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El papa León XIV pide “desarmar” la tecnología para que no gobierne a la humanidad

La preocupación no gira únicamente alrededor de la desaparición de empleos, sino también de la transformación de las condiciones laborales

Valentina Sánchez Forero

La inteligencia artificial ya dejó de ser un asunto exclusivo de ingenieros, grandes empresas tecnológicas o gobiernos. Su expansión hacia ámbitos como el trabajo, la educación, la economía, la guerra y la vida cotidiana ha llevado a que uno de los líderes religiosos más influyentes del planeta decidiera intervenir en el debate. El papa León XIV publicó Magnifica humanitas ("Magnífica humanidad"), su primera encíclica y uno de los documentos más trascendentales desde el inicio de su pontificado, con un mensaje central: la inteligencia artificial debe estar al servicio de las personas y no convertirse en una herramienta de poder para unos pocos.

La publicación coincide con el aniversario número 135 de Rerum novarum, el texto que a finales del siglo XIX marcó la postura social de la Iglesia frente a los cambios provocados por la Revolución Industrial. Esta vez, León XIV plantea un paralelismo entre aquel momento histórico y la revolución tecnológica actual: si antes las máquinas transformaron las fábricas y el trabajo humano, hoy la IA está modificando prácticamente todas las dimensiones de la sociedad.

"La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos", escribe el Pontífice al inicio del documento. El tono general de la encíclica se centra en una advertencia sobre los riesgos de una tecnología capaz de ampliar capacidades humanas, pero también de profundizar desigualdades y concentrar poder.

La tecnología no es el problema, pero tampoco es neutral

Uno de los puntos centrales del documento es que el Papa evita presentar la inteligencia artificial como una amenaza inevitable o como un enemigo de la humanidad. Por el contrario, reconoce su potencial y los beneficios que puede aportar. Sin embargo, insiste en que las herramientas tecnológicas nunca son completamente neutrales.

"La tecnología no es una fuerza antagónica respecto a la persona", señala el texto, aunque advierte que tampoco es "un mal en sí misma". El problema aparece cuando su diseño y utilización responden únicamente a intereses económicos o geopolíticos. "La tecnología asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza", afirma León XIV.

En otras palabras, detrás de los algoritmos siempre existen decisiones humanas. Y por ello, el Pontífice sostiene que el verdadero debate no debe centrarse únicamente en lo que la inteligencia artificial puede hacer, sino en quién decide cómo y para qué se utiliza.

"Desarmar la IA"

Quizás la expresión más llamativa y la que más repercusiones ha generado es la invitación del Papa a "desarmar la IA". La afirmación surge en un momento de creciente preocupación mundial por el uso de esta tecnología en conflictos militares, sistemas de vigilancia y competencia geopolítica entre potencias.

"Desarmar significa desacreditar la premisa de que el poder técnico confiere automáticamente el derecho a gobernar", afirmó el Pontífice. "Desarmar no significa rechazar la tecnología, sino impedir que domine a la humanidad".

La propuesta busca sacar a la inteligencia artificial de las lógicas militares, económicas y políticas basadas exclusivamente en la competencia y el control. Para León XIV, permitir que la tecnología se convierta en una herramienta monopolizada por pocos actores podría ampliar la brecha entre quienes tienen acceso a ella y quienes quedan excluidos.

La advertencia adquiere mayor peso en medio del debate global sobre regulación tecnológica. Mientras algunos gobiernos impulsan marcos de control y supervisión, otros defienden una menor intervención para acelerar el desarrollo de la industria y mantener ventajas competitivas.

La preocupación por el trabajo: ¿otra revolución industrial?

La encíclica establece una comparación directa entre la revolución industrial del siglo XIX y la revolución digital actual. El Papa advierte que los sistemas automatizados podrían reemplazar trabajadores, desvalorizar habilidades y ampliar los niveles de desigualdad. "Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores", explica el documento.

La preocupación no gira únicamente alrededor de la desaparición de empleos, sino también de la transformación de las condiciones laborales. León XIV señala que la tecnología podría relegar a las personas a tareas marginales o someterlas a sistemas de vigilancia automatizados enfocados únicamente en productividad y rendimiento.

Por ello insiste en que el desarrollo tecnológico debe poner en el centro a las personas y no únicamente los beneficios económicos. "El peligro reside en que la tecnología empiece a dictar lo que importa y lo que se puede descartar", señala el Pontífice, advirtiendo sobre el riesgo de convertir a los seres humanos en "meros engranajes de un sistema impulsado hacia una eficiencia cada vez mayor".

Uno de los apartados más sensibles de la encíclica se centra en el papel de la inteligencia artificial en escenarios bélicos. La guerra, sostiene León XIV, está cambiando profundamente debido a la revolución digital. Los sistemas automatizados ya pueden intervenir en vigilancia, análisis de datos y selección de objetivos militares.

Sin embargo, el Papa lanza una de las frases más contundentes del documento: "Ningún algoritmo puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable". Y añade, "la IA no elimina la inhumanidad intrínseca del conflicto; de hecho, solo puede acelerarlo y hacerlo más impersonal".

La advertencia apunta a una realidad que ya preocupa a gobiernos y expertos: la posibilidad de que las decisiones sobre la vida y la muerte sean cada vez más automatizadas. Según el Pontífice, cuanto más se aleje la guerra de la experiencia humana directa y se convierta en un proceso mediado por pantallas y algoritmos, menor podría ser la percepción moral de sus consecuencias.

Una crítica al poder concentrado

El documento también aborda un fenómeno cada vez más visible: la concentración del desarrollo tecnológico en pocas compañías y grupos económicos. León XIV cuestiona que el acceso a datos, algoritmos, plataformas digitales y patentes pueda quedar restringido a una pequeña élite.

"Hoy, entre los bienes destinados universalmente a todos, debemos incluir también nuevas formas de propiedad, como las patentes, los algoritmos, las plataformas digitales, las infraestructuras tecnológicas y los datos", escribe. El temor del Vaticano es que el control de estas herramientas termine configurando nuevas formas de desigualdad y de dependencia.

Educación, pensamiento crítico y "ayuno de IA"

Otro de los mensajes que llama la atención es la propuesta de un "ayuno de inteligencia artificial". La idea no apunta a abandonar la tecnología, sino a desarrollar una relación más consciente con ella, especialmente entre los jóvenes. "Debemos educarnos en el ayuno de la IA", subraya el Pontífice.

La preocupación es que la facilidad para obtener respuestas inmediatas termine debilitando habilidades humanas esenciales como la curiosidad, el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionar. En ese contexto, el Papa reafirma el papel de la escuela como un espacio donde las personas aprendan algo que las máquinas no pueden ofrecer completamente: relaciones humanas, tiempo compartido y búsqueda de la verdad.

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