Los avances de Unasur

Luis Fernando Vargas Alzate

Acaba de presentarse el relevo pactado a finales de 2010 en la Secretaría General del proyecto integrador que vincula directamente a los 12 Estados suramericanos.

Unasur fue dirigida durante los últimos doce meses por Maria Emma Mejía, una ex canciller colombiana que puso al servicio de la organización su experiencia como diplomática y logró ampliar la credibilidad de la misma como mecanismo propicio al diálogo regional. Ahora el turno es para el venezolano Alí Rodríguez, quien militó durante los años 60 en la insurgencia del país vecino y que, en términos de la dirigencia latinoamericana, es prenda de garantía para mantener el consenso regional.

La Unión de Naciones Suramericanas es un proceso de integración relativamente joven. Sólo hasta el año anterior se logró que la totalidad de las cámaras legislativas de los 12 países del subcontinente aprobaran la participación de los Estados en el organismo multilateral. No obstante, la historia va un poco más atrás, puesto que desde 2008 se dio inicio a la confección de la estructura definitiva, con la firma del tratado constitutivo del 23 de mayo, en la capital brasileña.

La gestión de la diplomática colombiana en la secretaría general de Unasur puede ser leída en los mejores términos, máxime si se tiene en cuenta el cambio generado en Colombia frente a la organización. Recuérdense las constantes dificultades durante la administración Uribe Vélez e incluso, la aceptación del presidente Santos sobre la poca confianza que él mismo tuvo en los inicios del proyecto. Hoy, el mandatario colombiano ha reconocido su equivocación y señaló ver en Unasur a una organización que avanza dentro de la diversidad política y social.

El tiempo que Mejía actuó como Secretaria General puede ser analizado positivamente. Las palabras de Maria Ángela Holguín, actual canciller colombiana, así lo destacan. Para ella, a pesar de los múltiples intereses y de la diversidad de la región, Unasur está más fortalecida que antes. Además, la organización cuenta hoy con una amplia estructura que respalda el desarrollo regional de Suramérica. Tiene nueve consejos creados, entre los que se destacan el de Defensa Suramericano, de Salud, Desarrollo Social y de Economía y Finanzas.

La ex canciller colombiana, además de lograr que cada Estado miembro de Unasur presentara de manera transparente el capital que invierte en defensa (incluso presentando dicha información en la Organización de las Naciones Unidas), avanzó en la valoración que los mismos deben procurar sobre su riqueza natural. Y ha sido en esa parte puntual que se ha enfatizado en sacar adelante todo el tema de la infraestructura energética suramericana, como eje de todo lo demás. Hacia 2007, antes de darse la firma al tratado constitutivo de Unasur, se desarrolló una cumbre para tratar precisamente los temas energéticos y avanzar en la conectividad física entre suramericanos.

Lastimosamente en su momento fue una reunión absolutamente politizada en la cual se discutió sobre asuntos múltiples, restando importancia a lo que realmente debía debatirse en el encuentro.

Sin lugar a dudas la importancia de Maria Emma Mejía radica precisamente en que fue capaz de bajarle a la intensidad política contenida al interior del proceso de integración; gradualmente lo pudo despolitizar hasta un nivel más tolerable. Un par de años atrás resultaba asunto lejano a la realidad, pero durante su ejecución administrativa se presentó un cambio de tendencia que bien vale la pena resaltar.

A ello se suma la existencia del Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo y la creación del Consejo Electoral del organismo, que velará directamente porque en las próximas elecciones venezolanas haya total transparencia y se respete la victoria de quien la obtenga en las urnas. Este capítulo se cierra con más diplomacia asertiva y acertada para Colombia. Logros que alimentan la política exterior del país desde una mirada diferente a los insistentes TLC.