La estructura electoral impide cambios en el Banco Mundial

Luis Fernando Vargas Alzate

A pesar de ser la institución multilateral más importante para liderar, apoyar, ejecutar y asistir programas para el desarrollo en cualquier parte del mundo, el Banco Mundial ha sonado muchísimo más esta semana que cualquier otra del presente año.

De hecho este mismo medio (LR) ha publicado lo suficiente al respecto. Pero su nombre y funciones tendrían que ser tema de la cotidianidad doméstica e internacional. Máxime en un país como Colombia, donde el desarrollo sigue tan lejano, o más quizá, que la mismísima verdad.

El citado hecho obedece a la finalización del período administrativo de Robert Zoellick como presidente de la institución y la apertura a nuevas posibilidades de manejo gerencial para ella. A mediados del presente año tendrá que darse el cambio y para dicho relevo se ha caracterizado excesivamente en los diversos medios a los tres candidatos que aspiran la elección para el cargo: Dr. José Antonio Ocampo (colombiano), Dra. Ngozi Okonjo-Iweala (nigeriana) y Dr. Jim Yong-Kim (coreano -con nacionalidad estadounidense).

Algunos detalles relevantes en la carrera por el primer cargo de una de las instituciones nacidas en Bretton Woods (New Hampshire) hace 68 años, pueden sintetizarse acá.

El Banco Mundial no es realmente un banco en el sentido figurado. Va más allá de la singularidad de una institución. Antes que eso, debe hacerse referencia al Grupo del Banco Mundial, conformado por el ya tradicional Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (Birf) y la Agencia Internacional de Fomento (AIF). El primero dedicado al trabajo con economías de ingreso medio y bajo, pero con capacidad de pago frente a los créditos que otorga para programas que faciliten el desarrollo de sus sociedades; mientras que la segunda dedica todos sus esfuerzos al trabajo con los países que no tienen posibilidad de retornar el capital. Por tanto, el trabajo se hace con donaciones e intervención directa en el terreno.

Además de lo anterior, es grupo porque posee otras tres entidades que facilitan el vínculo del banco con el sector privado. Se trata de la Corporación Financiera Internacional (IFC), la Agencia Multilateral de Garantías (MIGA) y el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Icsid) -todas las siglas en inglés-, que apoyan múltiples proyectos de la empresa privada con el respaldo de los gobiernos.

Puede decirse, entonces, que el hecho de que los colombianos y la región -con la particular excepción del gobierno nacional que decidió no apoyar directamente la candidatura de su ex ministro-, junto con los nigerianos, sudafricanos y angoleños, hayan propuesto las candidaturas de Ocampo y Okonjo, debe ser útil no sólo para acceder a la presidencia del Grupo sino para forzar modificaciones en el esquema tradicional creado hace más de seis décadas, y que tantos cuestionamientos suscita.

De acuerdo con la estructura institucional planteada, no se hablará ya de presidir un simple banco, sino más bien todo un engranaje relativo a la financiación y apoyo a proyectos de desarrollo a escala planetaria.

Y si la elección, entonces, fuera un acto de conciencia, acierto y necesidad de gerenciar en la dirección correcta de la administración global, descartar a Jim Yong-Kim resultaría sensato y más que apropiado. La competencia tendría que darse entre Ocampo y Okonjo, los dos economistas con alta experiencia sobre el terreno. Pero como es asunto de intereses entre los Estados que mayor votación poseen, seguramente Yong-Kim quedará en el puesto, prolongando la discriminación política.

A pesar de que dicho proceso electoral resulte desfasado para el presente, lo real es que mientras la escogencia del presidente de la organización dependa de los 25 miembros de la Junta de Directores, será poco probable que el candidato asiático-americano no se quede con el puesto.

Una vez asignado éste, quedará claro que es Seúl quien de manera definitiva se instaló en los grandes círculos de la política global. Así sería Jim Yong-Kim quien acompañe a Ban Ki-Moon en la búsqueda del desarrollo para más de 4000 millones de personas que no saben de que se trata la aplicación de tal concepto en sus contextos.