¿Vale la pena endeudarse para organizar una boda? Los precios alcanzan $80 millones
miércoles, 10 de junio de 2026
Financiar una boda puede implicar el pago de millones de pesos en intereses, mientras que invertir esos mismos recursos podría acelerar metas como compra vivienda
La boda suele ser uno de los momentos más importantes en la vida de una pareja. Sin embargo, también puede convertirse en una de las decisiones financieras más costosas. En un contexto en el que los jóvenes enfrentan mayores dificultades para comprar vivienda, construir patrimonio o ahorrar para el retiro, surge una pregunta que cada vez cobra más relevancia: ¿vale la pena endeudarse para financiar una celebración de un solo día?
Esa es precisamente la reflexión que plantea Skandia, en la que compara el costo de un matrimonio tradicional con el potencial de invertir esos mismos recursos durante varios años.
Según los cálculos presentados por la compañía, una boda en Colombia podría alcanzar los $80 millones. El presupuesto contempla gastos como lugar y logística por $26 millones, comida y bebidas por $22 millones, vestuario por $12 millones, fotos y video por $8 millones, entretenimiento por $6 millones y decoración por otros $6 millones.
Aunque el monto puede variar dependiendo del número de invitados, la ciudad y el nivel de la celebración, el ejercicio refleja una realidad cada vez más común: los matrimonios representan una inversión significativa para las parejas y sus familias.
Ante la imposibilidad de asumir estos costos de contado, muchas personas optan por recurrir a créditos de libre inversión o mecanismos de financiación. De acuerdo con la simulación de Skandia, financiar $80 millones a un plazo de tres años implicaría una cuota mensual cercana a $3,04 millones.
Al final de los 36 meses, la pareja habría desembolsado cerca de $109,5 millones. Esto significa que, además de cubrir el valor original de la celebración, terminaría pagando aproximadamente $29,5 millones en intereses.
Sin embargo, el análisis va más allá del costo del crédito. La entidad plantea un escenario alternativo, destinar esos mismos $3,04 millones mensuales a una inversión durante el mismo período. Bajo una rentabilidad estimada de 10% efectivo anual, los aportes acumulados durante tres años alcanzarían un valor cercano a $127,3 millones. En otras palabras, los mismos recursos que se utilizarían para pagar una deuda podrían generar una ganancia aproximada de $17,8 millones sobre el capital aportado.
La diferencia entre ambos escenarios es la esencia del costo de oportunidad. Cada peso destinado a una finalidad implica renunciar a otra alternativa. En este caso, la elección se encuentra entre financiar una experiencia de corto plazo o construir un activo que pueda generar valor en el futuro.
Para Andrés Rodrigo Santana, director del programa de Administración de Empresas e Inteligencia de Negocios de la Universidad Católica de Colombia, financiar una boda con deuda difícilmente puede justificarse desde el punto de vista financiero. El experto explicó que la persona termina comprometiendo sus ingresos futuros para pagar una celebración que dura apenas unas horas. A su juicio, una posible excepción sería cuando los regalos recibidos representan bienes que generen valor o utilidad en el largo plazo, como electrodomésticos o elementos para el hogar. “De alguna forma, esos obsequios podrían entenderse como un retorno sobre la inversión realizada en la celebración. Si eso no ocurre, la persona estaría pagando intereses por un consumo improductivo”, señaló.
Los $127 millones proyectados al final de los tres años podrían representar una parte significativa de la cuota inicial de un apartamento en varias ciudades del país. También podrían convertirse en el capital semilla para emprender un negocio, financiar estudios de posgrado o constituir un portafolio de inversión con miras a objetivos futuros. La clave, aseguran, está en encontrar un equilibrio entre los deseos del presente y las metas financieras de largo plazo.
La pregunta que plantea el ejercicio no es únicamente cuánto cuesta una boda, sino qué otras oportunidades podrían construirse con esos mismos recursos. Porque mientras la celebración puede durar un día, las consecuencias -o los beneficios- de las decisiones financieras pueden acompañar a una pareja durante muchos años.