La posible discriminación por parte de Dunkin’ Brand

Luis Fernando Vargas Alzate

En la interacción de las sociedades contemporáneas suceden hechos que definitivamente están más identificados con la lógica del pasado que con el presente mismo. Algunos conceptos de los que se consideran en desuso para explicar el mundo de hoy resurgen fácilmente e intentan instaurarse en las estructuras políticas y sociales que rigen los círculos de interacción humana. Es el caso del racismo, determinado por muchos en proceso de cesación, pero que sigue incólume bajo la mirada atenta de quien lo padece.

A comienzos de esta semana se hizo pública una demanda contra una de las multinacionales de alimentos más representativas de los Estados Unidos: el grupo Dunkin’ Brand, propietario de la marca Dunkin’ Donuts. La firma a su vez es dueña de Baskin Robbins, otro de los negocios más exitosos del país. La querella judicial consistió en un reclamo directo a los propietarios de la firma por parte de varias personas, entre las que destacan Reggie y Amy Pretto, un matrimonio negro que sintió los duros efectos de la discriminación racial. Pero también se incluyen en ella los reclamos de Priti Shetty, una mujer que alega discriminación sexual, dado que una petición que se le negó en primera instancia, fue concedida semanas después a un hombre, sin justificación aparente del cambio de decisión.

La historia del famoso restaurante de rosquillas tuvo su punto de partida en 1950, cuando William Rosemberg instaló su cafetería en Quincy, Massachusetts. Posterior a ello, en 1955 se concedió la primera franquicia del negocio y ante la compra por parte de Pernod Ricard se creó la marca Dunkin’ Brand que hoy se halla en el ojo del huracán por la demanda instaurada.

De acuerdo con lo anterior, la multinacional hizo parte de todo un proceso de reconversión política, económica y social liderado por los Estados Unidos. Las décadas del 50 y 60 fueron testigos de la emergencia de las corporaciones multinacionales y de la eliminación constante de cualquier intento práctico de racismo o sexismo. Fue la época en que Martin Luther King se hizo celebridad por su lucha ante la segregación racial evidenciada al interior de la nación estadounidense. También en 1965 se definió por parte de la ONU el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial (21 de marzo).

Sin embargo, todo parece indicar que el paso del tiempo y de todas las luchas adelantadas en procura de la igualdad de derechos para seres humanos de todas las etnias y de todos los sexos, ha sido algo infructuoso. La demanda instaurada indica claramente que se siguen presentando acciones discriminatorias en territorio estadounidense. En este caso, los demandantes arguyen que la compañía les asignó, por su condición de negros, locales ubicados en sitios desfavorables y que ello les obligó a cerrar hace ya cuatro años. Según lo han indicado, su petición -valorada en US$750 mil- contemplaba tres tiendas en Nueva York. No obstante, luego de varias gestiones, sólo las recibieron en Maryland, en áreas que ellos mismos consideraron “menos favorecidas”, lo que representó considerables pérdidas económicas.

Afortunadamente el mundo de hoy se mueve con garantías y condiciones diferentes a las del pasado. Si bien cinco décadas atrás era posible discriminar a las personas por su condición, hoy no resulta nada fácil. Quiérase o no por parte de los grandes emporios económicos que hoy rigen los destinos de la economía, los negros, las mujeres y las minorías en general poseen igualdad de derechos. Por tanto, la demanda que se acaba de presentar lo que hace es evidenciarlo y recordarlo para que no haya más abusos por parte de quienes toman decisiones.

Dunkin’ Brand es cotizante en Nasdaq y su acción estuvo ubicada ayer en la mañana en US$30,02. Es una multinacional que en lo recorrido de 2012 ha logrado un avance importante del 21,9% en el valor del título. Sin embargo, ha quedado mal situada ante la demanda de los Pretto, pues si al momento de ir por esas donas a la tienda, la mente del comprador tiene la idea de que su pedido lleva consigo discriminación racial y sexual, puede ser que éste se reemplace por un producto que no deje manto de duda frente a la responsabilidad social empresarial.