El Niño recortaría hasta 1,7 puntos del Producto Interno Bruto de América Latina
sábado, 25 de abril de 2026
Perú y Ecuador enfrentarían lluvias e inundaciones mientras Centroamérica y el norte de Sudamérica sufrirían sequías. La Amazonía de Brasil tendrían menos lluvias
La probabilidad de que el fenómeno climático de El Niño se active entre mayo y julio de 2026 subió a 61%, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, encendiendo las alertas en América Latina por posibles impactos en el crecimiento económico, la inflación y la producción de alimentos. Aunque la Organización Meteorológica Mundial advierte que aún no se puede confirmar un evento fuerte, expertos coinciden en que el riesgo es creciente y que la región podría enfrentar sequías, inundaciones y presiones energéticas en la segunda mitad del año.
De materializarse con fuerza similar al episodio de 2016, El Niño podría desacelerar el crecimiento económico en América Latina. En la región andina, por ejemplo, el PIB podría reducirse entre 0,6 y 1,7 puntos porcentuales. A esto se suman presiones fiscales, debido al aumento del gasto público para atender emergencias, en un contexto de menor recaudo tributario. La inflación también podría verse impulsada, especialmente por el encarecimiento de alimentos y energía.
El comportamiento del fenómeno no será uniforme. Mientras países como Perú y Ecuador enfrentarían lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos, amplias zonas de Centroamérica y el norte de Sudamérica experimentarían sequías, olas de calor y estrés hídrico. En la Amazonía y el norte de Brasil, el panorama es especialmente crítico: menos lluvias, altas temperaturas e incendios forestales. En contraste, el sur de Brasil, Uruguay y el noreste argentino podrían registrar precipitaciones excesivas.
El sector agrícola es uno de los más vulnerables. Se estima que absorbe hasta 26% de los daños por desastres climáticos, y hasta 82% en eventos de sequía. Cultivos clave como maíz y soja están entre los más expuestos.
En Colombia, la situación es especialmente delicada. Según expertos, cultivos como arroz, maíz, café, papa y caña de azúcar podrían verse seriamente afectados por la reducción de lluvias. La meteoróloga Leidy Rodríguez dijo que “los efectos más notorios suelen ser la disminución de las precipitaciones en regiones como el Caribe y la Andina, junto con aumento de temperaturas y presión sobre los recursos hídricos”.
Energía en jaque
El impacto también se extiende al sector energético. América Latina depende en cerca de 50% de la energía hidroeléctrica, lo que la hace altamente vulnerable a la reducción de lluvias. Cuando bajan los niveles de los embalses, los países deben recurrir a plantas térmicas, que son más costosas y contaminantes. Países como Paraguay, Colombia y Costa Rica, altamente dependientes del agua para generar electricidad, podrían enfrentar aumentos en costos y emisiones.
“El contexto climático en América Latina y en Colombiase caracteriza por una alta variabilidad, con posible transición a condiciones El Niño en el segundo semestre”, explicó Douglas Eduardo Molina Orjuela, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Alertó que el fenómeno se suma a tendencias de cambio climático que ya están elevando temperaturas, aumentando eventos extremos y generando impactos que podrían alcanzar pérdidas cercanas a 6% del PIB regional hacia 2030.
Y es que el fenómeno de El Niño ocurre en un contexto de cambio climático acelerado. En la región, las temperaturas ya han aumentado entre 0,7 y 1°C, y podrían subir hasta 5°C hacia finales de siglo.
Colombia, entre lluvias extremas y sequías
El país vive actualmente una fase de lluvias intensas, con más de 600 emergencias registradas en el primer semestre de 2026, incluyendo inundaciones y deslizamientos. Sin embargo, el posible tránsito hacia El Niño podría revertir el panorama en la segunda mitad del año. Se prevé una disminución de precipitaciones, aumento de temperaturas, incendios forestales y riesgo de desabastecimiento de agua. Este contraste refleja la alta variabilidad climática que enfrenta Colombia. Los expertos coinciden en que la clave está en la anticipación.