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Equipos comerciales de EE.UU y Canadá se reunirán ante inminencia de plazo para aranceles

Bloomberg

Según algunas fuentes, se espera que el acuerdo reduzca el arancel máximo sobre los vehículos fabricados en Canadá de 25% a 15%

Reuters

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Los principales negociadores comerciales de Canadá y Estados Unidos se reunirán por tercer día consecutivo este viernes en Washington para intentar cerrar un acuerdo comercial antes de que entren en vigor el sábado los nuevos aranceles con los que amenaza Washington.

Un acuerdo podría suponer un respiro en lo que han sido 18 meses de relaciones tensas, que comenzaron cuando el presidente Donald Trump impuso aranceles a importaciones clave procedentes de Canadá, lo que llevó a Ottawa a tomar represalias con un conjunto de contramedidas.

Trump afirma que impondrá un nuevo gravamen de 50% sobre productos canadienses por valor de unos US$20.000 millones a las 0401 GMT del sábado si no se alcanza un acuerdo.

El ministro canadiense responsable del comercio con Estados Unidos, Dominic LeBlanc, tiene previsto reunirse con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, a las 11:30 hora local (1530 GMT), informó la oficina de LeBlanc en un comunicado.

LeBlanc se reunió con Greer durante más de tres horas el jueves y afirmó que ambas partes están "muy cerca" de alcanzar un acuerdo, aunque añadió que aún queda trabajo por hacer.

Incluso si se llega a un acuerdo, al primer ministro Mark Carney le podría resultar difícil convencer a los canadienses y a los influyentes gobernantes de las diez provincias. Una encuesta de opinión de Léger reveló el miércoles que 56% de los canadienses quiere que Carney no haga más concesiones.

Según algunas fuentes, se espera que el acuerdo reduzca el arancel máximo sobre los vehículos fabricados en Canadá de 25% a 15% y reduzca a la mitad los gravámenes al acero y el aluminio canadienses, a 25%. Ontario, uno de los principales productores de acero y aluminio, quiere que se eliminen los aranceles.

Carney está instando a las principales provincias a que revoquen su prohibición de la venta de alcohol estadounidense, lo cual supone un gran motivo de irritación para Washington.

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