Hacienda

Colombia se estanca en competitividad fiscal en el bloque de países Ocde

Gráfico LR

Índice de Competitividad Fiscal de Tax Foundation dejó a Colombia en puesto 37, el segundo más deficiente de Ocde

Isabella Salazar Gaitán

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El Índice de Competitividad Fiscal Internacional 2026, de Tax Foundation, evalúa la eficiencia del sistema tributario de un país ajustada a dos factores importantes de la política fiscal, la competitividad y la neutralidad, midiendo qué tan equilibrados son los sistemas y cómo ello contribuye al desarrollo del país.

Entre los países de la Ocde, el ranking lo lidera Estonia, por 13 año consecutivo, con el mejor código tributario del bloque, un puntaje total de 100 y el primer lugar en la clasificación de impuestos individuales; le sigue Letonia, con un puntaje de 92,5 y ocupando el primer lugar en la clasificación de impuestos de sociedades.

El top tres lo completa Nueva Zelanda, con 88,2 puntos y el primer lugar en la clasificación de los impuestos al consumo.

Gráfico LR

“Para evaluar la neutralidad y competitividad del sistema tributario de un país, el índice analiza más de 40 variables de política fiscal. Estas variables miden no solo el nivel de los tipos impositivos, sino también la estructura tributaria. El Índice examina los impuestos sobre sociedades, los impuestos sobre la renta de las personas físicas, los impuestos al consumo, los impuestos sobre la propiedad y el tratamiento de los beneficios obtenidos en el extranjero”, explicaron desde Tax Foundation.

Colombia, por su parte, se rezaga en los últimos lugares de la medición, hasta el puesto 37, de 38 enlistados, y un puntaje de 47,3.

Para Óscar José Torrealba Hernández, director de Investigaciones del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga, ICP, la principal debilidad del país, y la que lo relega hasta los últimos lugares del Índice, solo superado por Francia, es la forma en que se grava la inversión y el capital: “tarifas elevadas, múltiples impuestos sobre un mismo capital y reglas que dificultan recuperar el costo de las inversiones”, aseguró.

Dentro de Índice, Colombia ocupó el puesto 37 en materia de impuestos a empresas y a la propiedad; en cuanto a reglas internacionales, el 35; en impuestos a las personas, el 25 y el 16 en impuestos al consumo.

Según el analista del ICP, el rezago está en las condiciones tributarias para invertir, acumular capital y movilizarlo.

De cara a la industria, el país tiene la segunda tarifa de renta empresarial más alta de la Ocde, con una tasa de 35% frente al promedio de 24,2% del organismo.

Adicionalmente, el sistema solo permite recuperar, en valor presente, 74% del costo de la maquinaria y 31% de las edificaciones, frente al promedio de 86% y 50%, respectivamente, de la Ocde, condiciones que reducen la atracción de inversión.

LOS CONTRASTES

  • Óscar José TorrealbaDirector de Investigaciones del ICP

    “Colombia es uno de apenas cuatro países de la Ocde que mantienen un impuesto anual al patrimonio neto. Esta acumulación de cargas encarece la inversión”.

El impuesto al capital es otro de los puntos débiles, con un sistema que grava hasta varias veces un mismo capital, incluso si no genera rendimientos.

“Colombia es uno de apenas cuatro países de la Ocde que mantienen un impuesto anual al patrimonio neto. Esta acumulación de cargas encarece la inversión y representa una barrera mayor para las empresas nuevas y pequeñas, que cuentan con menos recursos para afrontarla”, anotó Torrealba.

Para el analista, la forma en que se grava el capital en el país es la más perjudicial, pues en consonancia con lo que aseguran los autores del Índice de Competitividad, los impuestos a la inversión y al patrimonio “rompen la neutralidad del sistema porque favorecen el consumo presente sobre el ahorro. Gravar con fuerza el capital encarece, en suma, la decisión de la que depende el crecimiento futuro”, señaló Torrealba.

Estonia tiene las mejores normas tributarias

Por 13 años consecutivos, Estonia ha ocupado el primer lugar en el ranking de competitividad tributaria entre los países de la Ocde. Entre los factores que han mantenido su posición, está la aplicación de una tasa de 22% a las ganancias corporativas distribuidas y un impuesto fijo de 22% sobre la renta individual, que excluye los dividendos personales.

Además, grava únicamente el valor del terreno, no el de los inmuebles o el capital; y por último, exime de impuestos nacionales al 100% de las ganancias obtenidas en el extranjero por sus empresas, con pocas restricciones.

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