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Colombianos necesitarían ganar US$18.300 al año para alcanzar el “precio de la felicidad”

Gráfico LR

Colombia ocupó el quinto lugar entre 50 países con mayor brecha entre el salario promedio y el nivel de ingresos asociado con la felicidad

Sofía Gómez Villegas

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Existe una pregunta que casi todas las personas se han hecho en su vida: ¿el dinero verdaderamente compra la felicidad? Aunque suena a un interrogante filosófico, también admite una respuesta cuantificable. Así lo demuestra un estudio de la Universidad de Purdue sobre ingresos y felicidad, según el cual los aumentos de ingresos sí elevan el bienestar subjetivo, pero solo hasta cierto punto de saturación. Superado ese umbral, ganar más dinero deja de traducirse en beneficios significativos para la felicidad, entendida aquí a partir de la satisfacción con la vida y el bienestar emocional.

Gráfico LR

Ese umbral, el verdadero “precio de la felicidad”, no es fijo, ya que varía según el lugar donde se viva. Para estimarlo, Remitly tomó como referencia la investigación de la Universidad de Purdue, ajustó las cifras según el poder adquisitivo y el costo de vida de cada país y convirtió los valores a dólares para facilitar la comparación. Luego contrastó ese nivel de ingresos con el salario promedio anual de cada país. El resultado permite medir qué tan cerca están los ingresos promedio del nivel asociado con la felicidad.

Al aplicar esta metodología a 50 países, los resultados muestran brechas notables. Eslovenia es el único país analizado donde el salario promedio supera el “precio de la felicidad”, con una cobertura de 116,3%. Le siguen Luxemburgo, con 92,8%; Estonia, con 90,5%; Singapur, con 90%, y Lituania, con 89,2%. En el otro extremo, Ecuador registra apenas 32,9% y Paraguay 33,7%, las coberturas más bajas entre los países incluidos en el ranking.

América Latina, en conjunto, presenta resultados considerablemente más bajos, con Chile como principal excepción, con 60,9% y el puesto 18 del ranking mundial. Le siguen Uruguay, con 43,9%; Brasil, con 36,4%; Bolivia y Argentina, con 36,1%; Colombia, con 34,7%; Paraguay, con 33,7%, y Ecuador, con 32,9%.
Para Colombia, el resultado evidencia una de las posiciones más rezagadas. Con una cobertura de 34,7%, el país es el quinto entre los 50 analizados donde el salario promedio está más lejos del ingreso asociado con la felicidad. En América Latina ocupa el tercer lugar, solo por detrás de Ecuador, con 32,9%, y Paraguay, con 33,7%.

La brecha es mucho más amplia al compararla con Chile. Colombia se encuentra 26,2 puntos porcentuales por debajo del país latinoamericano mejor ubicado en el listado, cuyo salario promedio alcanza una cobertura de 60,9% frente al nivel de ingresos asociado con la felicidad.

La distancia también es marcada frente a Eslovenia. Mientras el salario promedio esloveno, de US$42.800 anuales, supera el “precio de la felicidad”, estimado en US$36.800, en Colombia el salario promedio de US$6.400 equivale a 34,7% del umbral de US$18.300. Esto representa una diferencia de 81,6 puntos porcentuales entre la cobertura de ambos países.

LOS CONTRASTES

  • Leonardo SantanaProfesor de la U. Jorge Tadeo Lozano

    “El ingreso sí influye en la felicidad de una persona, especialmente entre el umbral de pobreza y la consolidación de un patrimonio personal que sea algo satisfactorio”.

  • Carlos SampedroProfesor Universidad de La Sabana

    no solo tiene un valor cuantitativo, sino también simbólico, que depende de la cultura y de lo que se considere necesario para tener una vida plena”.

El profesor Leonardo Santana Viloria, profesor asociado del Área de Negocios de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, explicó que el estudio se basa en el “bienestar subjetivo”, una percepción que depende tanto de las condiciones económicas como de factores personales, sociales y culturales. Señaló que el ingreso contribuye al bienestar principalmente mientras permite cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda, salud y educación, pero que, una vez alcanzado cierto nivel de estabilidad, ganar más dinero tiene un impacto menor en la felicidad. En ese punto, factores como las relaciones sociales, los vínculos familiares y el propósito personal adquieren mayor importancia.

Pero las cifras solo cuentan una parte de la historia. Carlos Sampedro, profesor de Filosofía de la Universidad de La Sabana y experto en bienestar, afirma que el dinero no compra la felicidad, pero sí facilita las condiciones para alcanzarla. Estudios como este señalan cuánto ingreso necesita una persona para tener a su alcance ciertas condiciones de vida, algo que depende en buena medida de la sociedad y la cultura en las que se encuentre.

Por eso, el profesor Sampedro reitera que el ingreso no tiene solo un valor cuantitativo, sino también simbólico. Lo que una cultura considera necesario para una vida “floreciente” termina definiendo, en el fondo, cuánto puede costar alcanzar determinadas condiciones asociadas con el bienestar.

Una referencia reconocida a nivel mundial en este debate es un estudio de 2010 de Daniel Kahneman y Angus Deaton, publicado en la revista Pnas bajo el título “High income improves evaluation of life but not emotional well-being”. Con más de 450.000 respuestas de adultos en Estados Unidos, los investigadores midieron dos aspectos distintos: por un lado, qué tan satisfecha se siente una persona con su vida en general al evaluarla y, por otro, cómo experimenta su bienestar emocional en el día a día, a partir de sentimientos como el estrés, la preocupación y la alegría. El hallazgo fue que la primera medida seguía mejorando a medida que aumentaban los ingresos, sin un límite claro. La segunda, en cambio, dejaba de mostrar mejoras a partir de aproximadamente US$75.000 anuales.

Estos US$75.000 se popularizaron como si fueran un límite universal para la felicidad, pero el hallazgo real era mucho más específico. Por encima de ese monto el dinero seguía mejorando la evaluación que las personas hacían de su propia vida, pero el bienestar emocional no aumentaba de la misma manera.

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