En medio de la crisis financiera, Argentina se enfrenta a sus peores pesadillas

La desconfianza y las dudas han vuelto a poner al país austral al borde del abismo.

Expansión

En diciembre se cumplirán tres años desde que el liberal Mauricio Macri accediera a la presidencia de Argentina. Su llegada fue jaleada por los mercados internacionales y los sectores empresarial y financiero del país.

En pocos meses, Macri consiguió poner punto y final a catorce años de litigios con los denominados Fondo Buitre y recuperar la confianza de los inversores en la economía argentina que, desde su vuelta a los mercados el pasado año, ha colocado con éxito miles de millones de dólares. Las expectativas eran inmejorables: tras doce años de kirchnerismo y una grave crisis que afectó en mayor o menor medida a todos los países latinoamericanos, Argentina quitaba por fin el cerrojo a su economía y acumulaba optimismo en sus previsiones de crecimiento.

Sin embargo, los buenos augurios comenzaron a torcerse durante la pasada primavera. En mayo el peso argentino inició una senda de desplome frente al dólar, dentro de un contexto de turbulencias generalizadas en los mercados emergentes. Macri se vio forzado en junio a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) ante el desánimo de la población argentina, que se imaginó retrotraída al doloroso 2001, a los tiempos de la hiperinflación y el corralito; la última vez en que la economía del país tocó fondo. Hoy, diecisiete años después, los argentinos viven una suerte de déjà vu. El FMI prestará a Argentina 50.000 millones de dólares a cambio, eso sí, de una serie de medidas de austeridad que buscarán lograr una estabilidad económica que le sigue siendo esquiva al país. A finales de julio, el organismo multilateral que dirige Christine Lagarde redujo las previsiones de crecimiento para Argentina desde el 2% que había augurado apenas tres meses atrás hasta el 0,4%. Esta misma semana, el Banco Central argentino, en su último boletín REM (Resultados del Relevamiento de Expectativas de Mercado), pintaba un futuro aún más negro para el Producto Interior Bruto (PIB) del país. El consenso de economistas consultados por la entidad asegura que la economía argentina se contraerá un 1,9% este año y que la inflación superará el 40%, mientras que el peso seguirá debilitándose frente al dólar hasta casi un 42%.

De cara a 2019, las previsiones mejoran algo: los economistas prevén un crecimiento del 0,5% -lejos del 1,5% de expansión que augura el Gobierno de Macri- aunque la economía argentina nunca se ha caracterizado precisamente por su predictibilidad.

A pesar de que el Gobierno asegura que la línea de crédito del FMI hará posible que el país pague a sus acreedores tanto este año como el que viene (alejando así el fantasma de la suspensión de pagos), lo cierto es que las medidas de austeridad que persiguen alcanzar el equilibrio fiscal en 2019 -la principal, el impopular arancel impuesto a las exportaciones- van a dejar huella tanto en la economía como en la sociedad argentina y ponen en jaque la carrera política de Macri, que ha achacado al “entorno internacional” la falta de confianza de los prestamistas.

El presidente argentino, que llegó a la Casa Rosada liderando una coalición de partidos, ha presentado los recortes como “antipáticos” pero “inevitables”. “No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades, no podemos gastar más de lo que ingresamos”, aseguró el mandatario el pasado lunes. El miércoles calificó la situación económica de “transición”, pero también de “emergencia” y el jueves, Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda de Argentina, reconoció que la recuperación “va a ser lenta”.

Causas y consecuencias
Aunque es cierto que las turbulencias en los mercados emergentes han arrastrado a Argentina hacia la crisis actual, el Ejecutivo de Macri tampoco ha sido capaz en estos tres años de construir un sistema lo suficientemente sólido para soportar los vaivenes del contexto económico internacional.

“Macri no ha sabido gestionar la economía, infravaloró la situación estructural y no tuvo en cuenta la fuerte dependencia de las materias primas o lo obsoleta que está la industria del país; tampoco ha controlado la inflación que es, al final, lo que hace más daño a los ciudadanos”, explica Anna Ayuso doctora en Derecho Internacional Público y Master en Estudios Europeos por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigadora sénior para América Latina de CIDOB -think tank dedicado al estudio y el análisis de asuntos internacionales-.

BBVA Research, en su último informe sobre la situación de la economía argentina, abunda en esa idea: “La consolidación fiscal y los avances de productividad logrados por Argentina fueron, a ojos de los mercados, demasiado lentos como para asegurar la sostenibilidad de los ratios de deuda en un entorno global de fuerte caída de la liquidez y los flujos hacia emergentes”.

Gabriel Torres, analista sénior de Moody’s a cargo de la calificación de Argentina, recuerda que el suyo es un país “con grandes desequilibrios estructurales” pero, también, “con una mala historia”. “En otros países, cuando surgen dudas, los primeros que abandonan el barco son los inversores extranjeros; en Argentina, sin embargo, son los locales los que, ante la mínima duda de lanzan a comprar dólares”, explica Torres.

El analista de Moodys cree que recuperar la confianza de los inversores llevará años y que Argentina pagará con una recesión la salida de la situación actual. “La economía seguirá en retroceso hasta el primer trimestre de 2019; en el segundo trimestre dejará de caer”, augura Torres.

Futuro político
El colapso de la economía llega en un momento inoportuno para Macri, a poco más de un año de las próximas elecciones presidenciales, que se celebrarán en octubre de 2019. Los recortes en el gasto afectarán especialmente a las clases más desfavorecidas -en Argentina la tasa de pobreza está situada en el 30%-, aunque también a las clases medias bajas, que no tienen recursos suficientes para ahorrar en dólares.

El caladero de votos de Macri se encuentra principalmente en las dolarizadas clases altas, aunque las medias son las que suelen inclinar la balanza en las elecciones y ahí es dónde el actual presidente del país lo va a tener más complicado. “En la política argentina un año es mucho tiempo, aunque la historia juega en contra de Macri, porque ningún presidente no peronista ha sido reelegido jamás para un segundo mandato”, recuerda Anna Ayuso.

Otro factor en su contra puede ser su imputación esta semana por parte de un fiscal argentino que le acusa de “abuso de autoridad” por haber solicitado ayuda al FMI sin consultarlo previamente al poder legislativo. Que esta acusación avance o no depende ahora de la decisión de un juez federal.

Por el contrario, a su favor juega la fragmentación del peronismo, que sigue enfrentado y sin un líder claro a pocos meses de que comience la campaña electoral. Es muy probable que Macri sufra un fuerte desgaste a causa de las impopulares medidas de recorte que se ha visto obligado a aprobar, pero ahora mismo no tiene rival.

“Los argentinos podrían optar por un cambio hacia políticas menos liberales, aunque para ello hace falta un candidato que apoyen los sindicatos”, explica la experta del Cidob. “La gente no quiere volver al pasado, pero alternativas hay pocas”, añade Ayuso.

TEMAS


Mauricio Macri - Economía argentina - Argentina - FMI - Lagarde