La economía que heredará el próximo presidente del Perú en medio de retos fiscales
lunes, 13 de abril de 2026
Perú llega a un nuevo ciclo político con una economía que creció 3,44% en 2025, en medio de una inflación que en marzo alcanzó 2,38%, Y tasa de interés QUE se mantiene en 4,25%
Perú inicia una nueva etapa política tras la primera vuelta electoral del domingo con una economía que, a primera vista, transmite tranquilidad: crecimiento positivo, inflación controlada, moneda estable y cuentas macroeconómicas ordenadas. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad se esconde una preocupación creciente entre analistas y economistas: el país crece, pero no lo suficiente; avanza, pero por debajo de su verdadero potencial.
El escenario económico que recibe al nuevo ciclo político no es de crisis, pero tampoco de fortaleza expansiva. Es, más bien, un punto intermedio: una economía que ha logrado resistir los choques políticos de los últimos años, pero que ha perdido impulso, dinamismo y capacidad de aceleración sostenida. En otras palabras, un país que mantiene el equilibrio, pero que aún no logra despegar.
Las cifras más recientes confirman este diagnóstico. Perú cerró 2025 con un crecimiento del Producto Bruto Interno de 3,44%, un resultado positivo, aunque moderado frente a lo que el país ha mostrado en otras etapas de su historia económica. Para 2026, las proyecciones del Banco Central de Reserva del Perú apuntan a una expansión cercana a 3%, lo que consolida un patrón de crecimiento estable, pero limitado.
En paralelo, la inflación ha permanecido relativamente contenida dentro de rangos manejables para la política monetaria. En marzo de 2026, el índice de precios al consumidor registró una variación de 2,38%.
La política monetaria, por su parte, se ha mantenido prudente. La tasa de interés de referencia se ubica en 4,25% en 2026, lo que muestra una estrategia enfocada en la estabilidad de precios más que en una expansión agresiva del consumo o del crédito.
Un caso de éxito
Para entender el presente económico del Perú es necesario mirar su pasado reciente. Durante las primeras dos décadas del siglo XXI, el país fue considerado uno de los casos más exitosos de América Latina. Con un crecimiento promedio cercano a 4% anual, e incluso picos superiores a 10%, la economía peruana se benefició del boom de materias primas, la apertura comercial y la llegada de inversión extranjera.
Ese periodo consolidó la idea del “milagro peruano”, un modelo basado en estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y crecimiento exportador. Sin embargo, ese ciclo comenzó a debilitarse a partir de 2018, cuando la inestabilidad política se volvió un factor recurrente.
Desde entonces, el crecimiento promedio ha caído a alrededor de 2,3%, según estimaciones de economistas, lo que representa una reducción significativa frente a su potencial histórico.
Uno de los momentos más críticos que evidencia la sensibilidad de la economía frente a la política fue 2023. En ese periodo, la destitución de Pedro Castillo y las posteriores protestas sociales generaron una contracción de -0,55% del PIB, interrumpiendo la recuperación económica posterior a la pandemia.
A esto se suma un problema estructural que se ha vuelto parte del funcionamiento del sistema político: la alta rotación de autoridades. En promedio, los presidentes peruanos han permanecido menos de dos años en el cargo en los últimos ciclos políticos, mientras que los ministros de Economía suelen durar apenas entre siete y ocho meses.
Esta volatilidad tiene efectos directos sobre la economía. Reduce la previsibilidad de las políticas públicas, dificulta la planificación de inversiones de largo plazo y genera incertidumbre en sectores como minería, infraestructura, energía y transporte.
Banco Central y exportaciones, un escudo
Perú conserva fundamentos macroeconómicos sólidos que explican por qué no ha caído en crisis. El país mantiene una economía abierta, integrada al comercio internacional, con una canasta exportadora dominada por minerales como el cobre y el oro, productos que siguen teniendo alta demanda global. Además, la moneda nacional, el sol, ha mostrado una estabilidad destacada en comparación con otras divisas de la región. Un elemento clave ha sido el rol del Banco Central de Reserva del Perú, una institución autónoma que ha logrado sostener políticas técnicas.