El resurgimiento del carbón está creando divisiones en el corazón energético de Canadá
domingo, 11 de octubre de 2026
La empresa, filial de Hancock Prospecting, ha invertido más de US$105 millones en el proyecto, que produciría 2,5 millones de toneladas anuales de carbón metalúrgico y generaría 400 empleos, pero enfrenta oposición por sus posibles impactos ambientales
Bloomberg
En la cima de Grassy Mountain, a unos 2.042 metros sobre el nivel del mar, se observan vetas de carbón incrustadas en la ladera, vestigios de la actividad minera que se desarrolló en esta zona de las Montañas Rocosas, en el suroeste de Alberta, desde principios hasta mediados del siglo XX.
Otras antiguas minas también se encuentran dispersas por los pintorescos pueblos de montaña del lado oriental de la divisoria continental. La industria abandonó la región hace décadas, después de que el desplome de los precios y la demanda hiciera que la extracción dejara de ser rentable.
Sin embargo, Grassy Mountain todavía tiene grandes reservas de carbón. La zona se ha convertido en el centro de una disputa que lleva años, en la que las expectativas económicas de las poblaciones cercanas chocan con las preocupaciones ambientales de las comunidades y los ganaderos que viven aguas abajo. Esta vez, la demanda no está relacionada con la calefacción de los hogares canadienses, sino con el suministro a las acerías de China, Japón, Corea del Sur, India y otros países asiáticos.
Casi 60 años después del cierre de la mina, los habitantes de la región vuelven a depositar sus esperanzas de recuperación económica en esta ladera. Northback Holdings Corp., filial de Hancock Prospecting Pty., propiedad de la multimillonaria australiana Gina Rinehart, trabaja para reabrir la antigua explotación.
Se trata del segundo intento de la compañía, después de que una solicitud anterior fuera rechazada en 2021 por un panel de revisión conjunto federal y provincial, debido a las preocupaciones sobre los posibles efectos del proyecto en el ecosistema acuático cercano. Brad Johnston, director ejecutivo de Northback, considera que la empresa puede corregir las deficiencias de su primera propuesta y avanzar en la recuperación de la montaña, incluida la rehabilitación de buena parte del antiguo emplazamiento minero que todavía no ha sido restaurado.
Hancock ha invertido más de una década de trabajo y más de 150 millones de dólares canadienses, equivalentes a US$105 millones, en un proyecto que enfrenta una fuerte oposición y cuya entrada en operación tardaría al menos cuatro años. La compañía promete reducir aproximadamente 40% sus planes iniciales, para producir 2,5 millones de toneladas métricas anuales en lugar de cuatro millones. También plantea intensificar las labores de recuperación ambiental durante la extracción, construir una planta de tratamiento de agua y permanecer en la zona durante años después del cese de la producción.
La persistencia de la compañía responde a sus previsiones de una posible escasez de oferta en el mercado mundial durante la próxima década y a la expectativa de que los precios se mantengan muy por encima de los costos de extracción.
La propuesta y otros proyectos similares han generado controversia en Alberta, una región tradicionalmente favorable al desarrollo de los recursos naturales, tanto por el respaldo de la opinión pública como por las políticas gubernamentales. El cantante de música country Corb Lund encabezó este año una campaña de recolección de firmas para frenar la minería de carbón en las laderas orientales de las Montañas Rocosas. Sin embargo, no consiguió forzar una votación provincial sobre el tema este mes. Una encuesta reciente mostró que la mayoría de los ciudadanos habría respaldado su posición en un referéndum.
La controversia también pone de manifiesto un aspecto poco conocido de la industria carbonífera canadiense. El consumo interno de carbón ha disminuido considerablemente, a medida que los gobiernos han reducido su utilización para generar electricidad. No obstante, en los puertos de la costa occidental del país, este mineral continúa siendo el principal producto comercializado. El año pasado, desde Vancouver se exportaron aproximadamente 39,9 millones de toneladas métricas de carbón, frente a los 30 millones de toneladas de productos derivados del petróleo.
Aunque la provincia de Columbia Británica concentra actualmente la mayor parte de la producción de carbón, Alberta ha recibido varias propuestas de explotación durante los últimos años. Recientemente, el gobierno provincial aprobó una ampliación de la mina de carbón Vista, ubicada en Hinton, cerca del Parque Nacional Jasper. Con este proyecto, la explotación se convertirá en la mayor mina de carbón térmico de América del Norte.
Alrededor de 70% del suministro mundial de acero depende del carbón metalúrgico, y Canadá ocupa el quinto lugar entre los mayores proveedores mundiales, con exportaciones que alcanzan aproximadamente 9.000 millones de dólares canadienses.
Northback no es la única compañía que busca desarrollar nuevos proyectos de este tipo en las Montañas Rocosas. Al noroeste de Calgary, Valory Resources Inc. promueve Blackstone, una mina subterránea de carbón metalúrgico en el condado de Clearwater, además de otra explotación denominada Mina 14, cerca de la localidad de Grande Cache.
En Columbia Británica, Conuma Resources Ltd. reabrió una mina cerca de Tumbler Ridge en 2024. Asimismo, un proyecto similar fue incluido en el catálogo de iniciativas de la provincia destinado a atraer inversionistas internacionales. Por su parte, Glencore Plc busca ampliar su yacimiento de Fording River para mantener una producción anual de 10 millones de toneladas métricas.
Johnston, quien asumió la dirección ejecutiva de Northback en julio, afirma que todo el carbón extraído en Grassy Mountain se destinará a la exportación desde la costa occidental de Canadá, principalmente a través de los puertos de Vancouver y Prince Rupert. Según las proyecciones de la compañía, la mina podría ser rentable durante su vida útil prevista de 25 años, impulsada por la fuerte demanda asiática de carbón metalúrgico. Entre los posibles compradores, el directivo menciona a Japón, Corea del Sur, Vietnam, Malasia e India.
El carbón de Grassy Mountain también tendría la calidad necesaria para abastecer a los productores de acero europeos. "El mundo quiere este carbón, lo necesita", afirma Johnston.
La propuesta representaría una fuente importante de empleo para las cinco comunidades mineras históricas ubicadas cerca de Grassy Mountain. Según un informe elaborado para la compañía por EY, Johnston destaca que la operación requeriría alrededor de 400 empleos de tiempo completo y generaría ingresos gubernamentales por 2.200 millones de dólares canadienses durante toda su vida útil.
La empresa ya patrocina organizaciones locales y ha contratado residentes de la región para desarrollar trabajos preparatorios, incluido un contratista de seguridad perteneciente a las Primeras Naciones. Johnston prevé presentar una nueva solicitud en los próximos meses y contempla la posibilidad de inaugurar las instalaciones a finales de 2030, siempre que obtenga la aprobación regulatoria.
El directivo reconoce que la primera solicitud de la compañía no respondió adecuadamente a las preocupaciones sobre el impacto ambiental. Un panel conjunto de revisión federal y provincial concluyó que el proyecto «no era de interés público» y que perjudicaría a la población cercana de trucha degollada de laderas occidentales. Aunque Johnston considera que la nueva propuesta ha mejorado lo suficiente para superar los obstáculos regulatorios, reconoce que existe una oposición considerable a la minería del carbón.
"Hay quienes se oponen a lo que hacemos, sin importar lo bien que lo hagamos ni los sistemas de control que propongamos implementar", afirma. La empresa, agrega, está dispuesta a responder preguntas sobre la gestión ambiental. Además, señala que el apoyo de las comunidades "no es incondicional, y esperan que generemos empleos y beneficios económicos, pero de una manera ambientalmente responsable".
Para Heather Exner-Pirot, directora de energía, recursos naturales y medio ambiente del Instituto Macdonald-Laurier, el respaldo público a los proyectos energéticos en Canadá ha aumentado desde que la administración del presidente estadounidense Donald Trump comenzó a presionar al país en materia comercial. Sin embargo, explica que la mayor atención se ha concentrado en el petróleo y el gas, y no necesariamente se ha extendido al carbón.
"Creo que la mayoría de la gente, incluso en Canadá, no es consciente de que el carbón metalúrgico es nuestra principal exportación en volumen desde el puerto de Vancouver y el puerto de Prince Rupert, y que, en términos de ingresos, después del oro, suele ser nuestro producto mineral de mayor producción", afirma Exner-Pirot.
La especialista señala que las poblaciones más cercanas a la mina propuesta tienden a respaldar el proyecto, mientras que las comunidades más alejadas se oponen. En Crowsnest Pass, el municipio más próximo a Grassy Mountain, más de 70% de los votantes apoyó la mina en un plebiscito celebrado en 2024. En contraste, varios consejos municipales ubicados aguas abajo, incluido el de Lethbridge, la cuarta ciudad más grande de Alberta, han manifestado una oposición firme.
Aunque el gobierno federal del primer ministro Mark Carney impulsa proyectos de "construcción nacional" para estimular la actividad económica y fortalecer las conexiones entre provincias, el carbón extraído en el oeste de Canadá no se destinaría a las acerías del sur de Ontario y Quebec. El costo del transporte ferroviario a través del país hace que esa alternativa resulte demasiado costosa para las siderúrgicas.
En consecuencia, la demanda está impulsada por los mercados asiáticos y por el interés de esos países en abastecerse de carbón canadiense producido bajo estándares de responsabilidad ambiental. «Si eres Japón o Corea, es posible que estés dispuesto a pagar un precio superior por un producto mejor gestionado desde el punto de vista ambiental y social», afirma Exner-Pirot.
El acero está presente en productos que van desde las baterías hasta las grandes infraestructuras energéticas, explica Ian Lange, profesor de la Escuela de Minas de Colorado. Por ello, la demanda de acero y, en consecuencia, de carbón metalúrgico puede considerarse un indicador de la actividad económica mundial. Según Lange, Alberta es uno de los lugares más atractivos para la extracción de recursos naturales debido a su entorno regulatorio favorable y al acceso relativamente sencillo a los puertos del Pacífico. Al mismo tiempo, las compañías mineras han intensificado sus esfuerzos para demostrar que pueden proteger el medio ambiente.
No obstante, Lange advierte que «es muy difícil decir con certeza que esto no será un problema dentro de 30 o 40 años».
La oposición ambiental a la expansión minera en las Montañas Rocosas también está relacionada con las sanciones impuestas a varias empresas durante los últimos años por problemas de contaminación del agua. En 2021, las minas de carbón de Columbia Británica recibieron multas federales por 60 millones de dólares canadienses debido a infracciones ambientales. En 2023, se impusieron otras sanciones provinciales por 16 millones de dólares canadienses.
Más recientemente, en julio pasado, Elk Valley Operations Ltd., propiedad de Glencore, recibió una multa adicional de 269.000 dólares canadienses, en el marco de una resolución más amplia por 3,6 millones de dólares canadienses. Las sanciones estuvieron relacionadas con retrasos en la construcción de plantas de tratamiento de agua y 171 infracciones de los estándares de calidad del agua vinculadas al selenio.
Las inquietudes sobre la calidad del agua también se extienden al sur de la frontera canadiense. Un estudio de 2024 del Servicio Geológico de Estados Unidos encontró indicios de contaminación por selenio hasta a 560 kilómetros de la mina de Elk Valley, a lo largo del río Columbia, además de señales de contaminación en otros cursos de agua transfronterizos.
Aunque las tierras de la familia de Lund no están amenazadas por la reapertura de Grassy Mountain, su residencia en Lethbridge se abastece de la cuenca hidrográfica de los alrededores de la montaña. El cantante afirma que ha observado cómo el debate ha atravesado distintas corrientes políticas en una provincia mayoritariamente conservadora y favorable al desarrollo de los recursos naturales.
"Muchos habitantes de Alberta consideran las Montañas Rocosas como el alma de la provincia, y eso incluye a una buena parte de la base conservadora, compuesta por cazadores, pescadores, ganaderos y agricultores de regadío", explica Lund. "Así que no se trata solo de una cuestión de izquierda o derecha. Es un tema muy importante para mucha gente aquí".
Lund lleva casi siete años involucrado en la oposición al proyecto. Afirma que, durante ese tiempo, han sobrevivido a dos primeros ministros y a varios directores ejecutivos de compañías carboneras, y que continuarán haciendo todo lo posible para impedir nuevas actividades mineras en las Montañas Rocosas cercanas.
Lucas Michalsky, un ganadero que vive a unos 20 minutos al este de Grassy Mountain, tiene una visión distinta sobre el impacto de la mina. "Somos el rincón olvidado de Alberta", afirma. Su familia trabajó en minas de carbón de la región después de emigrar de Polonia a principios del siglo XX.
La propuesta de reapertura de Grassy Mountain ha renovado las expectativas de los residentes locales de acceder a empleos de mayor calidad. "Northback ha invertido decenas de millones de dólares en la zona", señala Michalsky. "Todos los que se oponen al carbón no han invertido ni un centavo en nuestra comunidad".