Estados Unidos pone a Cuba en la mira tras el cambio de poder en Venezuela
viernes, 23 de enero de 2026
The Wall Street Journal reveló que la Casa Blanca busca interlocutores dentro del poder cubano mientras asfixia la economía de la isla cortando el petróleo
La noche del 3 de enero, cuando las luces de Caracas se apagaron tras la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro, en Washington alguien tomó nota. No solo había caído el principal aliado de Cuba. Había quedado expuesto, también, el eslabón más frágil de una cadena que durante décadas sostuvo al régimen de La Habana. Desde entonces, Cuba volvió a convertirse en objetivo.
Una investigación de The Wall Street Journal reveló que la administración de Donald Trump evalúa si 2026 puede ser el año en que se rompa un ciclo de casi siete décadas de poder comunista en la isla. Aunque no hay un plan escrito, su convicción es que Cuba hoy está más débil que nunca.
La advertencia de Trump
El 11 de enero, Trump escribió en sus redes sociales “no habrá más petróleo o dinero yendo a Cuba. Les sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo, antes de que sea tarde”. En Washington, según el diario, el mensaje tenía un destinatario claro. La Casa Blanca cree que la economía cubana está tan cerca del colapso que cualquier shock adicional podría ser definitivo. Sin petróleo venezolano, sin divisas médicas, sin margen político.
Durante más de veinte años, el crudo subsidiado de Venezuela mantuvo encendidas las luces de la isla. Ese flujo comenzó a secarse con la crisis venezolana y terminó de romperse con la caída de Maduro.Economistas citados por WSJ advierten que Cuba podría quedarse sin petróleo en cuestión de semanas. El resultado sería apagones totales, transporte paralizado y producción detenida. Estados Unidos lo sabe y apuesta a ese asfixiamiento. Al mismo tiempo, ha comenzado a golpear la otra gran fuente de oxígeno: las misiones médicas en el extranjero, hoy restricciones de visas.
El precedente que inquieta
En privado, funcionarios estadounidenses reconocen que no han amenazado con una intervención militar en Cuba. Pero tampoco creen que haga falta. La operación en Caracas funciona como advertencia. La captura de Maduro fue posible gracias a un colaborador interno. Y tuvo un costo que La Habana no pasó por alto: 32 soldados y agentes de inteligencia cubanos murieron mientras protegían al líder. El mensaje, según fuentes citadas por el diario, es que ningún círculo de poder es impenetrable.
Según la investigación, funcionarios han sostenido encuentros con exiliados y grupos cívicos en Miami y Washington con el objetivo de identificar a alguien dentro del aparato estatal cubano que esté dispuesto a “ver lo inevitable” y cerrar un acuerdo. Pero ese objetivo enfrenta un obstáculo. Cuba no es Venezuela. Es un sistema de partido único, sin oposición legal ni una sociedad civil organizada que facilite una transición.
Para el analista político e internacional, John Mario González, lo que ocurre hoy con Cuba no es una sorpresa. Es, señaló, la consecuencia lógica de un modelo que lleva décadas sobreviviendo no por eficiencia, sino por auxilios externos sucesivos.
De acuerdo con González, fue el respaldo financiero y energético de la Unión Soviética, que sostuvo a Cuba hasta el colapso del bloque socialista a comienzos de los años noventa. Luego vino un breve respiro con la apertura al turismo internacional, que aportó divisas pero nunca transformó la estructura productiva del país. Y, finalmente, apareció Venezuela. “Ese petróleo fue lo que mantuvo al régimen respirando”. Hoy, ese oxígeno se ha agotado. Y el impacto es visible, incluso para una sociedad acostumbrada a la escasez. “Estamos hablando de un país quebrado”, dijo.
La respuesta desde La Habana
El gobierno cubano ha descartado cualquier posibilidad de negociación bajo presión. El presidente Miguel Díaz-Canel respondió a las señales provenientes de Washington. “No hay rendición ni capitulación posible, ni ningún tipo de entendimiento basado en la coerción o la intimidación”, afirmó recientemente. Mientras tanto, el poder real sigue concentrado en Raúl Castro, de 94 años, en un contexto de creciente malestar social y represión. Organismos de derechos humanos estiman que hay más de 1.000 presos políticos en la isla.