclusión financieras.

Para remediar algunas de los obstáculos más protuberantes de la estructura actual para el desarrollo financiero, la banca colombiana tiene cinco propuestas que considera importante incluir en la reforma tributaria integral que adelanta el Gobierno Nacional.

En primer lugar, es deseable que establezca un marco fiscal claro y no discriminatorio para la inversión extranjera de portafolio.

En segundo lugar, es necesario efectuar modificaciones al GMF para que no afecte el costo de las operaciones cambiarias en el mercado.

En tercer lugar, es aconsejable reglamentar el tratamiento fiscal para las operaciones con derivados.

En cuarto lugar, se debe buscar la simplificación del pago del impuesto del ICA.

En quinto y último lugar, se propone apoyar la inclusión financiera promoviendo la aceptación de las tarjetas de crédito y débito y del dinero electrónico como medios de pago.