El empresario venezolano que está en la estrategia petrolera de Donald Trump
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Alejandro Betancourt es una figura clave en el plan de Estados Unidos
Bloomberg
Alejandro Betancourt, empresario venezolano que durante años estuvo bajo el escrutinio de autoridades de Estados Unidos, Venezuela, España y Suiza, pasó a convertirse en una de las figuras centrales de la estrategia de Donald Trump para acelerar la producción petrolera venezolana y atraer nuevamente inversiones al sector energético del país.
Su regreso al negocio comenzó mucho antes de la captura de Nicolás Maduro. Desde abril de 2024, Betancourt logró resolver una antigua disputa con la petrolera estatal Pdvsa, recuperó acceso a un importante yacimiento al que había perdido entrada y comenzó a sumar nuevos proyectos. Para diciembre de 2025, semanas antes de la operación estadounidense del 3 de enero en Caracas, ya estaba aumentando los pedidos de plataformas petroleras para ampliar operaciones.
Su influencia aumentó todavía más después de la salida de Maduro. Según personas familiarizadas con las conversaciones citadas por Bloomberg, Betancourt ayudó a facilitar algunos de los primeros contactos entre Washington y las nuevas autoridades venezolanas, incluidos acercamientos con funcionarios de los departamentos de Hacienda y Energía de Estados Unidos.
A partir de entonces comenzó a posicionarse como una especie de puente entre ambos gobiernos y como un empresario capaz de ayudar a acelerar la recuperación de la industria petrolera venezolana.
El mayor salto llegó con la alianza anunciada por Estados Unidos con North American Blue Energy Partners, Nabep, la compañía controlada por Betancourt. El acuerdo otorga a la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono participación en hasta 17 yacimientos petroleros venezolanos, que, según estimaciones estadounidenses, podrían contener hasta 65.000 millones de barriles de reservas.
La magnitud del acuerdo también se refleja en sus condiciones. La alianza busca explotar campos bajo concesiones que pueden extenderse hasta por 100 años. Además, el Departamento de Estado de Estados Unidos tendría derecho a comprar 20% del petróleo producido por Napeb al costo de producción y tendría una opción para adquirir 80% restante a precios de mercado.
Antes incluso de que esa asociación fuera anunciada, la empresa de Betancourt ya había alcanzado una producción importante. Para agosto, Nabep estaba extrayendo alrededor de 200.000 barriles diarios de hidrocarburos de campos ubicados alrededor del lago de Maracaibo y en la Faja del Orinoco, dos de las zonas petroleras más importantes de Venezuela.
El ascenso de Betancourt supone un fuerte giro frente a su trayectoria reciente. En 2014, autoridades estadounidenses investigaron acusaciones de que su antigua empresa, Derwick Associates, habría utilizado sobornos para conseguir contratos de generación eléctrica con precios inflados. Dos años más tarde, fue objeto de otra investigación relacionada con operaciones cambiarias con Pdvsa y un presunto esquema de lavado de dinero.
Esas investigaciones avanzaron y retrocedieron durante varios años, pero nunca derivaron en cargos contra Betancourt. También enfrentó investigaciones en España y Suiza con presunto blanqueo de capitales por fondos desviados de Pdvsa. El empresario ha negado haber cometido delitos y no ha sido acusado penalmente en esos países.
Su trayectoria política también ha estado marcada por relaciones con sectores enfrentados entre sí. Betancourt mantuvo vínculos con figuras del chavismo, pero al mismo tiempo buscó acercamientos con la oposición venezolana. En 2019 recibió en su propiedad en España a Rudy Giuliani, entonces abogado personal de Trump, quien también se reunió allí con representantes de Juan Guaidó. Ese mismo año, Betancourt viajó a Moscú para intentar conseguir apoyo ruso para Guaidó, aunque esas gestiones no tuvieron éxito. Ese acercamiento con la oposición le generó fuertes costos en Caracas. En febrero de 2020, Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional, lo calificó públicamente de “ladrón corrupto”.
Posteriormente, el Gobierno venezolano tomó medidas contra sus intereses petroleros, especialmente alrededor de Petrozamora, una empresa conjunta que operaba un yacimiento cerca del lago de Maracaibo. Sin embargo, Betancourt consiguió reconstruir sus relaciones a partir de 2024. Con la ayuda del empresario Harry Sargeant III, inició conversaciones con funcionarios venezolanos y alcanzó un acuerdo que le permitió regresar a Petrozamora bajo una nueva estructura operativa.
En abril de ese año, Betancourt y Sargeant crearon Nabep en Barbados y firmaron su primer contrato de participación productiva para operar Petrozamora. Más adelante, la compañía sumó nuevos acuerdos para Junín Sur y Petrocedeño.