Una alianza que promueve el desarrollo

Jorge Gärtner

El proceso de internacionalización de Colombia, marcado por los TLC vigentes y aquellos cuyas negociaciones están en curso, así como la desaceleración económica mundial, plantean importantes retos en términos de competitividad, que los lleva a desarrollar iniciativas para fortalecerse y sobresalir local e internacionalmente.

En este contexto, las empresas y el Gobierno necesitan contar con opciones de financiación y acompañamiento técnico y estratégico, que les permita ejecutar sus planes y alcanzar los objetivos trazados. Hasta hace unos años era prácticamente imposible que los grandes proyectos públicos y muchos emprendimientos pudieran ser financiados sin los recursos de la banca multilateral.

Adicionalmente, la banca comercial era financiadora de operaciones de corto plazo, con patrimonios limitados y muy precario conocimiento de banca de inversión. Los mercados locales de capitales eran también pocos o inexistentes y los fondos de inversión y de pensiones reducían su quehacer a la compra de papeles estatales.

Los tiempos han cambiado. Las alternativas de respaldo a proyectos públicos y privados son cada vez mayores y -frente a las diferentes opciones- las actuales alianzas entre la banca local y la multilateral son una vía interesante. De un lado, la banca multilateral va más allá de ser un financiador, dado que también juega un papel importante en la divulgación de mejores prácticas de gobierno corporativo y de responsabilidad social. Ha impulsado valiosas iniciativas de competitividad y acompañado proyectos en diversos sectores, para la adopción de prácticas que los lleven a constituirse en actores de clase mundial.

En ese sentido, CAF ha apoyado al Estado con instrumentos de cooperación técnica para su modernización y adecuación a las nuevas realidades de los mercados, mejorando su institucionalidad y promoviendo ingentes y urgentes cambios para mejorar su eficiencia. Lo propio ha hecho con la empresa privada. En términos de su papel como financiador para un desarrollo sostenible, la banca multilateral creó instrumentos para las necesidades del país.

Por su parte, la banca comercial ha fortalecido su base patrimonial y ha ampliado sus plazos de financiamiento. Los proyectos públicos y privados también han encontrado oportunidades en un mercado de valores más amplio y sofisticado, con títulos accionarios o emisiones de deuda. Algunas empresas incluso sobresalen en los mercados internacionales con ADR y bonos a largo plazo. Es por estas iniciativas que la banca de inversión ha adquirido un rol predominante, lo que ha permitido que se destaquen instituciones locales.

Las complementariedades entre ambos tipos de institución presentan sólidas ventajas, como en el caso de la cofinanciación de proyectos. En consideración a que en general la banca local no concentra el riesgo ni alarga los plazos más allá de su verdadera capacidad de asegurar los plazos y enfrentar los inevitables ciclos de crecimiento-estancamiento-recesión que son propios del devenir económico. CAF, por ejemplo, ha desarrollado instrumentos, en especial garantías en favor de los bancos, que permiten que la liquidez de dichas instituciones sea provechosamente dirigida, sin exponerse a los riesgos de concentración y descalce que en épocas de crisis resulta un dolor de cabeza que puede mitigarse desde el comienzo de las operaciones.

Con la visión de lograr este y otro tipo de sinergias, CAF continúa en la búsqueda permanente de alianzas con otras agencias multilaterales y bancos de desarrollo de muchos países industrializados para atraer recursos para el mejor financiamiento de los proyectos del país, con el fin de que el papel de la banca local y del mercado de capitales, encuentren un adecuado acompañamiento a la hora de invertir los recursos de los ahorristas en los inaplazables proyectos que acercarán a Colombia a un estadio superior de desarrollo.