Las ‘ballenas’ del bitcoin cambian de piel y ahora amenazan con mover todo el mercado
domingo, 6 de septiembre de 2026
Las grandes tenencias de bitcoin ya no están solo en manos de inversores pioneros. Empresas como Strategy han convertido la acumulación de criptoactivos en un modelo de negocio
Expansión - Madrid
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Es la versión extrema de lo que popularmente se ha bautizado con el término ballenas: grandes propietarios de criptoactivos cuya capacidad de comprar o vender es suficientemente importante como para influir no solo en la cotización del propio token, sino también en los mercados tradicionales, cada vez más interconectados con el mundo de las finanzas virtuales.
No existe un umbral universal, aunque Glassnode, una de las firmas de análisis más utilizadas por los inversores institucionales, define como ballena de bitcoins a una entidad que controla al menos 1.000 tókenes, excluyendo de ese cálculo a los exchanges.
Las primeras ballenas fueron esencialmente personas que llegaron extraordinariamente pronto al bitcoin, como sus creadores, los mineros y los inversores pioneros en el mundo cripto. Después llegaron millonarios como los gemelos Cameron Winklevoss y Tyler Winklevoss o el inversor de Silicon Valley Tim Draper.
Pero el mapa ha cambiado radicalmente desde entonces, especialmente tras la pandemia del Covid y el apoyo de muchos reguladores a los criptoactivos, especialmente en EEUU. Ahora, las mayores ballenas identificables incluyen compañías cotizadas, fondos y vehículos de inversión de todo tipo. Y el gran responsable de esa transformación tiene nombre propio: Michael Saylor.
En agosto de 2020, MicroStrategy, posteriormente rebautizada como Strategy, comenzó a utilizar su tesorería para comprar bitcoins. Saylor argumentaba que mantener el dinero de la compañía en efectivo en un contexto de tipos extremadamente bajos e inflación suponía conservar capital en un "cubo de hielo derritiéndose".
Seis años después, la apuesta ha transformado por completo la empresa. Según la documentación presentada ante la SEC, Strategy poseía 840.447 bitcoins en agosto de este año, adquiridos por un total de US$63.360 millones, a un coste medio de US$75.385. La cifra equivale aproximadamente al 4% del máximo teórico de 21 millones de bitcoins que podrán existir.
Saylor es, además, una ballena por derecho propio. En 2020 reveló que poseía personalmente 17.732 bitcoins. En una entrevista con Bloomberg años después, aseguró que no había vendido ninguno y que había continuado comprando, aunque se negó a revelar la cifra exacta actual.
Nueva estrategia
Capitaneada por Saylor, Strategy creo un nuevo modelo de gestión de tesorería que terminó eclipsando su negocio principal (el software de gestión de datos). Utilizó deuda, acciones ordinarias y diferentes clases de acciones preferentes para captar capital y convertirlo en bitcoins. Decenas de compañías, e incluso gobiernos, copiaron posteriormente la fórmula. El resultado fue el nacimiento de las llamadas empresas de gestión de activos digitales, cuya cotización en Bolsa está estrechamente relacionada con la criptomoneda que acumulan, lejos ya de su línea de negocio original.
La estrategia funcionó extraordinariamente bien mientras subían simultáneamente bitcoins y las acciones de estas compañías en Bolsa. Pero también creó un nuevo riesgo. Bloomberg advertía hace unos meses de que las compañías de tesorería cripto que habían contribuido a impulsar el mercado podían convertirse en una fuente de contagio si la caída de las criptomonedas terminaba obligándolas a vender.
Y esa posibilidad ha dejado de ser puramente teórica. Financial Times calcula que las 50 mayores compañías corporativas de bitcoins han perdido más de US$80.000 millones de capitalización bursátil desde mediados de 2025. Strategy ha comenzado además a vender parte de sus bitcoins para atender obligaciones financieras, rompiendo con la imagen de acumulador permanente que había caracterizado a Saylor.
Ahora que los criptoactivos vuelven a repuntar tras el rally estival, inversores y analistas no pierden de vista lo que hacen las ballenas, capaces de seguir alimentando la euforia por los tókenes, pero también de provocar una nueva crisis en su cotización si se ven la necesidad de capitalizar sus beneficios para prepararse para el criptoinvierno con el que amenaza una posible subida de tipos por parte de la Reserva Federal y otros bancos centrales en todo el mundo.