Esta semana será decisiva para Grecia y la Zona Euro

Expansión

Tras dos elecciones generales en apenas dos meses (mayo y junio) y haberse erigido en la primera candidata para abandonar el euro por su incapacidad para cumplir con el duro programa de ajustes y reformas impuesto por sus socios, Grecia afronta una semana que puede resultar crucial para su futuro y para el de la zona euro en su conjunto.

La canciller alemana Angela Merkel se reunirá el próximo viernes con el primer ministro griego Andoni Samarás (previamente, el jueves, lo hará con el presidente francés, François Hollande, quien a su vez se reunirá el sábado con Samarás), una reunión en la que el jefe de Gobierno heleno podría solicitar más tiempo para cumplir su programa de austeridad, que le obliga a afrontar ahorros adicionales de 11.500 millones en dos años (2013 y 2014).

 
Aunque algunas voces han sugerido que Alemania podría mostrarse indulgente con Grecia, consciente de lo que se juega Europa en el envite, la postura oficial del Gobierno germano deja a priori poco espacio a las concesiones: el respaldo financiero a Atenas "no puede ser un pozo sin fondo, como dijo ayer el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. Entre otras razones porque, como señaló el sábado el ministro de Exteriores germano, Guido Westerwelle, Alemania no quiere asumir el riesgo de que eventuales concesiones a Grecia puedan ser mal interpretadas por otros países en dificultades, entre ellos España.
 
Ajustes con retraso
 
Grecia necesita convencer a la troika (Comisión Europea, BCE y FMI) de que es capaz de cumplir los compromisos adquiridos para poder desbloquear un nuevo tramo de la ayuda internacional con el que satisfacer sus necesidades financieras más perentorias. Una misión harto complicada con una economía que se contrae a tasas del 6% y que, con motivo de la repetición de los comicios generales, ha vivido un parón político e institucional de varios meses… Meses en los que no se han implementado las medidas de consolidación fiscal acordadas con sus acreedores internacionales.
 
Estas circunstancias harán, según Standard & Poor's, que Grecia precise, probablemente, más financiación a corto y medio plazo de la prevista en un principio, lo que no hace más que empeorar su ya de por sí complicada posición en el tablero de la zona euro.
 
Hartazgo alemán
 
El hartazgo de Alemania hacia el díscolo socio griego empieza a ser más que evidente, como demuestra que en Europa se discuta ya más o menos abiertamente sobre una hipotética salida del país heleno del euro, hasta el punto de que el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, asegurase el 7 de agosto que la eventual marcha de Grecia de la moneda única no es deseable aunque, de producirse, sería un escenario asumible para el resto de Estados miembros.
 
Una afirmación arriesgada. Y no sólo por el impacto económico que su salida podría tener sobre la ya muy debilitada economía de la región (algunos expertos estiman que el PIB de España se contraería un 2% adicional si eso sucediera), máxime si ésta se produce de forma desordenada, sino porque constataría que el euro no es un proyecto consistente y compacto, abriendo la puerta a posibles nuevos abandonos en el futuro, especialmente de aquellas economías más cuestionadas por los mercados, como España e Italia.
 
Grecia se ha convertido en un quebradero de cabeza permanente para la eurozona, un puzle sin resolver que apenas representa el 2% del PIB del conjunto de la Zona Euro pero que ya ha marcado un antes y un después en la historia de la moneda única y que, sin duda, va a condicionar muy seriamente su futuro. Europa se enfrenta a un arduo dilema, al tener que elegir entre dejar caer al problemático socio griego o intentar preservar, como sea, la unidad de la divisa única. Y ambas presentan serias contraindicaciones.