Cambridge Analytica se convirtió en la empresa que ha desnudado a Facebook

Una pequeña firma británica especializada en cambiar el comportamiento de los votantes ha provocado un terremoto financiero y reputacional en el gigante tecnológico que puede costarle muy caro.

Expansión

Cambrige Analytica (CA), una pequeña empresa británica especializada en análisis de datos para campañas políticas, ha puesto a Facebook contra las cuerdas, provocando dos jornadas de fuertes caídas en Bolsa y una pérdida de reputación sin precedentes.La mayor acusación que pende sobre CA es que, tras acceder de forma ilegal a 50 millones de perfiles de Facebook en Estados Unidos, logró influir en ellos y provocar la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales.

Facebook se desploma en Wall Street
La consultora, que supuestamente trabajó también para los partidarios del Brexit en Reino Unido, ha hecho saltar todas las alarmas y ha puesto en entredicho las medidas de Facebook para proteger los datos de sus usuarios. El gigante tecnológico se enfrenta a multas que pueden suponer el 4% de sus ventas anuales.Cómo una consultora política con 150 empleados ha podido ser tan influyente es la pregunta que hoy se hacen los analistas de todo el mundo. La respuesta está en una mezcla de buen conocimiento de la ciencia política, una gran capacidad de analizar millones de datos en tiempo récord y una cierta ambición por ser un Gran Hermano a escala planetaria.

Cambridge Analytica fue fundada en 2013 y pertenece al grupo de consultoría política británico SCL Group. Su consejero delegado, Alexander Nix, de 42 años, es un antiguo alumno del prestigioso internado Eton, que tras años en banca decidió pasarse al mundo de la consultoría. Ayer, el consejo de la compañía anunció que le suspendía de su puesto hasta cerrar la investigación sobre lo sucedido. “Cuanto más conoces a alguien, mejor te puedes comunicar con esa persona a nivel personal y a nivel comercial”, explicaba Nix en una entrevista. Hoy se sabe que este ejecutivo sabía de lo que hablaba.

Sus relaciones le llevaron a conocer a grandes figuras políticas y a trabajar en la campaña de Trump. El millonario Robert Mercer, propietario de uno de los mayores hedge funds del mundo y donante de la campaña de Trump, acabó invirtiendo 15 millones de dólares en la firma, mientras que Steve Bannon, asesor del presidente americano, fue vicepresidente de la compañía entre 2014 y 2016.

CA ya había tenido que dar explicaciones sobre sus métodos de trabajo con anterioridad, pero Nix siempre negó varias cosas: que difundieran noticias falsas; que participaran en la campaña del Brexit a favor de dejar Europa -aunque Arron Banks, donante de los Brexiteers, lo aseguró- y que utilizaran datos de Facebook para sus investigaciones.

Práctica ilegal
Todas estas afirmaciones quedaron en entredicho el pasado fin de semana, cuando se reveló que 50 millones de perfiles de Facebook habían sido utilizados por esta firma para, posiblemente, llevar a Trump a la Casa Blanca. Estos perfiles habían sido seleccionados por un académico de la Universidad de Cambridge, Aleksandre Kogan, experto en analizar el comportamiento político de los usuarios de Facebook.

Kogan, que cuenta con ayudas económicas del Gobierno ruso, había recogido esta información a través de una aplicación que se descargaba desde Facebook y que unos 270.000 americanos se habían bajado. La app había sido autorizada por el gigante tecnológico ya que, en principio, tenía fines académicos. Per el gran secreto es que no solo permitía acceder a la información de esos usuarios, sino también a la de todos sus amigos de Facebook, lo que multiplicada de forma exponencial su influencia.

Tiempo después, Kogan llegó a un acuerdo con Cambridge Analytica y la consultora utilizó estos datos para crear un programa informático destinado a predecir las decisiones de los votantes e influir en ellas. El objetivo era “dar con el tipo concreto de mensaje que tocaba la fibra de la gente y cuántas veces había que repetirlo para que esa persona cambiara su pensamiento”, explicaba el pasado domingo Christopher Wylie, un ex empleado de Cambridge Analytica que ha desvelado la forma de trabajar de la empresa a los diarios The Observer y The New York Times. La empresa es “una máquina de hacer propaganda”, aseguraba.

Facebook conocía desde 2015 que CA tenía estos datos, pero se limitó a pedir a la consultora que los destruyera. La firma británica nunca llegó a hacerlo. El interés por la actividad de Cambrigde Analytica sigue en aumento después de que un reportaje de la cadena Channel 4 emitiera un vídeo en el que los directivos de la consultora ofrecían desacreditar a rivales políticos con sobornos y trampas en prostíbulos. Las declaraciones se hicieron con una cámara oculta a un periodista de la cadena, que se hizo pasar por un político de Sri Lanka. “Explorar en la vida de los candidatos para encontrar trapos sucios puede ser interesante, dijo Alexander Nix. “Podemos traer a unas ucranianas de vacaciones.Estamos acostumbrados a operar en la sombra”. Ayer, las acciones de Facebook cayeron un 2,56%, tras perder casi un 7% el lunes.

Autoridades a ambos lados del Atlántico investigan el papel de Facebook en la filtración de datos de sus usuarios Cambridge Analytica. La Federal Trade Commission de Estados Unidos ha solicitado información por carta sobre este asunto, mientras que Mark Zuckerberg, consejero delegado de Facebook, podría tener que dar explicaciones ante el Parlamento británico, después de que varios diputados hayan solicitado su presencia para peguntarle sobre el tema. El presidente del Comité de Asuntos Digitales de la Cámara de los Comunes, Damian Collins, remitió ayer una carta a Zuckerberg en la que le requiere que comparezca para ofrecer “evidencia oral” sobre el caso.

Desde el lunes, millones de usuarios se preguntan si el mundo sería mejor sin Facebook y promueven darse de baja en la red social bajo el lema #DeleteFacebook. El caso ha demostrado que la plataforma tiene un gran potencial para manipular electorados de forma masiva y que la compañía debería limitar la presencia de organizaciones políticas en su plataforma.

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