Deuda de los gobiernos centrales de los países desarrollados alcanzará 85% del PIB
jueves, 5 de marzo de 2026
Un informe de la Ocde señala que, para este año, 78% de los préstamos que tomarán los gobiernos miembros de la organización se usará para refinanciar la deuda ya existente
Uno de los lunares que comienza a oscurecer el panorama de la economía mundial es el peso de la deuda pública y privada. A simple vista, los mercados financieros parecen estables: la volatilidad ha sido limitada, los inversionistas siguen comprando bonos y las crisis no han estallado pese a un entorno marcado por tensiones geopolíticas, guerras comerciales y desaceleración del crecimiento. Sin embargo, la deuda global no solo está en niveles récord, sino que seguirá aumentando en 2026.
El más reciente informe sobre la deuda mundial 2026 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Ocde, advierte que la deuda de los gobiernos centrales de los países desarrollados alcanzará 85% del Producto Interno Bruto, PIB, en 2026. Para entenderlo con claridad, el PIB es el valor total de los bienes y servicios que produce un país en un año. Si la deuda equivale a 85% del PIB, significa que, por cada US$100 que genera la economía en 12 meses, el gobierno debe US$85. Antes de la crisis financiera global de 2008, esa proporción era 39 puntos porcentuales más baja.
La magnitud del fenómeno no se limita a los países desarrollados. A escala global, gobiernos y empresas tomaron prestados US$27 billones en 2025. Para 2026, la cifra subirá a US$29 billones, US$4 billones más que en 2024, un aumento de 17%. Para ponerlo en perspectiva, es el doble de lo que se pedía hace apenas diez años. El mercado mundial de bonos, que es donde se emite la deuda, alcanza hoy los US$109 billones, lo que equivale a 93% del PIB mundial. En 2015 esa proporción era de 81%. En otras palabras, en una década, la economía global se ha vuelto más dependiente del crédito. “Dentro de los países de la Ocde, los que tienen mayor deuda como proporción del PIB serían Japón, en segundo lugar Grecia, en tercer lugar Italia, en cuarto lugar Estados Unidos, y en quinto lugar Francia”, señaló Andrés Langebaek, director de Estudios Económicos de Grupo Bolívar.
Pero ¿qué es exactamente un bono? Es un instrumento financiero mediante el cual un gobierno o una empresa recibe dinero hoy y se compromete a devolverlo en el futuro con intereses. Esos intereses representan el costo del préstamo. Cuando los gobiernos necesitan financiar gasto público suelen emitir bonos. Si los ingresos tributarios no alcanzan, la diferencia se cubre con deuda. El problema surge cuando la deuda crece más rápido que la capacidad de pago de la economía.
En los países de la Ocde, la emisión de bonos soberanos, es decir, deuda pública, alcanzará un récord de US$18 billones en 2026. En 2022 era de US$12 billones. La deuda pendiente aumentó de US$55 billones en 2024 a US$61 billones en 2025, el mayor incremento anual desde la pandemia. Aunque el crecimiento económico permitió que la relación deuda PIB se mantuviera en 83% entre 2024 y 2025, el próximo año escalará a 85%. Esto la dejará a solo cuatro puntos porcentuales del pico alcanzado en 2020.
Sin embargo, el desafío no es solo el tamaño de la deuda, sino su costo. Desde 2022, el mundo ha experimentado un ciclo de alzas en las tasas de interés. Cuando las tasas suben, pedir prestado se vuelve más caro. En 2025, aunque las tasas de corto plazo se estabilizaron en varios países desarrollados, los rendimientos de los bonos a 30 años siguieron aumentando y alcanzaron una mediana de 4,1%. Significa que el costo de financiar proyectos a largo plazo es hoy mayor que hace unos años.
Las consecuencias son visibles en los presupuestos públicos. Los pagos de intereses representan en promedio 3,3% del PIB en el conjunto de la Ocde, cerca del máximo de la última década. Para algunos países, el gasto en intereses ya compite con rubros esenciales como educación o defensa. El informe proyecta que en 2026 los mayores pagos de intereses incrementarán la relación deuda PIB en 2,5 puntos porcentuales, mientras que la inflación solo la reducirá en 2,4 puntos. En términos prácticos, el peso del encarecimiento financiero será mayor que el alivio generado por el aumento de la economía.
Otro dato es que la mayor parte del endeudamiento no se destina a nuevos proyectos. En 2026, 78% de los préstamos que tomarán los gobiernos de la Ocde se usará para refinanciar deuda existente, es decir, pedir dinero nuevo para pagar obligaciones antiguas que vencen. En 2025, las necesidades de refinanciación alcanzaron US$13,5 billones, 80% del total emitido.
Frente al encarecimiento de los préstamos a largo plazo, muchos gobiernos han optado por emitir deuda con vencimientos más cortos. Así reducen el costo inmediato de intereses, porque los bonos de corto plazo pagan menos que los de largo plazo. Sin embargo, esta estrategia tiene un efecto secundario: eleva el riesgo de refinanciación. Si en pocos años deben renovarse grandes volúmenes de deuda en un entorno de tasas más altas, el impacto puede ser significativo. En 2025, la proporción de emisiones con vencimientos superiores a 10 años fue la más baja desde 2009 para gobiernos y la más baja registrada para empresas.
¿Y en economías emergentes?
En las economías emergentes y en desarrollo, la emisión de bonos soberanos alcanzó US$3,4 billones en 2025, 21% más que el año anterior, llevando el total pendiente a US$12,1 billones, equivalentes a 30% del PIB, el nivel más alto desde antes de 2007. Aunque algunos países lograron reducir sus diferenciales y mejorar su acceso a los mercados, los países de bajos ingresos enfrentan mayores desafíos. En varios de ellos, más de la mitad de los bonos vence en los próximos tres años, lo que implica una fuerte presión de refinanciación.
El sector privado tampoco se queda atrás. El endeudamiento corporativo alcanzó un récord de US$13,7 billones en 2025, sumando bonos y préstamos sindicados. La deuda total pendiente llegó a US$59,5 billones.
La carrera por la inteligencia artificial desata un auge de deuda corporativa
Un factor decisivo en el crecimiento del endeudamiento es la expansión de la IA. Tradicionalmente, el sector tecnológico dependía menos de financiamiento externo, pues generaba liquidez interna. Sin embargo, en 2025, nueve empresas tecnológicas, conocidas como “hiperescaladores”, captaron US$122.000 millones de en bonos, casi la mitad de la emisión tecnológica global. Entre 2026 y 2030, proyectan invertir US$4,1 billones, 35% más que el gasto total de capital de todas las empresas no financieras estadounidenses en 2025.