Hacienda

La brecha entre los ricos y los pobres en Colombia creció dos puntos en 10 años

Los ricos en Colombia gastan 15,6 veces más que los pobres de acuerdo con The Economist, mientras que el consumo los últimos 10 años en los hogares subió significativamente

Evelyn Acevedo Rueda

Un análisis reciente realizado por The Economist mostró que Colombia fue el primer país en la región donde la desigualdad entre la población más rica y la más pobre aumentó significativamente, seguido de otros países de Latinoamérica como Ecuador, Argentina y Uruguay. En general, los países más desiguales de la región fueron México, Colombia y Brasil.

El Inequality Ratio mide la relación entre lo que gastan 10% de las personas más ricas y lo que gastan 50% de los más pobres en un mismo país. Una calificación de 10 en esta medición significa que los del decil más rico gastan 10 veces más en promedio que la mitad más pobre.

Aquí fue donde Colombia destacó ya que, de acuerdo con el análisis, los ricos gastaron 15,6 veces más que los pobres en 2025, mientras que para 2015 su gasto era de 13,7 veces. En niveles de dimensión de este aumento, la comparación más cercana de alza sería Ecuador: su medida fue de 9,4 veces el año pasado mientras que hace 10 años era de 8,9 veces.

Gráfico LR

También pudo evidenciarse que el gasto de consumo de los hogares colombianos por persona aumentó en los últimos 10 años y se ubicó en el segundo puesto de la región después de República Dominicana, lo que presenta una paradoja: aunque la creencia es que a mayor consumo existe un crecimiento económico que beneficia a todos por igual, no es una imagen acertada de la realidad. Actualmente en la región hay una correlación negativa muy débil entre el aumento del gasto y el crecimiento en desigualdad, lo que refuta la creencia general.

Clara Pardo, doctora en economía y profesora en la Universidad del Rosario, señala que la mayor parte del gasto de consumo en Colombia en la última década obedece a un aumento de la demanda interna, causada por factores como la migración y la inserción de nuevos consumidores al mercado. Además, resalta que hubo un crecimiento sostenido en el acceso al crédito que financia el gasto privado.

Por ende, el aumento en el gasto no necesariamente ha venido acompañado de un incremento de ingreso real en todos los segmentos de la población. Pardo menciona que la participación de los más ricos en los ingresos totales de Colombia es de las más altas de la región y reitera que aún tenemos los mayores niveles de desigualdad estructural y concentración de riqueza.

En cambio, el panorama cambia bastante si seguimos observando otros países de la región. En el caso de República Dominicana, el país pudo lograr un aumento de gasto en los hogares a la vez que redujo de 13,8 veces a 9,3 veces el margen de gasto de la población más rica. De acuerdo con el Banco Mundial y el Pnud, el Gobierno dominicano redujo el nivel de pobreza de 33,5% en 2014 a 14% en 2024 así como el índice de Gini de 0.445 en 2025 a 0.386 en 2024, a través de políticas de inclusión laboral, mejoras en el sistema de protección social e inversión en infraestructura y acceso a servicios básicos.

LOS CONTRASTES

  • Clara PardoExperta en economía y docente universitaria

    “El país tiene un consumo dinámico, pero también una desigualdad cada vez más persistente, lo que muestra unas estructuras que no redistribuyen los beneficios del crecimiento”.

Ecuador y Argentina muestran una tendencia preocupante. En los últimos 10 años han tenido un crecimiento de gasto muy bajo e incluso negativo y aún así la desigualdad aumenta, lo que muestra un escenario de retroceso social para los sectores más pobres. Venezuela por su lado no tuvo una variación estadística en su proyección de desigualdad, pero su caída de gasto fue tan baja que la métrica de gasto entre el más rico y el más pobre pierde su relevancia y revela el empobrecimiento generalizado que sufrió el país durante los últimos años.

¿Más consumo o menos desigualdad?

El crecimiento económico y del consumo en los hogares latinoamericanos, que se ha visto impulsado por políticas de bienestar social en los países y el aumento del empleo formal, podrían interpretarse como beneficiosos para toda la población en su conjunto. Pero, en términos de bienestar social, no han logrado demostrar por sí solos un orden más equitativo. Así, a largo plazo suele ser más saludable una estructura con consumo moderado y un crecimiento que esté acompañado de políticas que mejoren distribución del ingreso y calidad de vida de todos, señala Pardo.

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