Colombia, entre republicanos y demócratas

Luis Fernando Vargas Alzate

A poco más de dos meses de conocer los resultados finales del proceso electoral estadounidense, el debate entre republicanos y demócratas no cede terreno.

El partido demócrata, con liderazgo del presidente Barack Obama, no desaprovecha los desaciertos de los políticos adscritos al partido opositor. Igual sucede con los republicanos, con Mitt Romney a la cabeza.

Es una interesante e incesante disputa que en días recientes ha llegado al límite, pues la actitud de ambos contendientes se ha tornado agresiva frente a su rival y poco se han medido las negativas referencias entre ellos. Los demócratas, por ejemplo, han ridiculizado a Romney en televisión mostrándole como un hombre torpe para los negocios. Mientras los republicanos se esfuerzan en el descrédito de Obama, presentándole como un presidente que impide el éxito en la economía, a causa de la manera en que grava, con altísimas tasas impositivas, a quien obtiene los mejores resultados.

En medio de toda la campaña aparecen muchos temas a tener en cuenta, y uno de gran importancia en medio de la disputa por el poder es el de las relaciones internacionales; y con él, el de la estrategia de política exterior que seguiría quien se haga a la presidencia. Como se percibe, de mantenerse Obama en la Casa Blanca, no habría cambios sustanciales, aunque sí un ajuste en la implementación de la política exterior, orientado hacia resultados más concretos que los hasta ahora obtenidos en escenarios geográficos como el Medio Oriente, fundamentalmente con los casos sirio y afgano, y el tradicional conflicto árabe-israelí. Sin embargo, apostándole a la continuidad en el retiro de tropas y en su participación como mediador, antes que como actor central.

En relación con América Latina, se proseguirá por la línea baja de tensiones que durante los últimos años se ha alcanzado y se continuará el trabajo de profundización económica y comercial que formalizó con algunos Estados de la región; fundamentalmente porque es la mejor vía para proseguir la salida de la crisis financiera. Con Colombia no habría mucha variación en la relación bilateral, dado que ésta se estabilizó en buen punto una vez se ratificó y puso en marcha el TLC. La política exterior de Obama, que es más la de Biden y Clinton que la suya misma, se ha orientado a reducir durezas y lograr acercamientos antes lejanos.

Mientras que de darse el arribo de Romney, las circunstancias pueden ser distantes de lo que hoy se ejecuta en política exterior por parte de Washington. Lo anterior por varias razones, aunque esencialmente por dos muy especiales. La primera, la naturaleza del Partido Republicano es de injerencia fuerte en asuntos foráneos. El candidato republicano así lo ha expresado cada vez que profundiza sus críticas frente a Obama. No comparte la mediación y más bien se inclina por la intervención. Ha expresado que no resulta fácil a los estadounidenses aceptar las tesis de Obama sobre el hecho de que Hugo Chávez no sea una amenaza regional, que en Medio Oriente haya que dialogar antes que actuar y que a los rusos, por ejemplo, haya que seguirles dando tiempo, junto con los chinos, para decidir al respecto del tema sirio.

Mitt Romney ha sido enfático, a través de sus portavoces, en definir una estrategia exterior fundada en los que se definen como aliados y no en los actores que siguen desafiando al país en el terreno internacional. Para Colombia, por ejemplo, el hecho de su llegada a la Casa Blanca, prolongaría la relación favorable. El país se ha mantenido en la dirección cercana a Washington, a la vez que giró nuevamente hacia América Latina.

En síntesis, los resultados de las elecciones estadounidenses no son por lo pronto una gran preocupación para el país. Independientemente de quien se haga al poder, Colombia ha logrado una muy buena posición en las conversaciones sostenidas con Washington, con una muy buena gestión diplomática, lo suficientemente discreta, se convirtió en un Estado interlocutor con el norte y con el sur al mismo tiempo. Algo que le fue notablemente difícil a administraciones anteriores. Entre otras cosas, por ello a Maria Ángela Holguín no le aceptaron la renuncia. “Resultados son amores”, claro.