La Isaf en poco ayudó a Afganistán

Luis Fernando Vargas Alzate

Han pasado ya más de once años desde que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) creó la Isaf (International Security Assistance Force) para intervenir en Afganistán, con el aval de la Resolución 1386, expedida por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 20 de diciembre de 2001.

En su momento se creyó que sólo en un par de años la situación afgana estaría controlada; no obstante, ha sido mucho el tiempo de asistencia militar directa y pocos los resultados, máxime si se considera que Afganistán continúa situado en la posición número 7 de la lista de Estados fallidos en el mundo, elaborada por Foreign Policy y el Fondo por la Paz.

Es precisamente ese ranking el que deja a Afganistán (y a la misma Isaf) en una posición crítica en materia de resultados. Para 2011, último año evaluado por las entidades encargadas de la medición, la sociedad afgana se ubicó en los indicadores presentados con una intervención extranjera del 100%, deslegitimando al gobierno de Hamid Karzai, actual presidente de dicha república islámica. Incluso en muchos sectores se habla directamente de Afganistán como protectorado de los Estados Unidos, la Otan y el sistema de Naciones Unidas, demeritando la institucionalidad del país asiático.

Además de lo anterior, existen profundos problemas en relación con el manejo del aparato de seguridad, el maltrato que se da a los ciudadanos y las excesivas cifras de refugiados y desplazados que presenta el país. Algo que se suma a los notables inconvenientes de suministro y atención básica de servicios públicos. Es decir, en general la situación afgana es crítica y en poco mejor si se compara con el momento cuando se presentó el ingreso de la Isaf, aquel diciembre de 2001.

Es pertinente ir al pasado y auscultar cómo se llegó a determinar que Afganistán necesitaba presencia militar directa de la Otan en su territorio. En principio, se parte de la descolonización de un país que dependía directamente del Reino Unido y que logró aislarse de su dominio una vez finalizada la Gran Guerra Europea (1914-1918).

Transcurrieron así varias décadas en las que no alcanzó estabilidad en el terreno político, dado que internamente no hubo manera de crear una institucionalidad en la que se pudieran establecer pesos y contrapesos al poder público. Afganistán se mantuvo como monarquía hasta 1973, cuando el monarca fue derrocado.

A partir de la disolución del régimen real los afganos ingresaron en un juego político de polarización que los dejó ad portas de la guerra civil. Fue entonces cuando se presentó la intervención soviética en su territorio y se convirtió al país en uno más de los Estados satélites de la Guerra Fría. Allí trasladaron su lucha Washington y Moscú. Entre tanto los Muyahidines (talibanes) recibían apoyo de los Estados Unidos para defenderse de los ataques soviéticos. Consecuentemente con esa actividad, Afganistán vivió unos años 90 caóticos, con conflicto interno y con un resentimiento alto frente a Occidente por haberse sentido utilizado como ficha geopolítica.

Así las cosas, el siglo XXI empezó mal para ese país. Una vez presentados los ataques a los edificios del World Trade Center en Nueva York, y analizados todos los antecedentes que bien pueden revisarse atentamente en las resoluciones 1294, 1267, 1333, 1363, 1378 y 1383, entre otras, se emite la del 20 de diciembre (1386) y se interviene su territorio con la Isaf, en procura de apoyar al ejército afgano, reducir y agotar la capacidad de la insurgencia, reforzar la maniobrabilidad de toda la fuerza pública y facilitar mejoras en gobernanza y desarrollo socio-económico, que condujeran a un ambiente de seguridad para su población.

Hoy, cuando la Otan ha determinado que su labor en ese territorio asiático se dará por terminada el próximo año, los indicadores son agudamente desalentadores para la población involucrada.

Con un desempleo superior al 30%, un PIB per cápita de mil dólares, inflación del 14%, analfabetismo por encima del 70% y una esperanza de vida limitada a los 49 años (datos de indexmundi), Afganistán sigue siendo considerado uno de esos países no futuro. La evaluación sobre la intervención es claramente negativa.