El presidente Santos y la Asamblea General de la ONU

Luis Fernando Vargas Alzate

De nuevo en septiembre y con su llegada está la posibilidad de reunir a los presidentes, primeros ministros y líderes gubernamentales de todos los Estados que oficialmente tienen reconocimiento por parte del Sistema de Naciones Unidas, en procura de ofrecer algún tipo de solución a las problemáticas más serias que afronta el sistema internacional contemporáneo.

Sin embargo, este año el debate multilateral resulta supremamente complejo, pues desde diferentes puntos geográficos aparecen delicados asuntos por superar. Si bien la lista resulta larga y compleja, existen cuatro aspectos que no pasarán desapercibidos en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

Se trata de los siguientes temas, todos ellos de alta relevancia: la guerra civil en Siria; el conflicto entre Japón y China por el archipiélago de las Diaoyu; la tensa situación entre Irán e Israel a causa del avance nuclear del país persa y la reticencia israelí a aceptar su rol regional; y la posibilidad de que en Colombia se ponga fin a un conflicto de más de cuatro décadas de duración.

Sobre las tres primeras problemáticas será difícil lograr acercamientos que conduzcan a poner fin a las actuales situaciones. Ya la misma organización se desgastó profundamente intentando mediaciones entre los actores involucrados en el conflicto sirio. La figura de Kofi Annan no fue suficiente para intentar un acuerdo de finalización. Seguramente no bastará con que el presidente Obama adopte posiciones tan enérgicas como las expresadas el pasado martes en su intervención. Así mismo, la delicada y tensa relación entre Tokio y Beijing está coincidiendo con la escalada de tensiones entre Israel e Irán.

Pero en otra vía está el caso colombiano. Éste tiene sus propias motivaciones. El presidente Juan Manuel Santos se ha ocupado en desarrollar encuentros bilaterales con actores de trascendencia en la arena internacional. Antes de ello tuvo la oportunidad de compartir en la Universidad de Kansas con la comunidad académica de un centro de pensamiento que actuó como excelente anfitrión con su ilustre egresado. La agenda está cargada de temas comerciales, de inversión y de cooperación, a ser tratados con Japón, Turquía y el Reino Unido, entre otros.

Sin embargo, el tema de fondo es el expuesto ante la Asamblea General. Aparte del replanteamiento al tema de las drogas, existen altas expectativas frente al aún incipiente proceso de diálogo y concertación con la insurgencia. El objetivo del gobierno nacional es lograr legitimidad y soporte para el mismo por parte de la comunidad internacional. Puede decirse que esa es la razón fundamental por la cual el mandatario colombiano tomó la decisión de llevar dicha temática como eje central de su intervención ante los jefes de Estado y gobierno.

Dadas las condiciones en las que Colombia se mueve hoy, no será difícil que la propuesta de adelantar un proceso de paz goce de un aval multilateral y que surjan apoyos desde diferentes partes del mundo para que Colombia ponga, de una vez por todas, punto final a una situación que durante años le ha impedido ser real protagonista de las relaciones internacionales. Santos le está apuntando a aprovechar el buen momento de la imagen del país en el terreno económico y los demás actores del orden doméstico deberían sintonizarse con ese extraordinario reto.

Está en manos de cada quien evaluar el desafío que se avecina y determinar su apoyo para que Colombia tome el rumbo que se le demanda con frecuencia por parte de múltiples actores del orden global. Incluso teniendo en cuenta los elevados costos de la amnistía y el indulto a que se pueda llegar.

Es prioritario aprovecharse de las circunstancias; hoy mucho se habla de Colombia y se pregunta periódicamente qué va a pasar con la posibilidad de un diálogo de paz. Hay que tomar ventaja de ello vinculando en el proceso a los Estados más fuertes; a los líderes más creíbles.

TEMAS


Juan Manuel Santos - ONU