Energía

Las petroleras que quieren entrar a Venezuela para fortalecer la transición energética

Gráfico LR

No todas las empresas buscan lo mismo: unas quieren producir, vender, reparar y otras aprovechar activos baratos en plena transición política

David Alejandro Realpe Iregui

La captura de Nicolás Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses marcó un punto de quiebre para Venezuela y reactivó una disputa decisiva para el futuro energético: el control y la reconstrucción de una de las industrias petroleras más grandes del mundo.

Washington aceleró contactos con petroleras y grandes comercializadoras de crudo para redefinir el futuro energético del país liderado ahora por Delcy Rodríguez, cuyas reservas representan cerca de una quinta parte del total global, sin embargo, ahora mismo su producción se encuentra en mínimos históricos.

Estados Unidos dejó claro que el petróleo venezolano será una pieza fundamental en el eje central de su estrategia regional. Bajo este contexto, grandes petroleras estadounidenses, casas comerciales europeas y compañías históricamente vinculadas a Venezuela han vuelto a la mesa de negociación.

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Las petroleras en la mesa

Chevron es actualmente la única gran petrolera estadounidense que mantuvo operaciones en Venezuela durante los años más duros de sanciones y aislamientos. Tras la captura de Maduro, el Gobierno de EE.UU. espera que la compañía intensifique rápidamente su presencia en el país. La empresa participa en al menos cinco proyectos conjuntos con la estatal Petróleos de Venezuela, Pdvsa, desde antes de las sanciones de 2019, exportando alrededor de 150.000 barriles por día.

ExxonMobil es una de las empresas que observa de cerca la evolución política en Venezuela, país del que se retiró tras la nacionalización de sus activos durante el gobierno de Hugo Chávez. Por ende, la petrolera mantiene una postura prudente ya que, experiencias pasadas y el deterioro de la infraestructura hacen que la decisión no sea fácil de tomar; analistas estiman que rehabilitar oleoductos, terminales de almacenamiento y campos petroleros podría costar alrededor de US$10.000 millones anuales durante al menos una década.

ConocoPhillips, al igual que ExxonMobil, dejó de operar en Venezuela tras las expropiaciones de activos en los años 2000 y ha pasado años buscado recuperar compensaciones estimadas en miles de millones de dólares a través de arbitrajes internacionales. En el contexto de una transición venezolana, ConocoPhillips figura como un posible jugador en futuras negociaciones, siempre que se establezcan condiciones de seguridad jurídica y financiera que protejan sus intereses.

Repsol se ha movido para solicitar a las autoridades estadounidenses una licencia que le permita reanudar exportaciones de petróleo venezolano, suspendidas tras el embargo impuesto el año anterior.

La empresa busca restablecer un comercio que en el pasado fue estructural para parte de sus negocios regionales. Cabe resaltar que actualmente la petrolera produce gas en Venezuela y posee participación en un importante yacimiento petrolífero.

Shell por su parte observa el proceso de transición en Venezuela con interés estratégico, especialmente por su experiencia en proyectos de gas y petróleo en entornos complejos. La compañía evalúa oportunidades de largo plazo, sin embargo, condiciona cualquier avance a la existencia de un marco regulatorio estable, garantías contractuales y un entorno político que reduzca los riesgos operativos y financieros.

LOS CONTRASTES

  • Alejandro EspitiaDocente de la Universidad Javeriana

    “Venezuela, por ahora, no produce mucho petróleo y llegar a niveles de antes le tardaría (con inversiones) 15 años; los precios no se verían impactados al menos en el corto plazo”.

  • Clara Inés Pardo MartínezProfesora titular en la Universidad Rosario

    “Las comercializadoras tendrán un papel vital en mover el crudo mientras se estabiliza la producción, especialmente bajo mecanismos liderados desde EE.UU.”.

Eni se perfila como un actor relevante por su historial de operaciones energéticas en Venezuela, principalmente en el sector gasífero. La petrolera italiana considera que una transición política ordenada podría abrir espacio para ampliar su participación, aunque su enfoque inicial estaría más orientado a consolidar proyectos existentes que a realizar inversiones masivas sin claridad institucional.

Hilcorp representa el perfil de empresa independiente interesada en activos específicos y de rápida recuperación. Su posible entrada a Venezuela responde a una estrategia oportunista, centrada en campos maduros o subutilizados, siempre que el nuevo escenario político permita operar con reglas claras y con respaldo del Gobierno de EE.UU. durante el proceso de transición.

Casas comercializadoras

Vitol, una de las mayores casas comerciales de materias primas del mundo, fue invitada a la Casa Blanca para discutir la comercialización del petróleo venezolano. Antes de las sanciones de 2019, Vitol era uno de los actores más activos en la venta del crudo del país. Recientemente, la compañía ha recibido una licencia preliminar de Estados Unidos que le permite iniciar negociaciones para la importación y exportación de petróleo venezolano durante un periodo de 18 meses.

Trafigura, otra gran comercializadora europea, también fue convocada por la administración Trump. Al igual que Vitol, Trafigura dominó buena parte del comercio de petróleo venezolano antes de las sanciones y cuenta con redes globales que facilitarían la venta del crudo.

Servicios petroleros

Halliburton y Continental se ubican en el segmento de servicios y apoyo técnico, clave para la recuperación operativa de la industria petrolera venezolana. Ambas compañías podrían participar en la rehabilitación de pozos, perforación, mantenimiento y modernización de infraestructura deteriorada, con un enfoque inicial en proyectos de corto plazo.

Refinación y downstream

Valero y Marathon Petroleum no se perfilan como productores en Venezuela, pero sí como actores clave del downstream en EE.UU., debido a que sus refinerías están diseñadas para procesar crudo pesado. Su interés se concentra en asegurar un suministro estable y cercano geográficamente, lo que encaja con la estrategia de Washington de redirigir las exportaciones hacia el mercado de EE.UU.

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