Las grietas del continente europeo

Actualmente se están viendo consecuencias directas desprendidas de las múltiples problemáticas que aquejan al Viejo Continente. Las crisis en todos los rincones de Europa siguen dejando por fuera a muchos de los líderes y dirigentes encargados de dar solución a las mismas.

Ahora la cuenta de cobro ha llegado a Mihai Razvan Ungureanu, primer ministro rumano, quien se había encargado de reemplazar en el poder a Emil Boc, sólo tres meses atrás. Se suma a la cercana dimisión del también primer ministro holandés y a todo ese ambiente de forzada transformación política que rodea al continente.

La historia reciente de los procesos de integración europeos dio como rótulo a algunas economías de la región el término Piigs. En dicho acrónimo se quiso involucrar a Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, como economías problema para Europa y se trazaron diversos planes (algunos de rescate) para intentar superar las dinámicas críticas en las que se situaban los casos citados. No obstante, se fue descubriendo que las situaciones domésticas de estas naciones iban más allá de lo superable. A su vez, se empezó a detectar el carácter endémico del fenómeno, pues toda Europa, incluyendo a las economías más fuertes y estables, empezó a develar múltiples dificultades para superar lo que se estaba viviendo.

Hoy, cuando los premieres de algunos Estados europeos caen como fichas de un dominó, bien vale la pena detenerse en el análisis de las generalidades que lo están causando. Lo que en Grecia fue claro en su momento, se está detectando en múltiples casos. Las medidas de austeridad no son las esperadas y exigidas por el consenso de los gobiernos europeos. Muchos son los casos en los que el déficit fiscal se incrementa; sobre todo porque el gasto público sigue estando por encima del 3% máximo determinado por la Unión Europea en su parte estatutaria.

Efectivamente lo que en Holanda y Rumania se ha presentado, casi que pudiera entenderse desde la generalización de las problemáticas evidenciadas en los Piigs un par de años atrás. Al interior de las sociedades europeas hay poca solidaridad y más bien existe un reclamo continúo frente a los gobiernos para que la austeridad no recaiga sobre los ciudadanos. A pesar de haber tenido al Fondo Monetario Internacional (FMI) como una institución aliada en los procesos de fortalecimiento macroeconómico sólo hasta una década atrás, hoy se le quiere lejos del asesoramiento en política pública y no se reconoce en sus indicaciones a una institución que pueda guiar el camino hacia la solución de las dificultades actuales.

Así mismo, la clase dirigente se encuentra notablemente dividida. Los partidos conservadores difieren en mucho de los liberales. Asunto que no resultaba tan evidente hasta hace muy poco, cuando los lineamientos de la política lograba identificarlos fácilmente en la búsqueda y consecución de los mismos objetivos finales.

En Holanda, por ejemplo, el gobierno del primer ministro Mark Rutte, fue forzado a dejar el poder por parte de los opositores en el parlamento, quienes no aceptaron la sugerencia legislativa de bajar el déficit público al 2,8% para el año próximo, recortando importantes rubros en el funcionamiento del Estado. Hay que advertir que en la actualidad el gasto público holandés está por el orden del 4,7%, excediendo los límites de tolerancia que la zona Euro tiene establecidos. No obstante, debe señalarse que luego de la dimisión se pudo alcanzar un acuerdo parlamentario para la implementación de medidas de recorte al presupuesto.

La situación rumana no es tan diferente. Al primer ministro Mihai Razvan no le fue favorable la respuesta del parlamento en la votación de la moción de censura para determinar su salida. Sus opositores tampoco vieron con agrado el vínculo gubernamental con el FMI y las medidas de ajuste que incluyen recortes y aumentos tributarios a sus nacionales. En Europa la solidaridad se está haciendo ausente. Están primando el individualismo y los intereses particulares en el continente que tradicionalmente lo evitó. Es lo que hace tan difícil la salida de los momentos críticos que hoy padecen muchas de sus naciones.