Colombia queda en el grupo de riesgo medio bajo en la escala de S&P en América Latina
miércoles, 8 de abril de 2026
Más allá del caso colombiano, el dato estructural más relevante es que la mayor parte de América Latina se encuentra en grado especulativo o muy cerca de él
En los mercados internacionales, la calificación de riesgo soberano funciona como una especie de “termómetro” de confianza sobre los países. No solo mide la capacidad de pago de la deuda, sino también la estabilidad fiscal, la fortaleza institucional y la credibilidad de la política económica. En ese contexto, América Latina vuelve a aparecer como una región heterogénea, donde conviven economías relativamente estables con otras en crisis prolongada, y donde la mayoría de países sigue atrapada en niveles de calificación medios o especulativos.
La reciente decisión de S&P Global Ratings de rebajar la calificación de Colombia a BB-, con perspectiva estable, reabre el debate regional. No se trata solo de un ajuste puntual, sino de una señal que permite leer cómo está posicionada hoy América Latina en el mapa global del riesgo.
El panorama crediticio de América Latina muestra una región fragmentada en tres grandes bloques. En la parte superior del espectro se encuentran los países con grado de inversión, donde el riesgo es percibido como relativamente bajo. Allí aparecen economías como Chile (A / A / A-), Uruguay (Baa1 / BBB+ / BBB), Perú (Baa1 / BBB- / BBB) y México (Baa2 / BBB / BBB-), que mantienen acceso más estable a los mercados internacionales, aunque no están exentas de desafíos fiscales y políticos.
Un segundo grupo, más numeroso, se ubica en la zona intermedia o especulativa cercana al grado de inversión. En este segmento aparecen países como Panamá (Baa3 / BBB- / BBB-), Colombia (Baa3 / BB- / BB), Brasil (Ba1 / BB / BB-), Costa Rica (Ba2 / BB / BB-), Guatemala (Ba1 / BB+ / BB) y República Dominicana (Ba2 / BB / BB-). Este grupo representa el núcleo más importante del riesgo soberano regional, ya que concentra gran parte de la actividad económica de América Latina, pero enfrenta presiones fiscales persistentes.
Colombia refleja tensiones fiscales crecientes
La decisión de S&P de rebajar la calificación soberana de Colombia de BB a BB- en moneda extranjera y de BB+ a BB en moneda local, con perspectiva estable, responde principalmente a la persistencia de desequilibrios fiscales y a una mayor incertidumbre sobre la trayectoria de la política económica.
Según la calificadora, el país enfrenta una combinación de factores que debilitan su perfil crediticio: mayor gasto primario, menor recaudo tributario desde 2024, altos costos de financiamiento y una menor previsibilidad en la política fiscal. A esto se suma la suspensión de la regla fiscal, lo que redujo un ancla clave de credibilidad ante los mercados internacionales.
S&P advierte además que el déficit fiscal solo se reducirá de manera gradual y que la inflación tardará en regresar plenamente al rango meta del Banco de la República, lo que prolonga el periodo de ajuste macroeconómico.
“La rebaja de la calificación soberana de Colombia por parte de S&P Global Ratings confirma lo que venimos diciendo desde AmCham Colombia: sin confianza y sin estrategia no llega nueva inversión. Colombia tiene con qué atraer capital, pero no hace más que espantarlo. Y esa irresponsabilidad del Gobierno Nacional la termina pagando el ciudadano: más deuda cara, menos empleo, menos inversión social y menos crecimiento”, destacó la presidenta de la Cámara Colombo Americana, AmCham Colombia, María Claudia Lacouture.
En el extremo inferior del sistema se encuentran economías con alto nivel de riesgo o estrés financiero, como Argentina (Caa1 / CCC+ / C), Venezuela (C / B- / WD), Ecuador (Caa1 / B- / B-) y Bolivia (Ca / CCC+ / B-), donde las condiciones macroeconómicas reflejan crisis profundas de deuda, inflación o acceso limitado a financiamiento.
Más allá del caso colombiano, el dato estructural más relevante es que la mayor parte de América Latina se encuentra en grado especulativo o muy cerca de él. Esto significa que la región, en su conjunto, es percibida como de riesgo medio a alto por los mercados internacionales.
Países como Colombia (BB-), Brasil (BB), Costa Rica (BB), Guatemala (BB+), Honduras (BB-) y Paraguay (BBB-) ilustran esta “zona gris” donde las economías son funcionales, pero vulnerables a choques externos. Este posicionamiento implica que cualquier aumento en las tasas de interés globales o en la aversión al riesgo internacional se traduce rápidamente en mayores costos de deuda para la región.
En términos prácticos, América Latina depende en gran medida del financiamiento externo en condiciones menos favorables que otras regiones emergentes, lo que limita su margen de maniobra fiscal y obliga a mantener disciplina macroeconómica constante.
Los pocos países con mayor estabilidad relativa
Dentro del mapa regional, solo unos pocos países mantienen una posición más sólida dentro del grado de inversión. Chile (A/A/A-), Uruguay (Baa1/BBB+/BBB) y Perú (Baa1/BBB-/BBB) destacan por su estabilidad macroeconómica e institucional, aunque con desafíos políticos y sociales que pueden afectar sus perspectivas en el mediano plazo.
México (Baa2/BBB/BBB-) también se mantiene en una posición relativamente estable. Estos países funcionan como puntos de anclaje en la región, pero no representan una fortaleza homogénea, sino más bien excepciones dentro de un entorno regional más frágil.
El extremo del riesgo
En el otro extremo del espectro se encuentran economías como Argentina (CCC+/Caa1), Venezuela (B-/C) y Ecuador (B-/Caa1), que reflejan escenarios de alta vulnerabilidad financiera. En estos casos, las calificaciones bajas responden no solo a problemas fiscales, sino a crisis estructurales de confianza, inestabilidad política, inflación elevada y restricciones severas de acceso a financiamiento internacional.