"Solo a través de la diplomacia y la negociación podremos volver a encontrar estabilidad"
sábado, 26 de septiembre de 2026
l ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, abordó los principales retos de la política exterior española
El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, aborda en esta entrevista exclusiva con EditoRed y Prensamedia los principales retos de la política exterior española, desde la implicación de la Unión Europea en la protección de las fronteras de Ceuta y Melilla hasta los preparativos de la XXX Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid los próximos 4 y 5 de noviembre. José Manuel Albares desgrana las prioridades del Gobierno español ante un escenario internacional marcado por la creciente fragmentación, los conflictos y la transformación del orden global, y repasa los principales objetivos de España tanto en el ámbito europeo como en su relación con Iberoamérica.
¿Qué espera de esa cumbre? ¿Cuáles son los contenidos concretos que crees que deben abordarse?
Esta cumbre va a servir para reafirmar y revitalizar todo el sistema iberoamericano. Y el 4 y 5 de noviembre Madrid va a ser la capital no solo de España, sino de toda Iberoamérica. Hay cuatro grandes pilares sobre los que esperamos que los jefes de Estado y de Gobierno den un nuevo impulso. Todo lo que supone el espacio iberoamericano educativo y del conocimiento, con reconocimiento de títulos, movilidad de investigadores, profesores, estudiantes, algo muy demandado por la comunidad iberoamericana.
En segundo lugar, algo fundamental en estos momentos: la soberanía digital iberoamericana. Somos uno de los pocos espacios geográficos del planeta que tiene ya una carta de derechos digitales. Vamos a avanzar también en ese espacio digital iberoamericano. En tercer lugar, todos nos enfrentamos, por la emergencia climática, año tras año, a inundaciones, fuegos, desastres naturales como pueden ser los huracanes.
Vamos a crear un auténtico mecanismo iberoamericano de Protección Civil para que las capacidades de todos puedan ayudar a superar estos desafíos. Y, por supuesto, los temas sociales, porque si no atendemos a nuestros ciudadanos no hay comunidad iberoamericana, y vamos a poner un especial énfasis en la economía de los cuidados también en el espacio iberoamericano.
¿Cómo cree, ministro, que pueden afectar los cambios políticos a la cumbre?
La comunidad iberoamericana, y esa es una de sus riquezas, es una comunidad plural y diversa y siempre han convivido gobiernos de distinto color político y de distinto signo político. Pero precisamente la grandeza de nuestra comunidad iberoamericana es que eso nunca ha sido un obstáculo, un freno para que sigamos avanzando.
Desde luego, España trabaja por el consenso, con un espíritu abierto, con todos los gobiernos, independientemente de su color político. Y debo decir que, en estos dos años de Secretaría Pro Témpore española, y yo he estado al frente de ella en primera persona, lo que he visto es el deseo de participar, de colaborar y de aportar por todos, todos, independientemente de la ideología del gobierno de cada uno de los países.
Y cuando uno ve ya las respuestas de confirmación que vamos teniendo, de manera mayoritaria, de uno u otro signo, uno u otro color político, todos van a estar en Madrid.
¿Qué medidas está tomando España para evitar que las diferencias políticas condicionen un desarrollo correcto y conciliador de la cumbre y cómo va a garantizar que sea un espacio de diálogo y de entendimiento?
De dos formas. En primer lugar, poniendo como Secretaría Pro Témpore en el centro temas que son importantes para todos nuestros ciudadanos, independientemente del color político del gobierno y que, por lo tanto, suscitan consenso.
Y eso lo hemos conseguido con todos esos temas: independientemente del signo político de un gobierno u otro, la digitalización, la lucha contra los desastres naturales, la movilidad académica y de investigadores, la economía de los cuidados para nuestros ciudadanos suscitan un consenso total.
Y, en segundo lugar, desde el primer momento hemos sumado a todos, les hemos invitado a participar, a que aporten sus ideas, a que esto sea al final un liderazgo compartido, y eso ha llevado a que en estos momentos tenemos ya una mayoría de confirmaciones y siguen llegando.
Quisiera que nos diese alguna pista acerca de cuáles pueden ser los principales acuerdos que espera que puedan cerrarse, es decir, el compromiso que les gustaría que quedaran plasmados en la declaración final.
La declaración, yo espero —por eso trabajamos aquí en Nueva York; tenemos un importante desayuno de cancilleres donde vamos a terminar de perfilar esos acuerdos y la agenda—, que haya acuerdos concretos.
Y eso es lo que planteamos en esos cuatro pilares: en movilidad educativa de investigadores, de profesores, de alumnos; en crear un mecanismo conjunto de protección civil, poniendo todas las capacidades al servicio del espacio iberoamericano; que haya también aspectos y decisiones concretas sobre la soberanía digital iberoamericana y, finalmente, acuerdos concretos también sobre la economía de los cuidados.
Y, más allá, que avancemos para ser mucho más eficaces en la forma en que tomamos decisiones, con mayor flexibilidad, y que la voz de la comunidad iberoamericana se oiga como grupo regional con fuerza en este mundo tan fragmentado. Y para eso nos tenemos que acercar a otros socios. Nos vamos a acercar al espacio Caribe, que es un espacio vecino, conjunto para la comunidad iberoamericana, y también a otros observadores importantísimos, como pueden ser Turquía, India o Angola.
¿Qué previsión maneja el Gobierno sobre la asistencia de los jefes de Estado?
Todos los países van a estar representados. Tenemos ya una mayoría de países que han confirmado que van a estar representados al máximo nivel, exactamente como lo va a hacer España, con esa delegación encabezada por Su Majestad el Rey, compuesta tanto por el presidente del Gobierno como por mí mismo, como ministro de Asuntos Exteriores.
Y siguen llegando las confirmaciones. Es muy frecuente que las últimas confirmaciones lleguen en los días o semanas previos. Yo estoy seguro de que va a ser la excepción aquellos países que no estén representados al máximo nivel y, en cualquier caso, todos ellos van a estar representados. Y lo que es más importante, todos ellos han trabajado conjuntamente con la Secretaría Pro Témpore Española para que esta cumbre de Madrid sea un éxito para Iberoamérica el 4 y 5 de noviembre.
Hay dos preguntas muy concretas. Lo primero, esta experiencia que hemos tenido de lo que ha sucedido en Ceuta, ¿le lleva al Gobierno español a cambiar, por un lado, la relación con Marruecos, la política exterior con Marruecos y, en segundo lugar, más importante para mí, y lo digo muy claro, a implicar a la Unión Europea más?
Sin duda alguna. Hay dos cosas: que hay un antes y un después de ese 30 de julio y que este Gobierno, yo como ministro de Asuntos Exteriores y de Unión Europea, estoy plasmando y encarnando en primera persona. Nunca más vamos a permitir que la Unión Europea, sus instituciones, los Estados miembros, consideren que las fronteras terrestres del este de Europa son más importantes que las fronteras terrestres del sur de Europa.
Tienen desafíos distintos, pero todas ellas tienen desafíos y, cuando hablamos de las fronteras terrestres del sur, que son las de Ceuta y Melilla, son las fronteras más desiguales del planeta: 19 años de edad mediana a un lado de la frontera, 44 al otro; US$2.000 de renta a un lado, US$66.000 de renta per cápita al otro. Coja uno el criterio que quiera, sea PIB, renta per cápita, salud materno-infantil, educación, desempleo. Estamos hablando de que esa es la frontera que divide a África de Europa y, por lo tanto, la frontera más desigual y más compleja. Y eso requiere una atención determinada por parte de la Unión Europea, porque eso no va a variar, va a ir a más y, por lo tanto, la presión migratoria sobre la frontera de Ceuta y Melilla va a ir a más.
Y, en segundo lugar, tenemos que completar lo que quedó pendiente en la adhesión de España a la Unión Europea: que Ceuta y Melilla queden plenamente enclavadas, encajadas dentro de todas las instituciones e instrumentos europeos. Por eso, ya hemos solicitado formalmente un puesto permanente para ambas en el Comité de las Regiones. Instamos a la Federación Española de Municipios a que nos digan cuál de los puestos rotativos van a ceder para que Ceuta y Melilla tengan un puesto permanente. Ceuta y Melilla van a formar parte definitivamente de la Unión Europea, con las especificidades que su situación geográfica les da. Hemos solicitado, he enviado ya al comisario Brunner una carta solicitándole una presencia institucional permanente de Frontex tanto en Ceuta como en Melilla. Y, finalmente, dentro de la negociación del marco financiero plurianual, hemos solicitado ya que haya un paquete financiero para las fronteras terrestres del sur exactamente igual que lo hay para las fronteras terrestres del este.
Queríamos saber dónde está España ahí, qué papel cree que puede desempeñar para preservar esa conexión europea que nos caracterizaba, presuntamente, y, bueno, cómo puede evitar esa evolución y esa escalada de una política que dificulte la cohesión y el avance.
Sobre esto hay que ser muy claro. La extrema derecha es en estos momentos la mayor amenaza para el bienestar de los europeos, porque la extrema derecha está jugando a dividirnos, a enfrentarnos a los españoles, a los europeos, y eso no lo hacen porque redunde en beneficio de nuestros ciudadanos.
Es el proyecto europeo el que permite llevar adelante los proyectos de vida de nuestros ciudadanos desde hace décadas. Un proyecto que ha garantizado paz, estabilidad, prosperidad como nunca a Europa, que ha evitado la guerra en el continente europeo, que ahora Rusia nos trae de nuevo con esa guerra de agresión y, por lo tanto, esas fuerzas de extrema derecha que sistemáticamente están apoyadas en las redes sociales, apoyadas ideológicamente y apoyadas financieramente en actores externos a la Unión Europea, no buscan el beneficio de los españoles y de los europeos; están con aquellos que lo que quieren hacer es dividirnos para debilitarnos y finalmente diluir ese proyecto europeo contra los intereses de los españoles.
En muchas ocasiones utilizan el fenómeno migratorio porque saben que no hay nada más divisivo que la migración en estos momentos entre europeos, ni nada que sea un combustible electoral mayor para la extrema derecha, como la migración, obviando que sin los migrantes que han llegado en los últimos años nuestras economías no podrían crecer al nivel al que lo están haciendo, que sectores enteros de la economía tan importantes como la agricultura, la hostelería, la restauración probablemente colapsarían y se pararían por falta de mano de obra. Y, por lo tanto, lo que tenemos que hacer es confrontar y decirle la verdad a nuestros ciudadanos: que la mayor parte de los migrantes entran de manera regular y que, mientras que la desigualdad en el mundo sea la que es, seguirá habiendo presión migratoria y, sobre todo, que no escuchen falsos cantos de sirena de aquellos que vienen de fuera de la Unión Europea, aunque también se alíen con las fuerzas de extrema derecha dentro de la Unión Europea.
No están pensando en su beneficio, todo lo contrario: quieren desmoronar el proyecto europeo, muy en particular quieren desmoronar un Gobierno como el de España, profundamente europeísta y progresista, porque saben que Europa es en estos momentos el último faro que defiende el derecho internacional, la paz mundial y el progreso con redistribución y con justicia social.
¿Qué evolución cree que pueden tener los conflictos en Ormuz y Ucrania?
En primer lugar, España tiene una política exterior que es coherente y que se basa en los mismos principios, sea en Ucrania o en Oriente Medio, y que dice lo mismo, con la misma intensidad, ante cualquiera. En ambos escenarios estamos asistiendo a algo que es terrible y es que la guerra está sustituyendo a la política exterior. Se ha convertido en un instrumento más de política exterior. Da la impresión de que hoy en día uno puede escoger entre la negociación, el diálogo, la diplomacia para alcanzar sus objetivos nacionales de política exterior o directamente la guerra para imponerlos. Nunca vamos a tolerar la ley de la selva, la ley del más fuerte.
En Ucrania tenemos una guerra de agresión que viola el derecho internacional, que viola el derecho internacional humanitario, que sitúa a los civiles como objetivos militares sin ninguna distinción con respecto a los objetivos militares, y eso es un crimen de guerra. Y, por lo tanto, lo que estamos observando es que por parte de Rusia no hay ningún interés, no ya en una paz genuina, sino simplemente en un alto el fuego o en una negociación.
En Ormuz también vemos cómo se está violando el derecho internacional. El libre paso, la libre navegación por los estrechos y ningún tipo de cortapisa para nadie ni de pago de canon es un elemento central del derecho internacional y de cómo nos relacionamos los Estados y, por lo tanto, nosotros condenamos ese bloqueo del estrecho de Ormuz, como condenamos los ataques injustificados de Irán a los distintos países del Golfo o el que están realizando los hutíes en Bab el-Mandeb.
Y lo que eso demuestra es que, al final, solamente a través de la diplomacia y la negociación podremos volver a encontrar estabilidad. Nunca a través de la guerra llega ni la democracia ni la prosperidad ni la paz. Llega a través de la diplomacia y de la negociación.