México y Colombia presentan las tasas más altas de informalidad laboral en la Ocde
jueves, 12 de marzo de 2026
Con 56% de los trabajadores que no aportan al sistema de seguridad social, los expertos advierten que no habrá una “tasa de reemplazo” adecuada
Según los datos de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, Colombia registró en 2025 una tasa de empleo informal de 56% y se ubicó en el segundo lugar después de México para los países con más informalidad laboral en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Ocde, mientras que la mayoría de países europeos que pertenecen a la Ocde presentan niveles inferiores a 5%. Esto quiere decir que, por ejemplo, la tasa de informalidad de Colombia es siete veces más alta que la de Polonia: para 2024, el país europeo tenía una tasa de 8,6%. Solo México supera a Colombia con 56,4% de trabajadores informales en su economía para 2024.
Las cifras son un reflejo de múltiples fallas estructurales no solo en Colombia sino en el mundo. Solo en América Latina y el Caribe este fenómeno afecta a 51,1% de los trabajadores, más de la mitad de toda la población ocupada, y a nivel mundial la cifra asciende a 57,7%. Así, más de 2.000 millones de personas en el mundo se encuentran en el mercado laboral informal.
De acuerdo con el informe Employment and Social Trends 2026 realizado por la OIT, en los últimos años la transformación estructural de la economía, que implica la transición de los trabajadores hacia sectores laborales con alta productividad y mejores condiciones laborales, se ha reducido a la mitad en la última década a comparación de la transformación que se vio entre 2005 y 2015. Esto ha frenado en seco el avance global hacia el empleo formal.
Los motores de la informalidad
El diagnóstico de la OIT identifica tres motores principales que alimentan la informalidad laboral en el mundo. El primero son los factores microeconómicos, como la baja educación, la pobreza, las unidades económicas pequeñas y el acceso limitado a créditos, servicios y mercados. Estos elementos dificultan que los trabajadores y las pequeñas empresas puedan integrarse al mercado formal.
En segundo lugar, el entorno regulatorio de los países puede reforzar la informalidad. Esto ocurre, por ejemplo, por brechas legales que no logran cubrir a todos los trabajadores o por dificultades en la implementación efectiva de las leyes laborales existentes.
Finalmente, el contexto macroeconómico también influye. La incapacidad de la economía para generar suficientes empleos formales, la incertidumbre comercial y los altos niveles de deuda pública contribuyen a que las cifras de empleo formal permanezcan bajas.
¿Qué pasa en Europa?
Claramente las comparaciones entre las tasas de los países europeos y latinoamericanos muestran una amplia diferencia, pero ¿qué es lo que están haciendo para mantenerla tan baja?
Inicialmente, la postura que toman estos países para reducir la informalidad en sus economías es una que ve la formalización como un medio para el trabajo decente y el desarrollo del país, no como un fin recaudatorio estatal. En Europa, las políticas públicas combinan la aplicación de la ley con incentivos reales para fomentar la formalización del empleo. Además, la protección social y sus beneficios son universales y están financiados a través de impuestos generales, a diferencia de los sistemas de protección social en Latinoamérica, que usualmente están ligados al contrato laboral formal.
El panorama de Colombia
Una de las causas estructurales y regulatorias que mantienen al país con un nivel alto de informalidad laboral es el costo no salarial de contratar formalmente a un empleado. Clara Pardo, doctora en economía y docente universitaria, señaló que contratar formalmente en Colombia eleva el costo laboral entre 40% y 60% sobre el salario debido a todas las prestaciones sociales contempladas por la ley, lo que es inviable para muchas empresas. Aquí es importante mencionar que aproximadamente 85% de las microempresas en el país operan en la informalidad, y estas microempresas son las que componen la mayor parte de la economía colombiana.
Otra de las causas es la comparación entre el salario mínimo legal vigente y la productividad real. Henry Amorocho, profesor de Hacienda Pública en la Universidad del Rosario, señaló que el salario mínimo en el país es muy alto frente a la productividad real, lo que empuja a las empresas a evadir la nómina formal utilizando los contratos por prestación de servicios.
¿Cuáles son los riesgos?
Con 56% de los trabajadores que no aportan al sistema de seguridad social, los expertos advierten que no habrá una “tasa de reemplazo” adecuada, lo que pone en riesgo los recursos necesarios para financiar las pensiones de los jóvenes actuales. Esto generaría una presión significativa sobre el Estado, que podría verse obligado a implementar subsidios masivos para garantizar las pensiones a largo plazo.
El problema no radica en el desempleo, sino en que los empleos disponibles para la mayoría de la población activa carecen de las condiciones necesarias para ofrecer una buena calidad de vida. A esto se suma el riesgo de estancamiento macroeconómico y la fragilidad fiscal que deriva de un menor recaudo tributario y de seguridad social.
Posibles soluciones
La hoja de ruta propuesta por Pardo y Amorocho coincide en la necesidad de reformar la manera de hacer empresa en Colombia. Por ejemplo, reducir los impuestos sobre la renta y ampliar la base gravable podría disminuir la evasión y fomentar la formalización, al tiempo que aumentaría la rentabilidad de las empresas formales.
Además, se podría incentivar el desarrollo de sectores con mayor valor agregado, como la manufactura avanzada o la tecnología, para que la economía genere los recursos suficientes que sostengan la formalidad laboral.
Amorocho destaca que países como Francia y España, con tasas de informalidad de 3,1% y 2,2% respectivamente, mantienen un equilibrio entre sus sectores agropecuario, industrial y de servicios, logrando así una alta productividad.
La formalización tiene sus ventajas
Francia destaca en este ranking con una tasa de 3,1% por sus favorables condiciones laborales: con una semana de 35 horas, el país garantiza el salario mínimo y cinco semanas de vacaciones pagadas al año. Los beneficios de formalizar a los trabajadores parecen ser más que las desventajas. Además, los franceses han demostrado que con negociación colectiva y unas jornadas formales se puede impulsar la productividad, demostrando que la formalización es compatible con el crecimiento económico.