Energía

Conflicto en Medio Oriente: ¿una gran oportunidad energética para América Latina?

Rystad Energy Upstream Solution

La región podría ganar relevancia en el mercado energético mundial en medio de la guerra, al consolidarse como exportadora neta; expertos opinan

Carlos Jaramillo Palacio

El conflicto en Oriente Medio está reconfigurando el equilibrio energético global, no tanto por una crisis estructural del suministro, sino por un efecto más profundo: la aceleración de la transición energética y la revalorización de regiones exportadoras.

Así lo reflejan los análisis de marzo de 2026 de Lombard Odier, que apuntan a un entorno donde América Latina podría ganar relevancia relativa en los mercados energéticos internacionales. En su informe ‘Cuantificación del impacto económico del conflicto de Oriente Medio por región’, el holding suizo subraya que el impacto del conflicto será desigual entre economías. El documento señala: “Estados Unidos y varias economías de América Latina están relativamente más protegidas al ser exportadores netos de energía”.

LOS CONTRASTES

  • Margarita MartínezDirectora del programa de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá

    "La lectura de fondo es que el mercado está premiando a regiones capaces de ofrecer energía fuera de los puntos de mayor tensión. Ahí entran Estados Unidos, Brasil, Guyana, Argentina y, en menor medida, otros productores latinoamericanos"

  • Jesús AgredaInternacionalista y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana

    “El efecto del cambio en el valor de la energía mundial va a tomar tiempo en reestablecerse, lo que generara un impacto significativo en precios”.

Este elemento es clave en la lectura regional del informe: América Latina no aparece como una región vulnerable al shock energético, sino como una zona con capacidad de amortiguación estructural, gracias a su posición como exportadora neta.

La pregunta que cabe es ¿puede América Latina ganar participación en el mercado de energía como consecuencia de las disrupciones derivadas del conflicto? Margarita Martínez, directora del programa de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá, opina que: “Sí puede ganar peso, pero no de manera automática. América Latina tiene una oportunidad real porque combina hidrocarburos, renovables, minerales críticos, agua, potencial solar, eólico e hidroeléctrico".

"Además, países como Brasil, Guyana y Argentina ya aparecen como jugadores relevantes en la expansión de oferta petrolera fuera de Opep+. Brasil es el mejor posicionado por escala, producción offshore, institucionalidad energética y capacidad exportadora. Guyana se consolidó como nuevo productor relevante: la EIA estimó que su producción se multiplicó por diez entre 2020 y 2025 y que podría superar 1 millón de barriles diarios hacia 2027. S&P Global también señaló que América Latina puede emerger como alternativa energética segura en medio de la crisis, con Brasil y Argentina liderando el potencial de diversificación”, agrega.

 

Ella agrega que, a pesar de este escenario, “Las limitaciones son conocidas: inseguridad jurídica, licenciamiento lento, conflictividad social, falta de infraestructura portuaria y de transporte, déficits de transmisión eléctrica, cambios regulatorios y, en algunos casos, inestabilidad política. En el caso de Colombia, el reto es mayor porque el país tiene reservas limitadas de hidrocarburos, discusión interna sobre nuevos contratos y una transición energética que todavía requiere inversión, confiabilidad e infraestructura”. También dice que el mayor peso geopolítico de América Latina dependerá menos del discurso y más de tres variables: capacidad de producir más, reglas estables para atraer capital y velocidad para construir infraestructura energética.

¿Nuevo orden?

Y evidentemente, el conflicto en Oriente Medio está cambiando el orden energético global más allá del corto plazo. "El conflicto está acelerando un reordenamiento que ya venía en marcha: los compradores de energía no solo están mirando precio, sino origen, estabilidad, rutas marítimas, capacidad de entrega y riesgo político. En otras palabras, el petróleo y el gas vuelven a ser leídos como activos estratégicos, no únicamente como commodities", asegura la experta.

Para Martínez, "El dato clave está en el Estrecho de Ormuz. La Agencia Internacional de Energía, AIE, calcula que por esa ruta pasaron en 2025 cerca de 20 millones de barriles diarios de crudo y derivados, alrededor de 25% del comercio marítimo mundial de petróleo".

"Por eso, cualquier restricción allí no es un choque regional, sino un problema de abastecimiento global. La Administración de Información Energética de Estados Unidos, EIA, estimó en su reporte de abril de 2026 que los cierres de producción en Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes, Catar y Baréin llegaron a 7,5 millones de barriles diarios en marzo y podrían alcanzar 9,1 millones de barriles diarios en abril. Además, proyectó que el Brent, que promedió US$103 por barril en marzo, podría tocar US$115 por barril en el segundo trimestre de 2026 antes de moderarse gradualmente".

La lectura de fondo, considera la directora del programa de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá, es que el mercado está premiando a regiones capaces de ofrecer energía fuera de los puntos de mayor tensión. Ahí entran Estados Unidos, Brasil, Guyana, Argentina y, en menor medida, otros productores latinoamericanos. La EIA ya había previsto que Brasil, Guyana y Argentina aportarían 0,4 millones de barriles diarios del crecimiento global esperado de crudo en 2026, la mitad del aumento mundial proyectado en ese momento.

Pero también es claro que el análisis de Lombard Odier sugiere que la seguridad energética vuelve al centro de la agenda global. Y sus implicaciones no son pocas. "La primera implicación es que la energía vuelve a pesar más en la diplomacia. Los países importadores buscarán relaciones más estrechas con productores confiables, mientras que los exportadores con capacidad de aumentar oferta ganarán margen de negociación en comercio, inversión, infraestructura y acuerdos de largo plazo", comenta Martínez.

"Sin embargo, también puede aumentar la competencia entre bloques. Asia, Europa y Estados Unidos buscarán asegurar crudo, gas, minerales críticos y fertilizantes. Eso puede traducirse en más acuerdos bilaterales, financiamiento para infraestructura energética y presión sobre países con reservas estratégicas".

Mientras que Jesús Agreda Rudenko, internacionalista y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, estima que “como región, la verdad es que es poco probable por la falta de cohesión e incluso falta de confianza (entre los actores regionales) por los enormes problemas domésticos que deben superarse para poder coordinar una posición conjunta. Sin embargo, por otro lado de manera individual, algunos estados (incluyendo Colombia) pueden beneficiarse de manera significativa como una región relativamente ‘segura’ y como un proveedor confiable".

"Esto evidentemente puede atraer grandes niveles de inversión, de lo que el más beneficiado seguramente sería Venezuela, con un potencial enorme y una clara falta de inversión en su sector energético. En ese mismo contexto, los que podrían perder esta oportunidad ‘histórica’ serían aquellos que no tienen planes o que abiertamente han renunciado a explorar el potencial y a explotar de manera más significativa estos recursos, caso concreto, Colombia”.

En relación con la seguridad energética y las implicaciones en cuanto a las relaciones internacionales, el profesor Agreda sostiene que: "El liderazgo incuestionado de Estados Unidos también será discutido. Lo que quiero decir es que todo el tema arancelario, la discusión sobre el funcionamiento de la Otan o incluso esta 'guerra' (aunque el gobierno norteamericano no lo llame así para no tener que pedir una autorización del congreso), pone en duda el carácter estabilizador del liderazgo estadounidense en el sistema internacional, lo que pude presionar a los demás actores 'importantes' a buscar la mejor manera de contener su carácter impulsivo (a través de alianzas y acuerdos adicionales) o, incluso, por qué no buscar reemplazarlo por alguien más predecible (China)".

La seguridad energética mundial se redefine por la guerra

Martínez dice que: “La seguridad energética ya no puede entenderse como tener reservas o contratos de suministro. Hoy significa diversificar proveedores, rutas, tecnologías, inventarios, infraestructura y fuentes de generación. El conflicto mostró que la vulnerabilidad no está solo en el pozo petrolero, sino en los corredores marítimos, los seguros de transporte, la refinación, el gas natural, los fertilizantes y los costos logísticos. El Banco Mundial proyectó que los precios de la energía podrían subir 24% en 2026 por el conflicto”.

TEMAS


Irán - Estados Unidos - Conflicto en Medio Oriente - Energía