Algo le molesta a Nicolas Sarkozy

Luis Fernando Vargas Alzate

Europa continúa avanzando a medio camino. La recomposición luego del impacto dado por la duradera crisis financiera y económica se sigue dilatando en el tiempo. Con algo de rareza se denota que cuando algunas cosas marchan bien, otras parecen descomponerse.

Lo que está pasando con las recientes declaraciones del presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien se ha pronunciado en favor de limitar la circulación que garantiza el visado Shengen y la aplicación de un cierto modelo proteccionista que beneficie la recuperación continental, es prueba de ello.

Luego de varios años de administración en los que muchas críticas afloraron hasta debilitar la presencia del mandatario en el Elíseo, ha llegado el momento para que el electorado francés se pronuncie sobre la permanencia o no de Sarkozy en el poder del segundo país más importante de la Unión Europea, después de Alemania. Su campaña electoral comenzó a mediados de febrero, cuando la desaprobación bordeaba el 68%. Es una gesta supremamente difícil para el presidente candidato, pues desde que empezó su gobierno ha tenido una serie de desaciertos que directamente han perjudicado su imagen.

Recuérdese, por ejemplo, las excesivas críticas a los festejos realizados el día en que la presidencia francesa fue lograda. Contrario a lo esperado por sus votantes, la humildad de la campaña se convirtió en una suntuosa y exclusiva (excluyente) celebración.

Lo llamativo ahora, para europeos y extranjeros, tiene que ver con el discurso que empieza a pronunciar Sarkozy en busca de una votación que lo mantenga en la presidencia, pues éste resulta contradictorio con la posibilidad de vivir en una Europa comunitaria, anclada a intereses conjuntos y que pueda enfrentar los retos futuros en la misma dirección. Los sectores de 'izquierda' critican tal posición y señalan que la carrera política del líder parisino está llegando a su fin, pues él mismo indicó que de no vencer en las elecciones de abril-mayo, dejaría todo a un lado.

Ahora bien, la 'derecha' política entiende en las palabras de Sarkozy una necesidad de pronunciarse ante diferentes problemáticas que Europa teme enfrentar. Al reproducir algunas frases de sus discursos, defienden que el actual Presidente francés esté hablando de ejercer presión para que el espacio Shengen funcione como se ha estipulado, la industria europea reciba la protección necesaria para mantenerse por la línea de los sectores internacionalmente productivos y para que se castigue con rigor a quien viole la ley, tanto francesa como europea. No hay mucho de discurso electoral en peticiones de este tipo. Además, no es asunto de derechas o izquierdas procurar el uso y aplicación de la norma.

Quizá tenga más carga demagógica, por ejemplo, el hecho de notar que -como lo indicó la Cadena Ser- su deseo es 'hablar en nombre del pueblo, no en nombre de las élites ni del sistema'.

No obstante, fue levemente positivo para su aspiración el manejo que dio a las dificultades generadas a causa del desconocimiento del valor de un tiquete para usar el metro por parte de su portavoz de campaña, Nathalie Kosciusko-Morizet; asunto que intentó usar la oposición en contra suya.

Lo que sí debe tenerse muy en cuenta en el proceso que viene adelantando Nicolas Sarkozy para quedarse en la silla presidencial francesa, es que las expectativas de lograrlo son cada vez más bajas. La más reciente encuesta hecha a los franceses arrojó un deseo directo de no quererle más en el poder y por el contrario, anhelar el retorno directo del socialismo a través del candidato François Hollande, quien lidera por importante margen los últimos sondeos.

A todas estas, sea Sarkozy, Hollande o Marine Le Pen (la candidata de ultraderecha) quien se quede con el cargo, deberá lidiar con un proceso de constantes llamados germanos en procura de un trabajo conjunto que impida la aparición de nuevas fisuras al interior de la Unión Europea. La periferia sigue padeciendo una multiplicidad de problemas que obnubilan el importante crecimiento francés del 1,7% para 2011. Es una recuperación asombrosa que resulta notablemente perjudicada por el comunitarismo europeo. ¿Será esa la molestia de Sarkozy?

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