Las claves de la negociación de EE.UU. y China para ponerle fin a la guerra comercial

Reuters

Washington quiere que Pekín aprecie su divisa y retire su política de cesión de tecnología mientras que China podría ofrecer incrementar la compra de productos estadounidenses

Expansión

La nueva ronda de negociaciones en materia comercial entre Estados Unidos y China, que se celebrará este miércoles y este jueves en Washington para tratar de evitar la guerra arancelaria, tendrá un gran protagonista: el yuan.

Los expertos señalan a la divisa china como el principal objeto de discusión, dado que es uno de los temas de donde arrancó la animadversión del presidente estadounidense, Donald Trump, por el gigante asiático, y es además uno de los puntos donde EE.UU. podría lograr una pequeña victoria con la que poder poner fin a la guerra arancelaria. Sin embargo, no será el único foco de discusión, ya que también se hablará de las transferencias de tecnología, los subsidios encubiertos y, por supuesto, los aranceles a la importaciones.

Las charlas van tratar principalmente sobre cómo van a afrontar la evolución del yuan”, señala Robin Brooks, economista jefe del Instituto Internacional de Finanzas. Esto es, cómo se va a conseguir la apreciación de la divisa china. El presidente Trump ha acusado en numerosas ocasiones a Pekín de depreciar artificialmente el yuan para mejorar la competitividad de sus exportaciones y así conseguir ganar cuota de mercado en el comercio global. El mandatario ha señalado a esta política como una de las responsables de que Estados Unidos tenga un déficit comercial con China de US$375.600 millones el último año.

Guerra de divisas
El problema es que la imposición de aranceles de hasta el 25% a unos US$50.000 millones en importaciones de productos chinos, y la amenaza de elevar esta cifra hasta los US$250.000 millones, unido a la progresiva subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, no han hecho más que agravar el problema.

“La divisa china cae como una roca y la nuestra está subiendo, y esto nos pone en desventaja”, señaló Trump recientemente en una entrevista en CNBC. Y esto está provocando que el déficit comercial de Estados Unidos con China se agrave un 8,3% entre enero y junio, elevando todavía más el desfase a nivel global.

Por ello, a Trump le puede convenir un acuerdo de mínimos en el que Pekín se comprometa a apuntalar una subida del valor del yuan, dado que la retirada de las sanciones provocaría una apreciación adicional. De esta forma, el Partido Republicano tendría una victoria, por pequeña que fuera, que podría vender en las próximas elecciones legislativas de mitad de mandato, en noviembre. Ésta, además, sería la salida más fácil para China.

El problema es que el yuan podría no estar tan depreciado artificialmente como en el pasado, ya que la baja cotización actual responde también a la desaceleración de la economía doméstica y a la flexibilización de la política monetaria, necesaria precisamente para contrarrestar los efectos de la guerra comercial, por lo que está por ver qué puede hacer Pekín exactamente.

Además, China ha señalado que “no repetirá los errores de Japón”, en referencia a los llamados Acuerdos Plaza firmados en 1985, por los cuales Tokio pactó con Estados Unidos y otras potencias europeas un ajuste de sus divisas que derivó en una apreciación del yen de más del 50%, derivando en un fuerte estancamiento.

Sin embargo, está claro que China tiene que ofrecer algo a EE.UU. para tratar de poner fin a la guerra comercial. La Casa Blanca señaló que espera que China traiga “propuestas concretas” en este sentido y Trump cree que “no se puede perder una guerra comercial” cuando su país sólo exporta un dólar a China por cada cuatro dólares que importa del gigante asiático.

Esto podría llevar a una segunda cuestión: la cesión de tecnología. La draconiana regulación del país asiático obliga a las compañías que quieren instalarse en él a ceder su tecnología a un socio local, que luego utiliza esta ventaja para competir en los mercados globales con un coste más bajo. Aunque desprenderse de esta ventaja sería muy duro para China, el país está cada vez más avanzado tecnológicamente, por lo que podría suavizar la norma en ciertos sectores con un coste mínimo para facilitar un acuerdo.

Por otra parte, Estados Unidos también quiere evitar las ayudas de Estado a las empresas chinas, tanto de forma directa como a través de la banca pública, mediante créditos que no se acaban devolviendo. Esto permite reducir considerablemente los costes fijos e inundar los mercado internacionales con productos chinos.

En este caso, China sí podría hacer concesiones, ya que el propio país se ha dado cuenta de que este tipo de políticas le llevan a concentrarse en productos que cada vez ofrecen menos margen de beneficios. De hecho, la mejora tecnológica que trata de llevar a cabo Pekín tiene por objeto reducir el peso de sectores como la siderurgia, el vidrio o el cemento, que están precisamente entre los que más quiere proteger Trump.

Aranceles
Por último, ambos países quieren evitar la escalada en la guerra arancelaria que daña los intereses de ambos (como han reconocido tanto Pekín como la Reserva Federal estadounidense), aunque las dos potencias son muy reacias a dar su brazo a torcer. Por un lado Washington señala que sólo está “equilibrando el terreno de juego” en las relaciones comerciales; por otro, China responde que “no acepta ninguna forma de proteccionismo comercial unilateral” y fijará aranceles de forma “recíproca” si EE.UU. hace lo mismo.

Sin embargo, ambos países tienen problemas para proseguir la escalada de sanciones. Por un lado, Pekín ya ha gravado una tercera parte de todas las importaciones estadounidenses (buena parte de ellas, energéticas, lo que daña su propia competitividad), mientras que Washington todavía las puede elevar hasta el medio billón de dólares, algo que Trump ya ha amenazado con hacer.

Por otra parte, EE.UU. tiene más presiones desde el punto de vista de los votantes, en el caso de que la escalada comercial lleve a una situación insostenible. Esto podría llevar a una solución de consenso en la que ambos países den marcha atrás a la subida arancelaria y, a cambio, China aumente las compras de productos estadounidenses. Sin embargo, será difícil colmar las expectativas de la Casa Blanca, que quiere cerrar el déficit comercial con China en US$100.000 millones.

Lo que quiere Estados Unidos…
Donald Trump ha acusado a China de depreciar artificialmente el yuan para elevar sus exportaciones. Por ello, quiere utilizar los aranceles como una palanca para forzar a Pekín a elevar el valor de su divisa, mejorando así el saldo comercial con el país asiático.

Washington exige a China que ponga fin a la regulación que obliga a las empresas extranjeras que quieren operar en el país a ceder su tecnología a un socio local, con lo que luego les hacen la competencia en el resto del mundo.

Pekín debería acabar también con las políticas de subsidios a sectores estratégicos, a través de préstamos que luego no se devuelven. Esta política reduce los costes y expulsa a los productos occidentales del mercado en sectores como la siderurgia.

Finalmente, China tendría que dar marcha atrás en la imposición de aranceles. Mientras que las barreras arancelarias de EE.UU. están muy diseminadas entre muchos productos, las represalias de Pekín se concentran en muy pocos bienes, dañando especialmente a los automóviles y la soja.

Y lo que reivindica China
China quiere evitar depreciar su divisa, ya que ello podría sumir su economía (muy dependiente de las exportaciones) en el estancamiento, como sucedió con Japón. Sin embargo, un acuerdo con EE.UU. elevaría la cotización del yuan.

Con el plan ‘Made in China 2025’, Pekín quiere establecerse como el líder mundial en áreas como la robótica, la biotecnología, los vehículos eléctricos y autónomos o la inteligencia artificial. Por eso quiere seguir manteniendo la cesión tecnológica, aunque podría limitarla en algunos sectores.

China rechaza oficialmente el uso de subsidios, aunque el hecho de que existen préstamos preferentes a determinadas empresas e innegables. Sin embargo, Pekín podría renunciar a promocionar determinados sectores donde los márgenes de beneficios son cada vez menores.

El gigante asiático quiere forzar a Trump a dar marcha atrás a la imposición de aranceles. Para ello, el presidente Xi Jinping se ha ofrecido a incrementar sus compras de productos estadounidenses, aunque está por ver si esto es suficiente para convencer a Trump.

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